Las primeras huelgas y la Masacre de Oberá

Viernes 9 de agosto de 2019
Por Alfredo Poenitz

Por Alfredo Poenitz Historiador

En la década de 1930, Misiones contaba con algunos centros obreros, mostrando una incipiente pero significativa capacidad de organización de los trabajadores. Estas agrupaciones estaban concentradas casi exclusivamente en la ciudad de Posadas, y la clase obrera había surgido principalmente a partir de la intensificación de la actividad portuaria en esta ciudad capital, además de ser el centro del mercado de trabajo.
Entre estas asociaciones gremiales se encontraban el centro cultural Juan Bautista Alberdi, el Centro de Almaceneros, Asociación de Panaderos, Confederación Obrera, Obreros Marítimos, Sociedad de Carniceros, de Chaufeurs, de Artes Gráficas, de Sastres y Albañiles, y un Círculo de Obreros Católicos, algunos de los cuales ya existían desde 1917. Los obreros también contaban con sus propias publicaciones, en las cuales hacían divulgar su propaganda política y organizativa. 
En 1936 se había conseguido un paso importante en la consolidación del movimiento obrero organizado a partir de la fundación de la Federación Obrera local Esta situación de obreros organizados y de una incipiente pero básica actividad industrial, sumado a la divulgación de ideologías socialistas revolucionarias y de defensa de la clase trabajadora, trajo aparejado el conflicto entre el capital y el trabajo. Por ello, a partir de las décadas de 1910, 1920 y 1930, se visualizan las primeras huelgas y manifestaciones con motivos reivindicativos.
Durante la gobernación de Héctor Barreyro, “en los últimos años de su actuación, surgieron los primeros conflictos sindicales, que traducían las aspiraciones de distintos gremios, señalando la presencia de nuevas inquietudes en el seno popular, que dieron origen a movimientos, sucesos y procesos que alcanzaron trascendencia”.
En 1918 se registró una huelga marítima en Posadas, capitaneada por el gremio de los marítimos que se prolongó por varios días y en la que se solidarizaron demás agrupaciones como la de las lavanderas. El conflicto concluyó con un acuerdo entre las partes y provocó la mediación de sindicalistas representantes de la Fora (Federación Obrera Regional Argentina),  por entonces, el principal exponente del movimiento obrero organizado nacional en manos de los anarquistas, que habían arribado desde Buenos Aires, como consecuencia de la sublevación.
En 1920, se constituyó en San Ignacio el Sindicato de Obreros Yerbateros, y en junio de ese año se produce una huelga de “mensú” que dura varias semanas y concluye con la aceptación por parte de las compañías yerbateras de un pliego de condiciones estipulado por el sindicato, que obligaba a respetar derechos laborales inexistentes, poniendo límites a la explotación a que eran sometidos los peones.
En 1935, una huelga general liderada nuevamente por los marítimos convulsionó a la población misionera y paralizó prácticamente la actividad portuaria en Posadas y en el alto Paraná. El episodio degeneró en una fuerte represión por parte de la policía donde se enfrentaron violentamente marineros y las fuerzas del orden.
Las huelgas organizadas desde los sindicatos significaron el resultado de una sociedad que se estaba incorporando mas intensamente a condiciones capitalistas de producción y organización económica, como lo era la realidad del territorio nacional de Misiones por entonces.
En Posadas, la actividad portuaria y su continuo movimiento de productos y personas, facilitó el contacto con trabajadores vinculados a esa actividad, quienes a nivel nacional estaban agrupados en la FOM, de tendencia anarquista. El contacto se produjo primero con los panaderos y los gráficos, y con el paso de los años, también se crearía una federación marítima local, el Somu –Sindicato de Obreros Marítimos Unidos. En el interior del territorio, por su parte, el conflicto se concentraba en la actividad del agro.
En el territorio misionero, a estas dificultades se añadieron problemas de sequía, arbitrariedades en el intercambio que desfavorecían a los colonos, y problemas de distribución de la tierra. Los sectores mas afectados por todas estas contrariedades eran el yerbatero y el tabacalero. En el caso de la yerba mate, el cultivo estaba férreamente regulado, provocando una precarización en los modos de vida de los agricultores.
Debido a los bajos precios y todas estas condiciones de miseria, ocurre en Oberá un hecho que en principio comenzó como una manifestación pacifica y derivó en un enfrentamiento entre colonos, policías y vecinos de la zona. Terminó en una masacre con la muerte de al menos cuatro personas, numerosos heridos y por lo menos 140 detenidos.  Se aplicó la Ley de Residencia sancionada en 1902 que indicaba que podían ser deportados a sus países de origen aquellos inmigrantes extranjeros que, según el gobierno, “perturbaban el orden social. Mediante ésta dos colonos extranjeros acusados de “instigadores comunistas” fueron regresados a su país de origen. Se procesó también, al comisario de Oberá, Leandro Berón, por abuso de autoridad, al igual que un grupo de policías y vecinos implicados en la represión contra los manifestantes.
El 15 de marzo de 1936, unos centenares de colonos provenientes de diversas zonas aledañas se dirigieron hacia el poblado de Oberá. En ese momento ocurrió el desastre, donde fueron reprimidos a balazos por la policía apostada en el lugar.
Los manifestantes se dirigían a un local de acopio de tabaco para protestar por los bajos precios, las pésimas condiciones en que vivían y, aparentemente, por la liberación de unos colonos presos en la comisaría local, acusados, sin muchas pruebas, de haber incendiado unos yerbales. Los colonos provenían de Zamambaya, Los Helechos, Ameghino, Guaraní y Campo Viera, colonias cercanas al lugar del conflicto. 
En el enfrentamiento se cruzaron disparos, golpes, palos, gritos y piedras; donde además, participaron vecinos del lugar en apoyo de la policía y en contra de los manifestantes que concurrían pacíficamente.
En los días siguientes llegaron desde Posadas autoridades judiciales para investigar los hechos, incluso el propio gobernador del territorio, Vanasco, a pedido de vecinos de Oberá que argumentaron temores por supuestos nuevos incidentes. También arribaron periodistas que escribieron sobre los hechos y contribuyeron a que lo ocurrido tuviera repercusión a nivel nacional. La noticia incluso llegó a conocerse en algunos países de origen de los colonos, como lo prueba un telegrama del cónsul de Polonia al gobernador, preocupándose por la situación de los polacos misioneros.
Como consecuencia de la investigación, se encontró culpable de la represión al cuerpo policial responsable del orden, al mando del comisario Berón, quien  fue puesto en prisión preventiva, y a los ciudadanos particulares que participaron  ayudando a reprimir a los manifestantes.
Muchos de los colonos que formaron parte activa de la manifestación fueron acusados de “agitadores comunistas” y de tener la intención de tomar el pueblo. En consecuencia se los trasladó a la ciudad de Posadas, y dos de ellos sufrieron la ley de Residencia, lo que derivó a una intervención de la Federación Obrera Local en su defensa, pero que no logró que se suspendiera tal disposición.

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