La ancianidad es un encanto

Sábado 13 de abril de 2019
José Miérez

Por José Miérez Gerontólogo

Comunidad, quiero compartir con ustedes que la salud de los ancianos es una responsabilidad y una preocupación de todos el cuidarla. La ancianidad es la época adecuada para cosechar los mejores frutos de la vida, y una madurez duramente ganada, experiencia y sabiduría. Ellos irradian sabiduría, bondad, paciencia, comprensión, amor.
¿Que es el amor? El amor es el afecto por el cual busca el ánimo, el bien verdadero imaginado, y apetece gozarlo. Pasión que atrae un sexo hacia el otro. Por extensión se dice también de los animales. Relaciones afectuosas entre las personas. Apego a una cosa como el dinero, los libros, etc. Interés por ideales como la justicia. Interés o pasión por formas de vida, actividades, etc. Apelación que se da a la persona amada. Relaciones amorosas.
Al amor del agua, dejándose llevar por la corriente del agua, y en sentido figurado, por la de las circunstancias. Al amor de la lumbre o del fuego, expresión junto a la lumbre o el fuego. Hacer el amor, galantear, llevar a cabo el acto sexual del amor. Por amor al arte, gratuitamente sin buscar ni obtener recompensa. Por amor de Dios, con la que se solicita algo encarecidamente.
Lesbiano, lésbico o lesbio, homosexualidad entre mujeres.
Platónico el que pretende ser puramente espiritual, sin mezcla de sexualidad. Platón dedica gran parte de sus especulaciones al tema del amor. Existen diversas modalidades de amor: un amor terrenal (un amor común); el amor celeste, el cual conduce al conocimiento, también puede hablarse de un amor del cuerpo, del alma y de una mezcla de ambos. El amor sigue siendo un tema de preocupación importante entre los filósofos platónicos y neoplatónicos. Con el cristianismo el amor, en su sentido religioso adquiere una dimensión personal que aplica a la noción de amor los términos de caritas, amor idilectio. La amoralidad es una forma de pensar, sentir o actuar que prescinde de las exigencias de la moral socialmente reconocida.
Del Espíritu Santos tenemos los siete dones sagrados: el don de sabiduría, entendimiento, consejo, fortaleza, ciencia, piedad y temor de Dios. Estos dones producen frutos que son el amor, la alegría, paz, paciencia, afabilidad, bondad, fidelidad, mansedumbre, templanza.
El día 11 de abril fui invitado por el Ministerio de Desarrollo Social la Mujer y la Juventud, especialmente por el subsecretario Pablo Peloso, y concurrí a un almuerzo en una peña llamada Misionero y Guaraní, con personas adultos mayores, nuestros queridos viejos, como yo los llamo. Pude apreciar lo que es compartir el amor al prójimo y la alegría de escuchar música regional que nos identifica. En ese almuerzo estuvieron ministros, diputados, representantes de diversos clubes de abuelos, que no nombro a ninguno por temor a no recordarlos ya que también por mi edad me olvido. Lo más importante de todo esto es el saber convivir y recordar el ayer para que en el hoy podamos proyectarnos a un futuro venturos. Se contaron anécdotas, experiencias que nos hicieron a todos y a cada uno, rememorando a la manera de cada uno a nuestros abuelos, padres, hijos, nietos, bisnietos. Y la importancia que tiene la familia, que es la fragua y el caldero donde se aprende a envejecer.
Oportunamente, haciéndome asesorar y preguntado los tendré al tanto de lo que se puede recuperar pasando el plumero para sacar la telaraña y el polvo del pasado.

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