2009-03-09
Las mujeres embarazadas son las más buscadas entre las prostitutas
Al menos cuatro mujeres gestantes ofrecen servicios sexuales, en una tendencia cada vez más visible.
La vidriera de la oferta de servicios sexuales siempre fue motivo de atracción tanto para los clientes en busca de sexo como para quienes ven en la figura de la prostituta, un excelente negocio con mucho rédito y pocos obstáculos para manejar la vida de la víctima con total impunidad.
Son tres o cuatro las mujeres que en esa condición trabajan con sus panzas al aire, esperando en las esquinas o simplemente en veredas oscuras a los clientes que buscan satisfacer el peculiar interés sexual.
Serenos, cartoneros y hasta las mismas prostitutas “sin panza” afirman que el fenómeno de las embarazadas empezó a ser más visible a fines del año pasado, o al menos, a ganar espacio en un tramo de la avenida Uruguay en donde la realidad supera ampliamente a la ficción.
Poco después de las 22, una mujer embarazada sale de entre las penumbras lentamente y hasta como demostrando dolor. Pero sus movimientos al parecer son más calculados que obligados. Todo lo hace mirando de un lado a otro. Cruza la avenida y se detiene a metros de otra prostituta, que visiblemente incómoda, retrocede hasta casi toparse con la pared de un negocio.
Los autos paran cada tanto. A veces pareciera que casi todos quieren hacerlo, pero pocos son los que animan tras varias pasadas previas para “olfatear” la situación.
El costo es de 50 pesos, 50 pesos por sexo rápido y en esas condiciones, la relación prostituta cliente se realiza generalmente en galpones o casas abandonadas y con pocas comodidades.
“Es una de pelo corto, creo que rubia, no tiene una parada fija, está por toda la avenida, depende en dónde la dejen”, explica una mujer que eligió como parada una vieja estación de servicio tapada casi en su totalidad por los enormes carteles publicitarios, como escondiéndose de las miradas acusadoras y juzgadoras.
Y esa mujer, de no muchos años ofreciendo su cuerpo, dice no entender esa “ocurrencia” de los hombres que buscan a las panzas para satisfacer sus deseos sexuales o cumplir con la rutina de un juego perverso y peligroso.
Los serenos dicen que son hasta cuatro las embarazadas que cumplen con el rol que tanto atrae a los más adictos al sexo bizarro. “Una parece una nena y es la que más labura”, dicen y apuntan a que esa niña no tendría más de trece años.
Los vecinos y comerciantes del sector más caliente de la avenida Uruguay se quejan de las permanentes peleas entre las trabajadoras. Peleas por sus territorios, peleas por bajos precios y la decadencia de la oferta y la demanda, al menos, entre las más bravas y necesitadas.
También las quejas son porque muchas de ellas hacen sus necesidades en la veredas y como si nada hubiese ocurrido, inmediatamente siguen ofreciendo su sexo al mejor postor, aunque dependiendo siempre de la hora y la buena o mala cosecha de la noche.
No hay controles, no hay mayor preocupación por lo que pudiera pasar con esas mujeres y con los hijos que llevan en sus vientres, producto quizás de las relaciones comerciales en algún lugar de la ciudad.
La prostitución es uno de los trabajos y fenómenos sociales que da respuesta al deseo sexual del ser humano, y, en muchos casos, también a la necesidad de afecto y comprensión, buscando un alivio a la soledad y a la incomunicación, principalmente en las grandes ciudades, según describen varios especialistas en distintos documentos publicados sobre el tema.
En la mayoría de las culturas, la forma aceptada de satisfacer ese deseo es en el contexto de relaciones afectivas. El ser humano empleó y emplea muchas otras formas para saciar su apetito sexual, tanto de forma consensuada con otros individuos, como no. Buscan sexo no afectivo con otras personas, acoso, violación, y otras muchas, entre las que se encuentra la oferta de dinero. Es esa oferta de dinero el motor que pone en marcha las muy variadas formas de prostitución.
Personas de condiciones sociales y económicas bajas convierten la prostitución en una de las pocas formas posibles de sacar adelante a una familia o a sí mismas.
La postura oficial de los gobiernos frente a la prostitución va de la prohibición total a la legalización completa, pasando por modelos “mixtos” que penalizan sólo al proxeneta o al cliente.
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