2012-12-23
Al ritmo de la calabaza
Músicos de Vicentico, estudiantes de la Escuela de Música de Buenos Aires o miembros de La Chilinga se han llevado distintas piezas de percusión, como los shekeres, que se hacen a base de calabazas de peregrino o conocidos también como porongos.
Nacho hace las cuentas de plástico o semilla que rodean a la calabaza hueca y los transforma en objetos apreciados. Tal es así que la empresa Instrumentos Parker vende sus creaciones en distintas ciudades del país. La marca de fábrica, es decir del taller de Nacho, se llama LMC, las siglas de La Mano que Construye. Con calabaza, Nacho elabora tambores, maracas y cascabeleros, también udus y güiros cubanos; afoxe y panderetas. Además, otros curiosos instrumentos como el hit-hat skeker, que se coloca en el pie. Pero sin duda, las vedettes del taller son los shekeres - que valen 1.300 pesos-, una familia de tres instrumentos con distintos sonidos, según enseña Nacho.
“Caja es el grandote; el que sigue en tamaño es Mula y el chiquito es cachimbo. Entre los tres arman una rítmica. Se usan mucho para cantos”, explicó. “El shekere estuvo como un accesorio en la percusión pero en definitiva es un instrumento más. Tienen todos los tres notas distintas”, indica el luthier, que también toca para el grupo Negro Albino, integrado por argentinos y venezolanos.
Nacho se abastece de calabazas de Misiones, Chaco y Entre Ríos. Entre sus labores artesanales, se encuentra un llamativo kit para niños, en el que hay distintos instrumentos musicales a pequeña escala pero que gozan de un sonido de alta fidelidad, muy lejos de la mala calidad de los juguetes industriales. “La idea es que con la misma instancia de crecimiento el chico pueda estar en contacto con un sonido, digamos, verdadero. También está en esa búsqueda de que puedan jugar con un instrumento que suene y que los padres les terminan sacando”, admite Nacho.
El luthier, que aconseja a los productores rurales la plantación de la calabaza, se muestra agradecido con sus amigos de Posadas, donde aprendió mucho de la música, como en La Murga de la Estación. “Estoy devolviendo mi trabajo con las manos”, afirma Nacho.