2016-12-11
De campeones regionales a víctimas de un vuelco que les cambió la vida
Pero el debut nunca se pudo concretar. El destino quiso que los jugadores de aquel equipo disputaran un día antes el partido más difícil e importante de sus vidas, porque mientras se trasladaban hacia Santa Fe se tuvieron que enfrentar con un accidente de tránsito que por milagro no tuvo víctimas fatales, pero sí secuelas que quedaron marcadas en los cuerpos y las mentes de varios de esos deportistas.
Hoy, quince años después de aquel suceso que conmovió al deporte misionero, los protagonistas de la lamentable historia recuerdan ese día con diferentes sensaciones.
Angustia, tristeza, orgullo, emoción y hasta alegría son sentimientos que se pueden percibir fácilmente al dialogar con ellos sobre los recuerdos que se le vienen a la cabeza.
Guillermo Guzmán (47), Gustavo “Perico” Vera (31), Maximiliano Benítez (37) y Gastón Roux (36) se subieron a ese colectivo que debía llevar al plantel de Centro hasta Santa Fe, pero que volcó unos kilómetros después de Virasoro (Corrientes) y desató esta historia que quedará marcada de por vida en ellos.
Los más afectados fueron Maxi y Gastón, quienes necesitaron de un largo período de recuperación, mientras que Gustavo y Guillermo sufrieron algunas lesiones menores que al poco tiempo les permitieron continuar con sus vidas normalmente.
Roux, el que estuvo más grave
“Las secuelas que quedaron en mi brazo fueron musculares. Perdí todos los extensores del brazo (músculos que extienden y separan o aproximan la mano), los flexores, el nervio radial (nervio que suple terminaciones nerviosas a músculos del brazo, antebrazo, muñeca, y mano), y el nervio mediano. Prácticamente el 90 por ciento del brazo”, explicó Gastón Roux, uno de los que peor la pasó después del choque.
“Tuve en total 26 intervenciones quirúrgicas. Hice dos años y medio de rehabilitación para poder conseguir fuerza en el brazo. Estuve en terapia intensiva durante catorce días y siete días inconsciente”, resumió el jugador que en aquel entonces tenía 21 años y un montón de sueños por concretar.
A diferencia de sus compañeros, Gastón fue uno de los pocos que no pudo volver a jugar al rugby después del accidente. Recién volvió a hacerlo hace algunos años en los torneos de veteranos que se organizan en el club.
Uno de sus compañeros en esos torneos de veteranos es Guillermo Guzmán, que en el 2001 era uno de los más experimentados del plantel. “Cuando el colectivo volcó nos arrastramos entre 40 y 50 metros, ahí fue cuando Maxi (Benítez) perdió el brazo”, aseguró Guzmán.
“Yo se lo dije a Maxi, si hubiese sido por mí, él hubiese estado muerto en este momento. Yo reaccioné mal cuando lo vi perdiendo tanta sangre, no aguanté verlo así y me fui para otro lado”, reconoció Guillermo, quien hoy, además de jugar para los veteranos, es uno de los entrenadores del plantel de Primera División del Cazador, que este año redondeó una excelente actuación quedándose con tres títulos a nivel provincial.
En Maximiliano Benítez, las secuelas del accidente quedaron expuestas a simple viste. Cuando el colectivo volcó, él sufrió la pérdida de su brazo derecho, una situación que fue rápidamente advertida sus compañeros, que lo pusieron como prioridad en ese momento.
“Siempre estuve consciente y me acuerdo de todo, cuando perdí el brazo. Había una voz que guiaba y decía ‘los que estén bien, los que estén parados, vayan saliendo por adelante’. Hubo líderes y se respetaba lo que ellos decían. Se trabajó en equipo”, recordó Maxi.
Perico, el más pibe
Por su parte, Gustavo Vera, quien era uno de los más pibes de aquel plantel con sólo 16 años, estuvo bien cerca de Maximiliano y Gastón unos minutos antes del desastre, pero consiguió salir ileso gracias a una llamativa situación. “Me acuerdo que me quería sentar con Maxi cuando estábamos por salir. Después comenzamos a ver la película y me senté al lado de Gastón, hasta que se ensució el cabezal (del VHS) y me tuve que cambiar de asiento. De ahí pasaron cinco minutos y fue cuando pasó todo. El colectivo volcó del lado derecho y yo estaba sentado del lado izquierdo. Ellos (Maxi y Gastón) estaban del lado derecho”, contó Gustavo, quien hoy tiene 31 años y se recibió de médico hace poco. El común denominador entre estos cuatro protagonistas es que, a pesar de las diferentes lesiones que padecieron en aquella fatídica noche, todos pudieron rehacer su vida normalmente gracias a la ayuda de sus familiares y amigos.
