2005-07-23

China Zorrilla: “El sonido superior al aplauso es la risa de la gente”

A pesar de su extensa trayectoria en cine, teatro y televisión, la actriz China Zorrilla sostuvo que en su carrera aún tiene una deuda pendiente con la comedia.
“Quiero escuchar desde el escenario el único sonido superior al aplauso, que es la risa de la gente”, reveló la intérprete uruguaya, quien tiene más de 47 años de carrera artística.
Zorrilla protagoniza la película “Elsa y Fred”, coproducción entre España y Argentina dirigida por Marcos Carnevale que se estrenará el jueves 28. En la producción, China interpreta a una anciana que se enamora de un hombre de su edad y busca cumplir su sueño de repetir la escena de “La Dolce Vita” en la que Anita Ekberg se bañaba en la Fontana Di Trevi.
“La verdad que nunca se me ocurrió encarnar un sex symbol”, comentó con su habitual chispa la actriz, en diálogo con el servicio de noticias Reporter. En la entrevista, la actriz habló del filme, del miedo a la muerte y de sus ganas de hacer en un teatro oficial argentino el vaudeville francés “El honor no es cosa de mujeres”.

¿Qué la sedujo del proyecto?
Esta producción es muy importante en mi vida, porque si no es la última es la penúltima. Fue una experiencia única porque es una película que va en contra de los ingredientes del éxito. Siempre se busca el galán de moda, la actriz divina que tuvo algún que otro escandalete por el que se habló mucho de ella, una escena pícara con muy buenas pilchas. Y esto es lo opuesto.
La gente que la vio me para y me dice “usted me hizo llorar y reír como hace mucho no lo hacía”. Es raro, no me digan.
Las escenas en Roma las hicieron justo cuando falleció Juan Pablo II...
Nos pasaron cosas que son tan originales como esa. Roma pasó de ser la ciudad Santa a la feria Tristán Narvaja. Un alboroto, gente que quería comprar todo lo que veía. Son dos millones y medio de habitantes y llegaron tres millones en dos días. Nosotros ahí en el hotel, con hindúes, polacos, somalíes. A los somalíes les pedí que me dijeran cómo es Somalía, porque yo ya no voy a viajar más de lo que viajé. Y me dijeron “China, es muy aburrido. Y yo les dije cuéntenme de Somalía que yo les cuento de Uruguay, que no debe haber nada más aburrido en el mundo” (risas).
En la película toca el tema del miedo a morir y del "miedo a vivir". ¿Qué opinión le merece?
Mi mamá tenía mucho miedo a la muerte. Y de golpe se empezó a morir, porque le había llegado la hora. Tenía 95 años.
Un día la fui a visitar y ella estaba en la cama y me llama para decirme “China, fijate qué bien hechas están las cosas. Ahora que es inminente mi paso al otro mundo, el miedo le ha dejado paso a la curiosidad”. Y a las dos horas se murió. Esa fue la desmitificación total de la muerte.
“Elsa y Fred” tiene puntos de contacto con "Conversaciones con mamá", una película a la que le fue muy bien en el exterior...
Yo bajé del avión en España y había gente haciendo cola para ir a otro lado. Y una mujer grita “mira quien está ahí, es la madre de ‘Conversaciones’”. No digo que hubo una avalancha, pero más o menos. La película sigue en cartel allá. Además ganó premios en Moscú y en Biarritz.
Elsa y Fred" también toca el tema de los sueños incumplidos. En su carrera, ¿le queda algo que siempre soñó hacer?
En este país somos solemnes y le damos prioridad a los dramas. Yo hago un drama como “Camino a la Meca” y me dicen “anoche te vi China, qué mensaje tan profundo”. Hago una comedia, que es lo que mejor me sale, y me dicen “Ayer te vi, me hiciste reír, andate a caga”. A mi eso me indigna. Por eso me gustaría hacer acá “El honor no es cosa de mujeres”, una obra que hice en Montevideo. Es un vaudeville francés de principio de Siglo XX que le toma el pelo a la cultura en manos del Estado. Parece escrita ayer de tarde en Buenos Aires.
Yo quiero escuchar desde el escenario el único sonido superior al aplauso, que es la risa de la gente. Que se ríe no porque sacaste una lona o porque dijiste una puteada, sino porque dijiste una frase ingeniosa. Quiero hacerla en el San Martín o en el Cervantes. Se lo dije una vez a (el director del Teatro San Martín) Kive Staiff, hacer reír a la gente no es pecado.