A 10 años de la Tragedia del Paraná: Prohibido olvidar

Jueves 16 de enero de 2020 | 06:00hs.
Roxana Ramírez

Por Roxana Ramírez deportes@elterritorio.com.ar

Tono y Laura rodeados de fotos, con recuerdos que despiertan carcajadas, recuerdan con amor el paso que tuvo Mauro Bacigalupi por esta tierra. Hace diez años, ese fatídico 16 de enero del 2010, el deportista, profesor y guardavidas fue a salvar gente en lo que se convirtió en la Tragedia del Cruce del Paraná y dejó su vida en esa tarea tan noble.

El que tuvo la fortuna de conocerlo a lo largo de sus 28 años, seguramente alguna anécdota imborrable tendrá, y desde aquel instante por su memorable accionar se lo recuerda como “Héroe del Paraná”. Mauro era de esos seres que entraba en un lugar y ponía su estampa. Carismático, estudioso y curioso, su vida la vivió intensamente desde su nacimiento, aquel 12 de septiembre del 81.

“¡Nació a los pedos! -dice entre risas su mamá- Empecé con contracciones y fui a la Clínica Modelo y el doctor me preguntó, ¿dónde querés que nazca, acá en la pieza o en la sala de parto? Y apenas llegué a la sala ya salió en un segundo y lo meó todo al doctor que tenía una camisita impecable, él decía ‘suerte, suerte’, esa fue su presentación en el mundo”, recordó Laura.

Y luego tomó aire y murmuró “nació y murió en un segundo, un sábado; su vida fue un torbellino”.
Rápido de reflejos para volver a sacar una risa, Tono acotó “el macho del jardín vivió a los pedos”. Es que Mauro tenía esa picardía… en el primer día en el jardín cada uno de los niños tenía que decir quién era y esa fue su frase ‘soy el macho del jardín’. “No sé de dónde sacó eso”, dijeron a pura sonrisa.

La primaria comenzó en la Escuela Normal Estados Unidos de Brasil y la terminó en el Roque González, luego obtuvo el título del colegio secundario en el Janssen, tuvo un año de cursado por la Licenciatura en Comunicación Social, en la Unam, pero su pasión por el deporte y seguramente estar rodeado de libros de Laura y Tono, profesores de educación física, al igual que Franco su hermano mayor, despertaron en él su ganas de enseñar.

“Lo que no sabía buscaba a fondo para enseñar, tenía una forma de ver las cosas muy claras y cuando se proponía algo lo lograba y enseñar le encantaba. Empezó a estudiar comunicación social y en febrero me dijo que quería seguir educación física y en un día hizo todos los papeles porque ya no tenía más tiempo, así era Mauro”, se explayó Laura.

Y tanto le apasionaba lo que aprendía en la carrera que la culminó con un promedio de 9,80 en el Montoya. “Se esforzaba, era imaginativo y tenía una voluntad impresionante”, sumó Tono.

Ante la consulta de cómo era Mauro de niño, dijeron que “si hubiera sido el primer hijo hubiera sido el único, ¡era terrible!. A los dos años y medio se abrió la pera, pero no fue la única, fueron tres veces en total. A las 6 se levantaba y no paraba más hasta acostarse. Era un líder y los padres de sus amiguitos tenían locura por él. Era muy sociable y había semanas que no venía a casa a comer, era amigo de todo el mundo y el hijo es exactamente igual”.

Santiago (10), su hijo estaba a días de cumplir un mes de vida, cuando la tragedia se hizo presente en la vida de la familia Bacigalupi y Mauro, su papá, se convirtió en su héroe desde ese instante.

El deporte marcó su vida
Mauro es el menor de los tres hijos de Laura y Tono; Franco y Luciana llegaron primero, con 11 meses de diferencia y a los tres años y medio de la llegada de la niña de la casa, llegó el buscado tercer hijo, que puso la casa patas para arriba.

El apellido Bacigalupi siempre estuvo ligado a la natación. Sus primos se destacaron, incluso Rodrigo tiene el récord del Cruce del Paraná, y Franco se impuso a los 14 años en la misma competencia, vaya si el destino tiene esas cosas...

“A los 11 años lo largamos al río a Mauro. Y en esa competencia, Franco tenía 15 y Luciana 14. Me acuerdo que estábamos con mi mamá en el puerto con el largavista y veíamos las tres gorras fosforescentes que tenían y eran una cabecita de alfileres, qué locura”, recordó Laura.

Su ‘explosión’ en el ámbito competitivo se dio en el Club Pirá Pytá, de la mano de la profe Carolina Sewald. “Un día vino y dijo ‘vamos a correr la prueba de la bahía Iguazú, de Virasoro, y los tres ganaron sus categorías… pero Mauro como competía contra un local se llevó como premio una lata de yerba y no el premio que le dieron al segundo”, compartió tentado Tono mostrando la foto que constata la cara de enfado de Mauro. “Le decía a la hermana ‘hija de mil mirá el trofeo tuyo y a mí una lata de yerba’, estaba indignadísimo”, dijo Laura entre risas.

También los tres nadaban en pileta y Franco tuvo su momento de gloria con el récord provincial en los 200 metros libres en el Provincial, pero un año después, a sus 15, Mauro le bajó el récord. “Y pensar que su primera competencia fue apenas a los 5 en el Independiente, en el que compitió por un choripán. Le dijeron ‘si ganás te damos un choripán’ y él se largó sin dudar, llegó primero lo levantaron en brazos y él seguía nadando sin agua”, dijo Tono.
Pero la natación no fue su única pasión, el canotaje llegó a su vida al no poder nadar en el invierno, ya que no había pileta climatizada, por lo que acudió al reconocido entrenador Claudio Colombo, formador de los grandes palistas misioneros.

