Alimento ancestral

Domingo 12 de mayo de 2019 | 03:00hs.
En los meses templados a fríos, muchas familias misioneras mantienen viva una tradición ancestral:  la de consumir las semillas del fruto del pino paraná (Araucaria angustifolia), conocidas como piñón. 
Estas semillas fueron uno de los  principales alimentos de los grupos aborígenes kaingang, que se asentaron en las zonas más elevadas de lo que hoy es Misiones, donde actualmente se ubica la ciudad de San Pedro, hace unos 1.500 años.  
En el pasado, como en la actualidad, el piñón es considerado un alimento de alto valor nutricional por su gran contenido de proteínas, rico en almidón, fibras, magnesio y cobre. Las semillas pueden ser consumidas de varias maneras: cocidas, hervidas, tostadas o asadas sobre las brasas e incluso se obtiene de su fermentación, una bebida alcohólica llamada muday, por los grupos aborígenes del sur de Chile.
Las araucarias no sólo embellecen desde tiempos remotos el paisaje sampedrino, sino que sus frutos  dan el alimento principal a diferentes especies faunísticas como el loro vinoso (en peligro de extinción), el charao y variedad de roedores. 
El fruto de la araucaria, de unos 15 centímetros y que guarda las semillas, se recolecta hace siglos por los lugareños. Y hoy es conocido popularmente como “la nuez misionera” por su sabor parecido. 
Pero el alimento no sólo fue un recurso económico importante para los kaingang de esta región, sino que este árbol nativo protegido por ley como monumento natural estaba fuertemente asociado a la cultura mapuche y la parcialidad pehuenche, que habitaban los bosques del Sur argentino y chileno.
David Pau, arqueólogo e investigador, coordinador del Museo de  Prehistoria de la ciudad de Eldorado, en diálogo con El Territorio, aportó datos sobre el piñón como fuente de alimento de los pueblos originarios: 
“En un paraje del kilómetro 18 de Eldorado, el arqueólogo José Iriarte, ha encontrado semillas quemadas de araucaria durante las tareas de excavación de los centros ceremoniales kaingang, llevadas a cabo entre los años 2006 y 2008, lo cual no solo evidencia el consumo de las semillas, sino que además, estarían relacionadas con la expansión del bosque de araucaria en nuestra provincia, hecho que coincide con el momento de la llegada de los kaingang”. 
El bosque de araucarias alberga una gran diversidad de fauna y flora, razón por la cual, muchas especies de animales son atraídas, siendo cazadas y consumidas por los kaingang. 
La disponibilidad de frutos de la araucaria, en combinación con el consumo de otras plantas silvestres, la horticultura y la caza de animales proporcionaron una fuente variada y abundante de alimentos capaces de mantener a una población sedentaria.

