Libros piratas
(Segunda parte)
Ganancia enorme
En un puesto callejero sobre la avenida Leandro Alem, puede comprarse en Buenos Aires la saga completa de la ya mencionada Stephenie Meyer (autora del exitoso Crepúsculo) cada uno por 50 pesos, cuando en las librerías rondan los 80. Curiosamente, en un quiosco del andén de la línea B de subtes es posible adquirir la última novela de Paul Auster “Un hombre en la oscuridad” o la obra del periodista Ceferino Reato “Operación Traviata” a un 20 por ciento menos que en los comercios.
Para los empresarios del rubro, los puestos en la calle o las ferias de libros en las plazas son los puntos de venta de material ilegal, pero no los únicos. "También las librerías comunes los venden", contó Telesca. Consultado sobre el tema, un librero de la feria del Parque Rivadavia, que pidió anonimato, dijo: “Nuestra política no es comprar libros truchos. Cuando el proveedor no es confiable, no compramos”. Sin embargo, no descartó que en su medio haya comerciantes de libros piratas.
“Una vez escaneada, la obra se envía a imprentas informales, que no dan facturas. Así, los piratas sólo asumen el costo de impresión, por lo que su margen de ganancia es enorme”, afirmó López Llovet.
Editar bajo la ley
“En una ocasión encontré una edición falsa de “Operación Masacre”, de Rodolfo Walsh, cuyas tapas y papel eran de mejor calidad que los originales. Eso se logra al no pagar los gastos de producción”, explicó Divinsky, de Ediciones de la Flor.
Los editores coinciden en que la astucia del pirata está en ver qué es lo que más vende el empresario honesto, para luego poder falsificarlo. La queja es unánime: el falsificador se ahorra el proceso de producción de una obra exitosa, el cual no es un trabajo simple, ni barato. A diferencia de los libros falsificados, la obra legal es un producto inserto en una cadena de valor, que comienza desde el trabajo en la editorial.
“El primer gasto del editor es el de la selección de la obra”, explicó Telesca. “Cuando un original llega a la editorial se contrata a personas capacitadas para leerlo y evaluar su calidad. Estos primeros lectores cobran un precio de acuerdo al volumen de páginas y al tiempo requerido para ser leído. Además, por supuesto, es más caro que lo lea una persona consagrada, a que lo lea un estudiante de letras”, agregó. Una vez que la empresa decide qué piensa editar comienza el proceso de armado del libro. Si es necesario, se lo traduce. Sólo la traducción de una obra de apenas 200 páginas puede costar 8 mil pesos. Luego se lo corrige, se hacen impresiones de prueba y se diseña las tapas.
Cuando el modelo del libro está armado, se lo imprime y distribuye a las librerías. Pero el éxito todavía no está garantizado. Dependerá de los lectores, las críticas y de la cantidad de libros que se vendan.
En suma, la inseguridad también alcanza al negocio editorial.
Enrique Fraga
Licenciado en Ciencias de la Comunicación