Tal fue su desempeño con las palas que a los 15 años fue convocado por la selección argentina, tuvo dos títulos sudamericanos, estuvo en citas internacionales que lo llevaron a recorrer varios países en este continente y en Europa, como Croacia y Alemania.

“Cuando lo convocaron yo decía ‘ay va a perder un año en el colegio y protestaba’ hasta que un día el padre de Darío Saraceni me dijo ‘no va a perder un año en el colegio, yo estuve preso y eso es perder años de vida, él va a ganar un año y no te quiero escuchar decir más eso y Mauro se tiene que ir a Buenos Aires’ y así fue”, expresó Laura.

Salvar vidas
El agua nuevamente encendió una llamita en los Bacigalupi y ¿qué faltaba por hacer?... ser guardavidas, Franco y Mauro, después de todas las actividades que hacían cuando estaba el rayo del sol, llevaban adelante el curso de guardavidas e incluso Mauro recibió el título nacional tras rendir en Buenos Aires.
“Ellos se levantaban, desayunaban y ya se iban al club en bicicleta y a la noche cuando ya habían hecho todo lo otro, empezaron a hacer el curso de guardavida y se largaban a la noche por la villa y no les pasaba nada porque todos los cuidaban y los conocían”.

Ya recibido, Mauro era ‘el guardián’ de la pileta en el Pirá Pytá a la que llegaba a diario en su bicicleta roja y “en ese entonces robaban bicicletas a ‘rolete’ pero la roja no, porque sabián en el barrio que era de Mauro y él era respetado, tomaba tere con todos los chicos que vivían en la villa”.

Días después de su fallecimiento, un amigo de Mauro, llegó a la casa de los Bacigalupi por la avenida Leandro N. Alem y “él tenía locura por Mauro nos decía yo no voy a entender nunca esto que pasó y entonces le digo ‘acá hay tres bicicletas que Mauro desarmó’ porque él era ingeniero en desarma todo y le dimos una desarmada; a la semana vino acá con la bicicleta que le dimos y dijo ‘nunca más voy a dejarla, es la herencia de Mauro’ y de esas experiencias de gente que nos abraza y nos cuenta cosas, es todo el tiempo. Era tan querido por todos”, compartió Tono. 

Con sus palabras

Ya se sabe que todo en la vida tiene un principio y un final, que cada uno de nosotros elegimos qué camino queremos recorrer. Uno de ellos puede ser el fácil, ese que no hará llegar a la meta antes, pero que no nos brindará la satisfacción de haberlo logrado por nosotros mismos, y jamás, aunque creamos que sí, podremos disfrutarlo. El otro es el camino el esfuerzo, el de intentar ser mejor, no por sobre los demás, sino por y para uno mismo. Al final podremos decirle a cualquier persona que lo difícil se nos hizo fácil, que lo que muchos evitaron, otro le pusimos el hombro y conseguimos vencer.

Siempre nos dijeron que los hombres somos iguales, pero hay algo que nos diferencia, el espíritu, la determinación y las ganas de superarnos cada día. No para la aprobación de los demás, sino para sentirnos satisfechos de lo que logramos, sabiendo que las puertas se abren siempre, los obstáculos se superan, los errores se hacen aciertos, siempre que sepamos hacia dónde vamos, por dónde vamos y para qué queremos ir. En estos cuatro años he aprendido mucho de cada una de las personas que me rodearon y también de las que tuvieron un pasaje fugaz por mi vida. Puedo decir que entiendo de varios deportes que antes nunca los había practicado, que puedo leer un libro de fisiología y entenderlo. Pero mi mayor aprendizaje fue el de poder brindar una mano sin esperar que alguien responda de la misma manera. Que no debo esperar que los demás se acerquen a mí para ayudarlos sino que debe nacer de mí. La formación docente la podríamos leer en un libro, las técnicas las encontramos en internet, revistas, etc, pero lo humano lo aprendemos en la relación. Me he encontrado en este pasaje con grandes profesores, y otros grandes teóricos que se olvidaron que la formación de la persona no es simplemente cognitiva, sino que lo afectivo cuenta mucho en el aprendizaje, y más aún en nuestra profesión. Y solamente dejan una pequeña huella que se borrará rápidamente con el correr de los años. El tiempo pasó de una manera muy rápida, son muchos recuerdos pero muy poco tiempo para contarlo. Mi primer objetivo ese día que ingresé fue el de culminar mi carrera en el tiempo estipulado para la misma.

Hoy puedo decir que lo logré, gracias a muchas personas. Ahora sólo me queda por lograr todo lo demás. Que no es poco. Pero tampoco mucho. Creo que el día que no tenga objetivos ya no tendré razón de vida y seré simplemente una persona que está ocupando un espacio sin rumbo ni sentido. Culmina una gran etapa de mi vida, de todos los profesores y compañeros me llevo algún aprendizaje, recuerdos, disgustos y satisfacciones, que marcarán mi futuro de ahora en más. De mi parte simplemente espero haber podido brindarles a ellos lo mismo también.

Por Mauro Bacigalupi
Texto Memoria profesional, Instituto Montoya