Nutriente milenario en la mesa 
Las semillas son extraídas del piñón, que se suele desprender de la planta una vez que está a punto de germinar, generalmente entre los meses de otoño e invierno. Este tiempo es muy apreciado por los habitantes para recolectar los granos.
Aunque, en los últimos años, las familias que acostumbraban a juntar los piñones han notado una considerable disminución en la cantidad de semillas que producen los frutos:  “Si vamos 30 años atrás, hacían entrega de bolsas de semillas para plantar, hoy resulta más difícil, no sabemos si es porque los animales las consumen en mayor cantidad o el desmonte y la tala hacen que existan frutos con menos semillas”, dijo Elena Toroski, vecina de paraje Gentil, kilómetro 1.048, de San Pedro. 
Y contó: “Nosotros aprendimos a consumir los piñones con los mbya de la zona de Oberá y Fracrán,  para los niños era lo mejor, juntar los piñones y asarlos en el horno de la cocina a leña o las brasas, era como tener nuez, muchas familias las consumen y son muy saludables”.  
Quienes ingieren las semillas regularmente, aseguran que es un alimento saciante y esto se debe a que cuenta con 90% de ácidos grasos monoinsaturados y poliinsaturados.   
Así, es recomendado para quienes desean ingerir menos calorías y mayores nutrientes.
Por su parte, la docente Mirian Pufal relató que conoció el alimento por sus estudiantes. “Hace diez años que vivo en Tobuna y fueron los compañeritos de mis hijos, nacidos en esta zona, quienes nos enseñaron a juntar y comer piñones, los ponemos en la chapa de la cocina, entre las brasas o los hervimos. Yo los probé, son muy ricos. Tienen gran cantidad de aceite bueno. Comés dos o tres y estás satisfecho”, señaló, dejando en claro que la saludable tradición de incorporar piñones a la dieta se transmite de boca en boca.   
Tanto en la zona rural como en la urbana, la costumbre de consumir el fruto de la araucaria y de invitarlo se mantiene y en esta época no sorprende llegar a una vivienda y encontrarse con la plancha de la cocina a leña cubierta de nutritivas semillas tostándose lentamente.
En algunas familias, la forma más común de elaboración consiste en hervir los piñones, pelarlos y triturarlos en un mortero. Luego, esta especie de manteca se mezcla con carne frita.
“Es riquísimo y se acompaña con preparaciones a base de harina de maíz y mandioca”, aporta el clan Fariña de Tobuna una receta para hacerle frente a las bajas temperaturas.   Asimismo, en Paraje Gentil, al piñón lo convertían en harina para  agregar a todo tipo de masas. Incluso se fabrican licores.
“La harina del piñón se lo utiliza en las masas como una variante de la harina de trigo, se muele y se le agrega a la masa del pan, por ejemplo”, detalló la vecina Toroski y describió que además se puede macerar los piñones crudos en alcohol durante un mes y medio, “luego se sacan las semillas y se agrega almíbar y queda un delicioso licor”.  

Tesoro escaso 
 Juan Ramos, cacique mbya de la aldea de Pozo Azul, lamentó que la costumbre del consumo de este alimento se va perdiendo, sobre todo, por la dificultad de conseguirlo en la naturaleza. Expresó que el piñón de la araucaria es muy importante en la dieta de los guaraníes. 
“Nosotros conocemos este alimento por nuestros antepasados, sólo que a la fecha lo suplimos por alguna otra fruta, ya que en esta zona son muy escasas las plantas de araucarias, pero sí, era un importante alimento tiempo atrás”. 
En tanto, en Guavirá Poty, intentan mantener viva esta costumbre por el valor alimenticio que aporta  y además, por sus propiedades medicinales: “Es una práctica que mantenemos de nuestros ancestros. Cuando es época, buscamos la semilla en el monte, la hervimos o tostamos. Es muy nutritiva, tiene muchas vitaminas y también cuenta con propiedades medicinales”, relató el cacique Francisco Duarte.
Entre las propiedades para la salud, los guaraníes resaltan que las semillas son digestivas y que previenen enfermedades de los órganos digestivos, del colesterol o del corazón. “Se toma en té para afecciones digestiva”, aseveró.  
Pese a la merma en la disponibilidad de semillas, cada vez se conoce más sobre su valor nutricional y son muchas las personas que las buscan, aunque no se comercializan. Los sampedrinos acuden a las reservas y parques públicos o privados para obtener el fruto y poder reforestar. En las áreas protegidas hay ejemplares de más de 60 metros de alto y con troncos cuyas circunferencias miden hasta 5 metros. Comienzan a dar semillas a los 20 años.

Proyección nacional

Hace unos años se grabó en San Pedro un programa de televisión sobre las semillas de araucaria y el uso en la gastronomía. Se emitió por el canal público nacional y, el objetivo era rescatar la cocina tradicional de los pueblos. Los vecinos cocinaron delante de las cámaras los piñones asados a las brasas y sobre las cenizas. También elaboraron licores y vinagres. En ese tiempo Unefam tenía un proyecto de agroturismo con las araucarias.


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