Miércoles 24 de enero de 2018

Libertad de extorsión

Domingo 7 de enero de 2018

Marcelo Balcedo es el secretario general del Sindicato de Obreros y Empleados de Minoridad y Educación (Soeme), el sindicato inventado por su padre hace ahora unos 60 años. Fue apresado el jueves en su chacra de Piriápolis, en Uruguay, procesado por lavado de dinero y evasión fiscal. En la casa principal de El Gran Chaparral (así se llama la chacra de 20 hectáreas y otros 20 empleados), Interpol y la policía uruguaya encontraron el ajuar habitual: mucho dinero, buenos autos y lindas armas. Hasta ahí todo normal en el esquema de la corrupción sindical a la que estamos bastante acostumbrados.
El padre de Marcelo, Antonio Balcedo, fue desde muy joven empleado del museo de Ciencias Naturales de la Universidad Nacional de La Plata y militante histórico del peronismo de Perón. Fundó el Soeme en la década de 1950 y murió en 2012, después de muchísimos años al frente del condado... bueno, del sindicato que heredó su delfín, ingeniero que nunca trabajó en nada relacionado con la minoridad ni la educación. Marcelo también heredó el diario Hoy de La Plata y un par de emisoras radiales de esa ciudad. El diario había sido fundado por Antonio en 1993 y dirigido por él, también hasta su muerte, pero el puesto de directora le tocó a su viuda hasta que en junio de 2016 pasó a Marcelo.
En 2007 Marcelo dirigía la cadena de radios propiedad del clan cuando tuvo que huir del país porque un juez de garantías ordenó su detención en una causa que investigaba dos hechos de extorsión a legisladores con el propósito de obtener favores del Estado. Para colmo se sumaron las denuncias de extorsión de dos empresarios platenses que adjuntaron pruebas irrefutables: estaba todo grabado. Dicen que Balcedo siguió manejando las radios desde El Gran Chaparral hasta que volvió al país cuando la orden de detención fue anulada por un fallo bastante sospechoso.
Durante la dirección de Nené Chávez –la viuda de Antonio y madre de Marcelo– el diario Hoy trató durísimo a la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, a quien llegó a calificar de loca. Parece que el problema era la pauta que no llegaba nunca... Los ataques cesaron cuando Marcelo se hizo cargo de la dirección, poco antes de las Paso de 2016. Parece que el cambio en la dirección y en la línea editorial del diario fue motivado por el tercer puesto en la lista de legisladores provinciales de Unidad Ciudadana para la secretaria adjunta del Soeme Susana Mariño. Además, claro, había buen billete para la campaña.
Quizá haya sido esta historia la que provocó la expresión libertad de extorsión que usó Cristina Kirchner en sus discursos más virulentos contra la prensa. Sabía Cristina de presiones y extorsiones en los niveles más altos del poder, pero también conocía de cerca a la familia Balcedo por ser del mismo barrio. La extorsión puede ser un negocio, pero es tan ilegal como el negocio de robar o matar. Es un delito deleznable y una telaraña que complica a los que tienen algo que esconder, que es cuando el extorsionado cae en las redes del extorsionador y la vida se convierte en el cuento de nunca acabar. Hay que tener la conciencia limpia, agallas suficientes y micrófonos bien chiquitos para enfrentar a los extorsionadores...
¿Qué hizo el diario de los Balcedo el día siguiente a la detención de su director? El viernes salió con una tapa negra en la que campa un gran título en blanco: Ataque a la libertad de expresión, como si la condición de periodista fuera una patente de corso que permite a los directores de diarios cometer delitos. Flaco favor le hace a la libertad y al periodismo quien supone que los periodistas no somos responsables de nuestros actos. Somos plenamente responsables de los contenidos que difundimos por los medios en los que trabajamos, pero además respondemos, como todo el mundo, por las consecuencias de nuestros actos libres y en uso de nuestras facultades mentales.
Hay en toda esta historia un llamado de atención a los que se disfrazan de periodistas para extorsionar: un negocio lamentable pero bastante común en la Argentina y no solo en la profesión de los que buscamos la verdad urgente. Quizá el caso Balcedo sea una señal de que llega el momento de espantar de la profesión a los colados que la han degradado con su corrupción.
Entonces serán eficaces las palabras de la ex presidenta: queremos libertad de expresión, no libertad de extorsión.

Por Gonzalo Peltzer
gpeltzer@elterritorio.com.ar

Fuente:www.TerritorioDigital.com

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