Miércoles 24 de mayo de 2017

El efecto “techo de cristal”

Domingo 10 de junio de 2007


En las últimas décadas las mujeres fueron incorporadas de manera gradual al mercado laboral en la Argentina. Pero sus ingresos siempre están por debajo de los  percibidos por los varones, principalmente en los sectores medios y altos. Y para empeorar el panorama no llegan en su mayoría a los puestos gerenciales.
Dos investigadoras contactadas por Territorios desandan posibles explicaciones.
Techo de cristal: se denomina así a una superficie superior invisible en la carrera laboral de las mujeres, penosa de traspasar, que les impide seguir avanzando. Su carácter de invisibilidad viene dado por el hecho de que no existen leyes ni dispositivos sociales establecidos, ni códigos manifiestos que impongan a las mujeres semejante limitación, sino que está construido sobre la base de otros rasgos que, por su invisibilidad, son difíciles de detectar. 
Esa definición pertenece a Mabel Burín, doctora en Psicología Clínica, especialista en Estudios de Género y Salud Mental, directora del Área de Género y Subjetividad de la Universidad Hebrea Argentina Bar Ilan. Es autora de los libros “Estudios sobre la subjetividad femenina. Mujeres y Salud Mental” (1987); “El malestar de las mujeres. La tranquilidad recetada” (1990); “Género, Psicoanálisis, Subjetividad” (1996); “Género y Familia” (1998); y  “Varones, género masculino y subjetividad” (2000).
También se suele conocer como “suelo pegajoso”, ya que agrupa las fuerzas que mantienen a tantas mujeres atrapadas en la base de la pirámide económica.
Con esta denominación se trata de explicar el porqué los ingresos de las mujeres en el mercado laboral, especialmente en el sector de los servicios, son exiguos desde la década de los 90. Sus sueldos mensuales no fueron ni son suficientes, por ello la discriminación salarial sostiene la feminización de la pobreza en nuestro país.
Ese famoso fenómeno que impide a las mujeres alcanzar las metas profesionales para las que están preparadas parece “invisible”, pero las estadísticas actuales demuestran que existe (ver aparte). “Es un término enigmático, secreto, indetectable, pero cuyo resultado es cuantificable y real: la no existencia de mujeres en los vértices jerárquicos de las organizaciones”, expresó Burín.

Algunos obstáculos
En el sentido de dar explicaciones, Estela Grassi (doctora en Antropología Social, investigadora y profesora de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires, e invitada por la Universidad Nacional de Misiones para disertar sobre políticas sociales), enumeró ciertos impedimentos al acceso de las mujeres a los puestos de decisión: 
En las estructuras jerárquicas de la industria, con hombres ocupando casi todos los puestos de toma de decisión, opera el principio de cooptación (designar por elección a alguien y no por reglamento o méritos) para muchos de esos puestos.
El entrenamiento predominante de las mujeres en los vínculos humanos con predominio de la afectividad puede entrar en contraposición (y de hecho entra en infinidad de ocasiones) con ese mundo del trabajo masculino, donde los vínculos humanos se caracterizarían por un máximo de racionalidad y con afectos puestos en juego mediante emociones frías: distancia afectiva e indiferencia.
El trabajo de muchas mujeres en espacios tradicionalmente masculinos es observado de forma más inquisitiva que el de sus compañeros varones. Se les exige un nivel de “excelencia”.
Algunos de los estereotipos que configuran el “techo de cristal” se formulan de la siguiente manera: “las mujeres temen ocupar posiciones de poder”; “a las mujeres no les interesa ocupar puestos de responsabilidad”; “las mujeres no pueden afrontar situaciones difíciles que requieran autoridad y poder”.
Estos estereotipos tienen múltiples incidencias: por una parte, convierten a las mujeres en “no-elegibles” para puestos que requieran autoridad y ejercicio del poder. Por otra, hay mujeres que asumen este estereotipo interiorizándolo, repitiéndolo casi sin cuestionarlo y como si fuera resultado de elecciones propias. También es cierto, que hay grupos de mujeres más innovadoras que, admitiendo el conflicto, lo enfrentan con recursos variados cada vez que ocupan tales puestos de trabajo.
De igual manera no cabe menospreciar la incidencia que los estereotipos tienen en la orientación, desde la familia o desde el sistema educativo. 
La doble carga: es conocido que las mujeres profesionales hacen malabarismos para compaginar su trabajo fuera de casa con las tareas domésticas, a menudo de forma unilateral.
La auto desconfianza: sin duda la falta de modelos femeninos con los cuales identificarse hace que se agudice la inseguridad y el temor a la falta de eficacia cuando se accede a lugares de trabajo tradicionalmente ocupados por varones.
Aún no hay una mayoría significativa de mujeres conscientes e inquietas con esta problemática (no sólo en los medios de comunicación, sino en cualquier sector económico). Por lo que no existe la suficiente presión para detectar e impulsar otras formas diferentes y más justas de organización social. Afirma Burín que parte del “techo de cristal” como límite, se gesta en los primeros años de la infancia y adquiere una dimensión más relevante partir de la pubertad.
“Estas etapas vitales resultan cruciales para oponer resistencia al dispositivo social de este fenómeno analizado. Como enseñantes, que contamos con una relativa influencia sobre el estudiantado, se tiene la opción de poner en sus manos herramientas para abordar toda esta situación desde el análisis crítico, que permita operar transformaciones en ese techo de cristal y ayudar en la formación y configuración de las mujeres como verdaderos  sujetos del mercado laboral”, adujo Burín.

Martín Medina


Cifras de la OIT
Según los datos proporcionados por un pormenorizado estudio de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), titulado “Rompiendo el techo de cristal: las mujeres en el management”, de la investigadora Linda Wirth, este fenómeno se detecta en la casi totalidad de los países.   
Ese trabajo fue presentado en mayo de 2001 y allí se determinó:

  • Que las mujeres sólo desempeñan del 1 al 3 por ciento de los máximos puestos ejecutivos en las mayores empresas de capitales provenientes de varios países.
  • Que para el año 2001 sólo ocho países de los existentes tienen como jefa de Estado a una mujer.
  • Que las mujeres constituyen el 13 por ciento de los parlamentarios del mundo; y 21 países cuentan con una mujer desempeñando la vicepresidencia o segunda magistratura del Estado.
  • Que, aunque las mujeres representan casi el 40 por ciento de los miembros de las distintas organizaciones sindicales de los Estados, sólo el 1 por ciento de sus dirigentes son mujeres.
  • Que el “diferencial salarial” llega a ser de un 10 a un 30 por ciento en detrimento de los salarios de las mujeres, incluso en los paises que están más avanzados en términos de igualdad de género.
  • Que las mujeres, en promedio, trabajan más que los hombres, y siguen realizando la mayor parte del trabajo no retribuido.


Índice Territorios de domingo
»» La rebeldía de un pueblo con esperanza

»» El derecho a la protesta, la criminalización y la violencia institucional

Fuente:www.TerritorioDigital.com

 
Guía de compras y servicios