Río rojo

Sábado 18 de agosto de 2018
Habían organizado la pesca, la lancha estaba lista en el tráiler, llevaban algo para tomar y comer. El día los esperaba soleado, el cielo despejado, azul como si tuvieran al mar en sus cabezas, las nubes no se atrevían a molestarlo.
Llegaron al río, el agua mostraba una gran transparencia por la sequía reinante, se podían ver las piedras a varios metros de profundidad, generalmente el desmonte hasta la vera de los arroyos hace que la erosión tiña de marrón al río. El aroma del agua y del monte se mezclaba entre los sorbos de mate regalándoles esa alegría de sentir la energía que libera la naturaleza.
Pescaron pequeños pacúes y bogas, que no quisieron devolver, los dejaban morir asfixiándose con el oxígeno del aire. -Ya casi no hay bagres en el río, antes era el pez que abundaba, comentó uno de ellos.
Tras varias horas con ansias de pescar, el instinto se vuelve más fuerte, reviviendo en ellos sus genes de Homo sapiens. No pudieron pescar nada de un tamaño adecuado como para hacer un asadito, fueron varias las veces que habían generado expectativas y burlas en sus casas tras volver sin pescado para el almuerzo.
De repente vieron cómo un animal trataba de cruzar el río, se acercaron con la lancha, era un venadito, intentaron agarrarlo con las manos, pero los evadía; -¡Qué bueno -pensaron-, si lo cazaban volverían con algo entre las manos!
Como no podían aprisionarlo, uno de ellos agarró el machete y le dio unos sablazos ocasionándoles graves heridas, hasta que logró acertar en la cabeza del animal, que dejó de patalear para mantenerse a flote, en el intento por querer subirlo a la lancha, el animal se hundió como si el río lo estirase para abajo quitándoselo de las manos, entre risas y carcajadas por la frustración de haber perdido el ciervo, limpiándose la sangre que había salpicado sus rostros, lamentaban el hecho con palabras que opacaban el día, que manchado de rojo seguía luciendo su mejor vestido.
El monte que antes era un refugio y fuente de alimentos para los animales ya no les garantiza la supervivencia. El venado luego de escapar de trampas, escopetazos y esquivar autos de la ruta, el agua lo había invitado a cruzar de orilla abrazando su muerte como queriéndolo liberar de vivir huyendo y corriendo.

Pablo Martín Gallero

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