Tentación versus responsabilidad

Sábado 9 de mayo de 2020
José Miérez

Por José Miérez Gerontólogo

Comunidad misionera: quisiera en esta oportunidad compartirles un cuento del libro El tambor de la vida, de Carlos Valles, S.J.

Cuestión de oídos
Dos amigos andan juntos por una calle de Hamburgo. Pavimento de Alemania comercial, tiendas y bancos y anuncios y tráfico. Los envuelve el ruido multiforme de la ciudad moderna.  Aunque los amigos son diferentes y se nota en su andar. Uno es alemán de la tierra, hijo de la ciudad, creatura del asfalto, ciudadano del marco. El otro, es un yogui hindú. Está de visita. Lleva ropas anaranjadas y mirada inocente, anda con pies descalzos que se ve que apresuran su ritmo normal para seguir a su amigo en la ciudad. Caminan juntos por la calle comercial. 
De repente el yogui se para, toma del brazo a su amigo alemán y le dice: “Escucha, está cantando un pájaro”. El amigo alemán le contesta:” No digas tonterías, aquí no hay pájaros, vamos, no te detengas”. Y sigue andando.
Al cabo de un rato el yogui disimuladamente deja caer una moneda sobre el pavimento. El amigo alemán se detiene y le dice: “Espera, se ha caído algo”. Sí, claro. Allí estaba la moneda sobre el adoquín.
El yogui sonríe. Tus oídos están afinados al dinero y eso es lo que oyes. Basta la campanilla mínima de una moneda sobre el asfalto para que se llenen tus oídos y se paren tus pies. Están a tono con el dinero, y eso es lo que oyen tus oídos, lo que ven tus ojos y lo que desea tu corazón. Oímos lo que queremos. En cambio, estás desafinado ante los sonidos de la naturaleza. Tienes muy buen oído, pero estás sordo. Y no sólo de oído, sino de todo. Estás cerrado a la belleza y a la alegría y a los colores del día y a los sonidos del aire. Andas desafinado.
El pájaro sí que había cantado. Estamos desafinados.

Este cuento me remite a una realidad de ser humano que es su condición de libertad. Libertad de actuar por su propia decisión, ese impulso o voluntad de obrar de determinada manera. Pero hay algo que caracteriza al hombre de hoy que es su distracción, y esto significa dejarse arrastrar por diversas causas a una meta en la que nunca se podrá encontrar la plena realización.  El distraído es un hombre que se deja llevar, consciente o inconscientemente, por una  enajenación que lo aturde y pierde el sentido más profundo de su vida. Mientras vivamos distraídos será muy difícil elegir consciente y libremente lo que realmente nos plenifica y nos permite vivir en la reciprocidad de la solidaridad.
Cuando nos distraemos de nuestras metas y compromisos podemos caer en la tentación. La tentación es el deseo de realizar una acción inmediatamente agradable, pero probablemente dañina a largo plazo, por multitud de razones: legal, social, psicológica (incluyéndose la culpa),etc. También designa al acto de coaccionar o inducir a una persona a la realización de un acto, por manipulación, o por influencia de curiosidad, deseo o miedo de pérdida. 
Entre estas  dimensiones nos movemos en incontables situaciones de la vida.  Cabría preguntarnos, tal vez, cómo están afinados nuestros oídos, qué ven nuestros ojos y qué desea nuestro corazón. Cómo en el cuento, ¿escuchamos solamente el sonar de las monedas o estamos afinados también a los sonidos maravillosos de la naturaleza, que incluye a quienes caminan a nuestro lado?
El Estado tiene la responsabilidad de brindar a la población educación, servicios de salud, seguridad y justicia. Y además custodiar y promover sociedades basadas en el bien común y amor al prójimo. Quienes han sido elegidos para ejercer cargos públicos, están en la primera línea para optimizar y maximizar dichos recursos.
En este momento de crisis es necesario trabajar sobre tres ejes: el valor de la persona, el valor de la convivencia y el valor de la institución. El valor de la persona deberá ser el fundamento, el punto de partida, desde sus derechos y deberes. Con respecto a la convivencia, el acento deberá ponerse en el diálogo interpersonal, la comunicación, la fidelidad, la amistad.  El valor de las instituciones se entiende haciendo referencia al valor de la persona y al valor de la convivencia como una instancia de servicio organizada desde causes jerárquicos y administrativos. No debemos perder de vista estos tres ejes para estar afinados hacia el servicio a nuestro prójimo.
Hasta la próxima.

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