2007-04-25
Felices Fiestas: De los “amores inconsolables”
El documental del misionero Juan Barney se estrenó en Posadas. El dolor de los internos psiquiátricos por la situación afuera es el eje de la obra.
El lunes en el auditorio del Montoya se proyectó por primera vez en Posadas “Felices Fiestas” primera obra de este cineasta, que recorrió con su boceto en cortometraje varios encuentros documentalistas españoles como el que lo premió con los fondos necesarios para seguir, el Anabel Andujar, o el afamado Docupolis.
“Trabajé con gente (internos de distintos psiquiátricos) que estaba sufriendo mucho y que en ese dolor visible no dejaban de sentir por los que estaban pasando mal afuera. Ahí me encontré con lo mágico de la obra, que todo esté dado vuelta y hasta preguntarme ‘¿Qué es lo normal, quien está tan sano para definir al loco?’, la película comienza con esa incertidumbre del temor a quedar loco, pero a los 23 minutos comienzan a aflorar los mensajes con luz, que van desde la preocupación de los internos por la paz mundial, la explotación y la pobreza a frases muy sabias”, define a su criatura artística Barney.
“Felices Fiestas” sin embargo, no actúa en la emoción del espectador, al menos no lo deriva a la lágrima piadosa por el padecer de un esquizofrénico, sino que explota el pensamiento de cada artista en su obra y se escuchan voces como “nuestra vida está llena de amores inconsolables” o “todos tenemos cajitas vacías en nuestra cabeza que no podemos abrir y llenarlas, son nuestros recuerdos y penas”.
Si bien Barney no busca el cuestionamiento directo de la estructura decadente de los neuropsiquiátricos, el escenario del documental tanto dentro o fuera de los establecimientos, por sí solo lo demuestra.
Así las carencias se manifiestan en las condiciones inhumanas en la que los dementes reciben medicación constante o la falta de cobijo material como afectivo.
“Para mí los locos del documental tienen, por lejos, mucho más cordura que nuestros políticos. Por ejemplo Raúl (uno de los internos) cuando se cuestiona si la Navidad realmente había que festejarla con tanto sufrimiento afuera, o Romero cuando describe a la perfección la locura que se vive en el mundo y su crisis con la paz. Ellos están dolidos justamente por cosas de las que están aislados, y todo lo que hablan lo dicen correspondiendo a lo que sienten”.
Baney también estira su fundamento hacia el exterior del “loquero”, y dice: “Nosotros vivimos en un espejismo, un mundo artificial para el que por naturaleza no estamos diseñados, de allí surge la enajenación y el conflicto global que nos divide. Y esta gente (los locos de “Felices Fiestas”) sensible, lo percibe y no se banca esta ilusión que llevamos”.
Así Barney con muy poco, una cámara mini dv y un trípode simple de fotógrafo, trabajó en psiquiátricos conocidos como el Korn en La Plata, Borda en Capital, y el Ramón Carrillo (Pedro Baliña) de Posadas.
Hoy “Felices Fiestas”, recorre el mundo en cuatro idiomas (francés, italiano, inglés y castellano), fue gestado con mucha voluntad, rozó límites peligrosos cuando tuvo que infiltrarse para determinadas tomas que en el Borda por ejemplo no se las autorizaron, y fluyó con poco o nada de dinero.
La criatura de Barney ya nació y a casi seis años de su concepción camina firme. “Lo que viene ahora es seguir con los documentales, trabajamos en un proyecto sobre la crisis mundial y cuatro de sus conflictos como el desarrollo armamentístico, la pobreza, el deterioro del medio ambiente y algo más sobre el estado grave de la salud mental en general”.
“Felices Fiestas” primero triunfó en España donde recibió reconocimientos como el Anabel Andujar, el festival Docupolis, y en concursos nacionales como el de Rosario y el encuentro en Buenos Aires 2006 organizado por el Movimiento de Documentalistas y también el mejor lugar en Oberá en 2006 como guión de investigación.
El trabajo describe la vida incomprensible por los sanos, la de los locos y “la estructura crítica de los psiquiátricos, donde la atención colapsó y se convirtió en una institución podrida”.
Juan Barney estudió en la Universidad de La Plata, donde comenzó a tomar las primeras escenas.
El documentalista sin embargo se forjó sin compromiso por apellidos u entorno, al contrario se adentró en la situación del arte audiovisual, a la que definió como “dificilísima, el contexto para un misionero en el cine es duro, yo no cuento con los recursos que desearía, pero eso no me frena, yo me las arreglé con una camarita y logré que gire por Europa este proyecto tercermundista. Eso demuestra que la creatividad de este país es muy grande. Acá con nada podemos hacer mucho”.