Kilómetros de encanto en la Costa de Ópalo

Domingo 6 de octubre de 2019
Quienes han tenido la suerte de conocer Costa de Ópalo dicen que se trata de un regalo de la naturaleza. Muchos lo catalogan como un lugar mágico lleno de paisajes salvajes para admirar toda una vida.
La Costa de Ópalo ofrece durante algo más de 200 kilómetros una mezcla de acantilados, dunas, campos de flores y pequeñas localidades llenas de encanto en un entorno único que además, está lleno de historia, pues la zona, frontera marítima con Inglaterra, ha sido telón de fondo a lo largo de algunas batallas durante la primera y la segunda guerra mundial.
Es una región costera del norte de Francia, que bordea el mar del Norte y el canal de la Mancha. Se extiende desde Bray-Dunes, en las proximidades de la frontera belga, hasta Berck-sur-Mer, en Paso de Calais, y se encuentra jalonada por magníficas playas de arena fina.
Aglutina algunos de los mejores paisajes y puertos de Europa: Dunkerque es un importante puerto industrial, Calais es un puerto de paso y Boulogne-sur-Mer es el pesquero francés por excelencia.
Es por ellos que Dunkerque, Calais y Boulogne-sur-Mer se han convertido en las ciudades principales de la costa de Ópalo. Por su posición central entre las principales playas y sitios turísticos de la región, se suele considerar que Boulogne-sur-Mer es la capital de la costa de Ópalo.
La zona, invita a descansar y relajarse, y es un sitio perfecto para estar en contacto con la naturaleza. Son muchas las actividades que pueden hacerse, como golf, ciclismo (el Tour de Francia ha pasado en muchas ediciones por esta costa) o senderismo. Además, la costa de Ópalo está llena de pequeños pueblos llenos de encanto como Le Portel, Wissant, Wimereux o Hardelot.

De luces y colores
Se dice que el nombre de la Costa de Ópalo se remonta al año 1911, cuando el escritor y botánico Edward Leveque lo acuñó. Si bien antes se han propuesto otros nombres, como “La Perla de la Costa de Ópalo”, este es el único que se ha sobrevivido y vuelto popular a nivel internacional.
Pero otros creen que el nombre se debe a que numerosos pintores impresionistas quedaron enamorados por la luz del lugar, la cual es muy cambiante debido a los reflejos de las rocas blancas de los acantilados. Una delicia para la vista que tiene su emblema en los dos cabos que visten el paso de Calais, el Cabo de Blanc-Nez y el cabo de Gris-Nez, dos de los puntos desde los que puede llegarse a ver las costas de Inglaterra si el día está despejado.
En lo alto, coronando el cabo de Blanc-Nez, un obelisco recuerda a los marineros muertos pertenecientes a la conocida como Patrulla de Dover. Y es que, durante la primera guerra mundial, el paso de Calais fue un punto importante de vigilancia de las tropas aliadas sobre las tropas alemanas.
También durante la segunda guerra mundial, las tropas alemanas instalaron en el cabo Blanc-Nez distintas antenas y radares para controlar a las tropas enemigas, siendo la costa de Ópalo un punto de gran importancia estratégica.
Calais está a 33 kilómetros de Gran Bretaña y desde allí se ven, en días claros, los blancos acantilados, como la tiza, de la gran isla sobresaliendo del peculiar azul turquesa de las aguas.
El ópalo se caracteriza por un colorido singular y atractivo que cautiva a quien lo mira, y así es esta costa. Las aguas, constantemente sopladas por el viento, tienen un color especial, entre verdes, grises y azules.
El viento rompe las olas poniendo lana en sus crestas, como “borreguitos” y al show se suman las nubes, el tiempo cambiante que produce diferentes sensaciones y esa luz tan peculiar.
Además de ser una maravilla a la vista, esta zona también es perfecta para los amantes de la historia, ya que se vio marcada por los conflictos bélicos.
Durante la Primera Guerra Mundial, este sitio fue sede del Cuerpo Auxiliar del ejército de la Reina María, además de un punto asiduo de entrenamiento para los soldados británicos. También sobrevivió al asedio de las tropas alemanas durante la Segunda Guerra Mundial.
Luego del paso liberador de las tropas canadienses, tras el famoso Día D, poco a poco la costa retomó sus actividades costeras, convirtiéndose en un suburbio privilegiado para las familias de buena posición social.

La bella Dunkerque
Dunkerque mira al mar a través de una inmensa playa de varios kilómetros de longitud y cuyo paisaje cambia drásticamente con las espectaculares mareas, que oscilan varios metros. Es una ciudad con color propio, donde predomina el azul de sus aguas porque, además del mar, allí confluyen varios canales que configuran un plano urbano muy especial, o quizás su color pudiera ser el dorado, debido a sus largos atardeceres.
Su puerto industrial es el segundo más importante de Europa, tras el de Rotterdam. Ese paisaje industrial contrasta con la elegante fachada costera urbana, sus avenidas, sus puentes y los edificios que la pueblan son muy interesantes y singulares por su aspecto nórdico pero, sobre todo, la mayor parte de su encanto llega de su luz. Debido a su latitud, el sol se eleva poco sobre el horizonte y tiñe de un tono precioso toda la ciudad a cualquier hora. Es como si el atardecer se ralentizase y aparentase no acabar nunca, mientras las preciosas horas dorada y azul multiplican por tres su duración.
Este territorio es ideal para disfrutar de una refrescante cerveza local, ya que este territorio es flamenco y se nota por las tradiciones como la de fabricar esta milenaria bebida. A pocos kilómetros, en Bailleul, está la cervecería Ferme-Brasserie Beck. La elaboran a su gusto y cultivan su propio lúpulo junto a la fábrica, para asegurarse de obtener una bebida deliciosa. Ellos controlan los cuatro ingredientes básicos: malta, lúpulo, levadura y agua. Cuidan y apuestan por un producto del que presumen y disfrutan, y cuyo resultado es una cerveza sensacional.
Continuando por la costa hacia el este se llega al puerto de Boulogne-sur-Mer, el principal suministrador de pescado en Francia. Los romanos llamaban a esta ciudad Bononia y era su principal puerto para la conquista de Britania. Un milenio y medio después fue el lugar elegido también por Napoleón para reunir su Grande Armée e intentar invadir Inglaterra. Otra vez la historia invade los rincones, siendo también el sitio donde falleció el general José de San Martín en 1850, libertador de Argentina, Chile y Perú murió en esta ciudad, tras haber vivido en ella sus últimos meses de vida. Se erigió una estatua y, tras los constantes bombardeos para eliminar una base de submarinos nazi, todo quedó destrozado, todo salvo su estatua, y por eso se le considera el milagro de Bolougne-sur-Mer.
En primavera y en otoño, numerosos excursionistas llegan para disfrutar del paisaje y de sus maravillas a lo largo de la costa. Esta región recibe turistas durante todo el año que llegan para practicar dos pasiones: el coche de vela y la cometa. El Encuentro Internacional de Cometas es organizado anualmente por la oficina de Turismo de Berck-sur-Mer y la ciudad de Berck-sur-Mer. En 2020 el evento celebra su edición número 34. Toda la información sobre este evento se encuentra en www.cerf-volant-berck.com.
El paseo por Costa de Ópalo no puede realizarse en pocos días. Las ciudades son varias y los atractivos miles. Desde playas, valles, zonas urbanas, el turista se deslumbrará de miles de opciones para pasar buenos momentos. Quien tenga la posibilidad, puede realizar una parada en las tres ciudades más importantes.


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