Hasta el día de hoy, una gran parte de esos jugadores continúa juntándose para cenar todos los jueves. Y los que no pueden asistir a esas reuniones, de alguna u otra manera están ligados al club.
El humor como herramienta Si bien todos los protagonistas de esta historia recuerdan distintas situaciones y sobrellevaron el período posterior al accidente de diversas formas, todos coinciden en que el humor negro fue una herramienta de gran ayuda para salir adelante.
Una vez que pasó el estado crítico y pudo empezar a recibir visitas en el Sanatorio IOT, los compañeros de Maxi Benítez le decían que si ‘necesitaba una mano’, ellos estaban dispuestos a dársela. Esa forma de tomarse una situación que para la mayoría de los mortales sería casi un tema tabú, ellos decidieron descontracturarla y tomársela con la mayor naturalidad posible para ayudar a su amigo.
“Las secuelas que nos dejaron marcas para toda la vida duelen. De esto no se sale solo, tenés que tener mucho apoyo de tu familia, de tus amigos. El humor negro también es algo que nos ayuda mucho en el día a día”, aseguró Gastón.
“Hubo un chico (Walter Báez) que dejó de jugar porque no pudo superar ese momento. Gastón Roux se quería arrancar el brazo y él fue el que se lo impidió subiéndose arriba (Gastón) y poniéndole la rodilla en el pecho para que no se arranque el brazo. Después de muchos años me contó que eso lo afectó demasiado y por eso terminó dejando de jugar”, agregó Guillermo Guzmán.
El trágico accidente que ocurrió hace un par de semanas con los jugadores del Chapecoense en su camino a Medellín repercutió de distintas formas en los protagonistas de esta historia, pero el más afectado emocionalmente fue Maxi Benítez.
“Este accidente en particular me revivió muchas cosas. El tema del grupo, la gente. Si bien en nuestro accidente por suerte no murió nadie, yo lo sentí muy de cerca”, contó Maxi.
“Debe ser por el momento del año o las situaciones que atravesamos. No el día del accidente, pero los días posteriores me hicieron pensar en qué groso fue lo que vivimos nosotros. Por suerte muchos de nosotros pudimos cerrar esa etapa. Porque la vida sigue, había que seguir estudiando, trabajando”, analizó el posadeño.
Beneficiados por el rugby
“Este deporte te prepara muchísimo para un acontecimiento de este tipo. Te enseña a levantarte ante las adversidades. Dentro de los partidos se te presentan situaciones en las cuales tenés que levantarte mentalmente. Los médicos nos explicaron que en un accidente de este tipo lo primero que te rompés es la cervical, más cuando es de madrugada y la mayoría de las personas va durmiendo. Pero los rugbiers la parte más fuerte que tenemos es justamente el cuello. Por eso no hubo mayores lesionados”, valoró Guzmán.
Para finalizar, tanto Guillermo Guzmán como Gustavo Vera destacaron que el trabajo en equipo en el momento del accidente y el acompañamiento de todo el grupo en los meses posteriores fue fundamental para superar el trauma.
“Yo en ese momento (tenía 16 años) me llevaba la vida por delante y la verdad que lo superé rápido, fue un choque. Yo me sentía perfecto, no tuve ninguna secuela. Pero lo que más me dolió fue verlo así a Maxi y los gritos de Gastón. Lo que rescato en ese período inmediato después del accidente fue que todos estuvimos acompañando a Gastón y Maxi que estaban internados. Éramos 20 en la habitación”, recordó Perico.
En tanto que Guillermo dijo que “yo no pude ayudarlo a Maxi, pero me puse a hacer otra cosa inmediatamente. Y así todos; algunos juntaban los bolsos, otros paraban algún auto para que nos ayude, todos hicimos algo”, finalizó.
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