2017-04-23
Transfusiones intrauterinas para tratar la anemia fetal
La gravedad de esta afección puede variar ampliamente. En algunos casos, el bebé no presenta síntomas de la enfermedad; en otros casos, puede conducir a partos prematuros o a la muerte del bebé antes o poco después de nacer. Este trastorno se puede tratar durante la gestación por medio de una transfusión intrauterina.
“Hemos realizado 20 transfusiones intrauterinas en los últimos tres años. Hay mamás a las que se les practican hasta cinco transfusiones, todo va a depender del momento en el que se detecte el problema”, comenzó explicando el gerente operativo del Hospital Materno Neonatal, Horacio Cozzi, integrante y ecografista del equipo de medicina fetal.
Este procedimiento resultó ser el mejor protocolo para atacar la anemia fetal y de esta forma prolongar la vida intrauterina. “Gracias a este tratamiento, el bebé puede nacer lo más cerca posible de los nueve meses de gestación, alcanzando de esta manera mayor madurez y probabilidad de sobrevida neonatal con menores riesgos y complicaciones, al evitar la prematurez”.
Equipo multidisciplinario
La unidad de medicina fetal es un equipo multidisciplinario en el cual intervienen médicos obstetras, neonatólogos, genetistas, ecografistas, psicólogos, especialistas como traumatólogos, hematólogos, cirujanos, neurocirujanos, entre otros, que trabajan en conjunto para el manejo de las distintas patologías que puedan surgir en el embarazo y tienen como objetivo estudiar al bebé como un paciente.
Cozzi explicó que existen diferentes grados de anemia y, por consecuente, distintos riesgos. “Si es una anemia leve, puede ser controlada por un equipo interdisciplinario adecuado. Si es de un grado moderado a severo, puede haber consecuencias muy graves para el bebé, como edemas generalizados, insuficiencia cardíaca”.
“Por lo tanto -ponderó-, es importante la detección precoz para poder actuar a tiempo con el tratamiento y poder darle una chance a que el bebé sobreviva”.
El especialista destacó que esta es una opción terapéutica a la que se llega no por gusto sino por necesidad. “Es la única forma de sacar adelante al bebé estando dentro del útero de la mamá. Tiene sus riesgos, pero es necesaria para prolongar el tiempo, para que la edad gestacional sea la más madura posible”.
La anemia fetal se detecta mediante una ecografía en la que se mide en una arteria del cerebro la velocidad de la sangre. “Hay índices que nos indican que para cada edad gestacional hay una velocidad determinada. La sangre de un bebé anémico, al necesitar mayor oxígeno, circula de manera mucho más rápida y produce el deterioro de los glóbulos rojos”, ilustró Cozzi.
La técnica de transfusión fetal intrauterina consiste en canalizar el cordón umbilical con guía ecográfica, se toma una muestra de sangre para ver qué grado de anemia tiene él bebé mediante un hematocrito y, dependiendo de ese valor, se calcula la cantidad de sangre a transfundir y así mejorarle la anemia. Luego del procedimiento hay que tener en cuenta que “la vida media de un glóbulo rojo es de una semana a diez días. Se le transfunde sangre, mejora su hematocrito, pero a los diez días vuelve a estar anémico y de esta manera los glóbulos rojos se siguen destruyendo. Allí es donde se decide si se procede a una cesárea o se realiza una nueva transfusión”.
Recomendación y prevención
Toda mujer que sea RH negativo debe saber si su pareja es RH positivo, para establecer si se encuentra en riesgo de que al embarazarse pueda sensibilizarse, ya que siempre en una gestación hay pasaje de sangre desde el bebé hacia la mujer. Por lo cual deben realizarse el tratamiento adecuado, como ser la aplicación de la inmunoglobulina que bloquea estos anticuerpos y previene este tipo de sensibilizaciones.
Las mamás embarazadas que son RH negativas tienen que realizarse durante la gestación el test de Coombs indirecto. Con éste, su obstetra puede diagnosticar o no la sensibilización y luego realizar la atención y los controles adecuados.
“Se debe respetar el cronograma de ecografías” Posadas. La ecógrafa, pediátra y neonatóloga María del Carmen “Tita” Berasategui detalló en el programa Acá te lo contamos, por Radioactiva 100.7, la cantidad y tipos de ecografías que deben realizarse las embarazadas para detectar malformaciones y evitar así la morbimortalidad perinatal. La especialista recomienda “respetar el cronograma médico”.
“El objetivo es tratar al bebé en la panza ya como un paciente y detectar y tratar malformaciones precozmente”. La primera ecografía se realiza en la semana 7 u 8, para confirmar embarazo y definir fecha probable de parto, numero de bebés, si el embarazo está bien ubicado entre otras cuestiones.
La segunda que se efectúa entre la semana 11 y 13,6 de embarazo, es un screening para determinar riesgo de sufrir algunas malformaciones relacionadas con los cromosomas como el síndrome de Down.
Va acompañada de un estudio complementario de laboratorio que aumenta el porcentaje de certeza. El tratamiento oportuno en este momento disminuye el 60 por ciento el riesgo de hipertensión inducida por el embarazo y el parto prematuro, principales causas de morbimortalidad perinatal.
La otra ecografía básica se efectuá entre las 20 y 22 semanas de embarazo, se realiza un estudio morfológico y detallado de todos los órganos. “Aquí la mayoría de las malformaciones se pueden detectar y se determina el sexo. En ese momento el cardiólogo puede determinar si el corazón de ese bebé es normal a través de la ecocardiografía.
La profesional destacó que el tratamiento de algunas patologías se realiza intraútero y otras sólo necesitan control y seguimiento multidisciplinario pre y postnatal. Aclaró que la realización de muchas ecografías no tiene ninguna contraindicación. “Hay pacientes a las que se las hacemos diariamente. Se harán las que sean necesarias de acuerdo a la patología sin que esto afecte para nada al bebé”.
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