2016-08-15
Un mártir de la ciencia
Copérnico
En Londres se dedicó también a enseñar en la Universidad de Oxford la entonces novedosa cosmología copernicana, atacando (renegando) al tradicional sistema aristotélico. Bruno rechazaba, como Copérnico, que la Tierra fuera el centro del cosmos; pero no sólo eso: llegó a sostener que vivimos en un universo infinito (introdujo el concepto por primera vez) repleto de mundos donde seres semejantes a nosotros podrían rendir culto a su propio Dios. Tenía también una concepción materialista de la realidad, según la cual todos los objetos se componen de átomos que se mueven por impulsos: no había diferencia, pues, entre materia y espíritu, de modo que la transmutación del pan en carne y el vino en sangre en la Eucaristía católica era, a sus ojos, una falsedad. En 1585 retó a los seguidores del aristotelismo a un debate público en el College de Cambrai (Francia), donde fue ridiculizado, atacado físicamente y expulsado del país. En los cinco años siguientes vivió en diversos sitios del centro y este de Europa, como Marburgo, Mainz, Wittenberg, Praga, Helmstedt, Frankfurt y Zurich. Se dedicó a escribir muchos trabajos en latín sobre cosmología, física, magia y el arte de la memoria. A Giordano Bruno se le debe una demostración elemental que el Sol es más grande que la Tierra.
Traición y tortura
En 1591 recibió una invitación para ir a Venecia de parte de Zuane Mocenigo, quien lo requería para aprender sobre el Arte de la Memoria. Las relaciones entre profesor y alumno no fructificaron, en parte porque Mocenigo veía a Bruno como un mago y no como el pensador que efectivamente era. Al tratar de abandonarlo, Monciego lo denunció a la inquisición por las, según él, ideas herejes que le había transmitido. Bruno fue apresado por la inquisición e interrogado en Venecia, sin embargo, al ser solicitado por Roma fue trasladado a esa ciudad. Borges llama a Mocenigo “el segundo Judas de la Historia”. Estuvo prisionero en Roma durante siete años. En muchas ocasiones Bruno ofreció retractarse de sus acusaciones, sin embargo no le fueron aceptadas. Finalmente decidió no retractarse, aunque no se sabe por qué tomó esta decisión. El 20 de Enero de 1600 el Papa Clemente VIII ordenó que Bruno fuera llevado ante las autoridades seculares, el 8 de febrero fue leída la sentencia en que se le declaraba herético impenitente, pertinaz y obstinado. Fue expulsado de la iglesia y sus trabajos fueron quemados en la plaza pública. Durante todo el tiempo fue acompañado por monjes de la iglesia. Antes de ser ejecutado, uno de ellos le ofreció un crucifijo para besarlo, el cual rechazó y dijo que moriría como un mártir. El 19 de febrero, a las cinco y media de la mañana, Bruno fue llevado al lugar de la ejecución, el Campo dei Fiori (Roma). Según la costumbre, los prisioneros eran conducidos en mula, pues muchos no podían mantenerse en pie a causa de las torturas; algunos eran previamente ejecutados para evitarles el sufrimiento de las llamas, pero nuestro personaje no gozó de este privilegio: para que no hablara a los espectadores le paralizaron la lengua con una brida de cuero, o quizá con un clavo y cuando ya estaba atado al poste, un monje se inclinó, le mostró un crucifijo, pero Bruno volvió la cabeza. Las llamas (de ramas verdes que demoraron su agonía) consumieron su cuerpo. Sus cenizas fueron arrojadas al Tíber. Desde entonces, ha sido convertido en mártir de la ciencia por la defensa de las ideas heliocentristas, sin embargo, la causa principal de su juicio fue la teología neognóstica, la que negaba el pecado original, la divinidad especial de Cristo y ponía en duda, como quedó dicho, su presencia en la eucaristía.