Domingo 31 de Julio de 2011

La Herencia Misionera

Las Agrupaciones Gauchas
Prosperan en la región misionera las agrupaciones gauchas. Están integradas por hombres y mujeres que expresan en su fisonomía los finos rasgos de un secular mestizaje étnico y cultural, pero también por otros tipos humanos que evidencian el aporte de la inmigración centroeuropea de fines del siglo XIX y comienzos del siglo XX. Estas agrupaciones constituyen un ambiente en el que se cultiva y promueve la cultura gauchesca.

El sitio donde se alzaba la villa de San Javier, la primera reducción que se encuentra sobre el Uruguay al salir de los yerbales, apenas ofrece a la contemplación del viajero unas murallas de ladrillos cubiertas de enredaderas y musgo, algunas cisternas cegadas y las profundas huellas que presenta el camino antiguo en este paraje.”

Francisco Rave, 1859


El Rancho

En el período reduccional eran muy comunes las viviendas de tapia francesa. Predominaron en los pueblos durante el siglo XVII y en muchos persistieron durante todo el siglo XVIII y comienzos del XIX. La tapia francesa consistía en una técnica constructiva en la que se empleaban dos tipos de materiales: ramas finas y barro ñaú o arcilla. Las paredes de las viviendas se construían primeramente formando una enramada, la que luego se rellenaba con barro previamente amasado. Luego un techo a dos aguas, un par de ventanas y una puerta y la vivienda quedaba lista para habitar. Esta técnica constructiva tuvo una gran aceptación en la región misionera, pasando a ser parte de la cultura popular. El típico y pintoresco “ranchito”, aislado en el campo, habitado por el gaucho, el mencho o el peón y su familia, proviene de aquella tradición constructiva propia de la cultura jesuítica.

Jinete gaucho integrante de una agrupación tradicionalista. Luce con orgullo su atuendo y su caballo.


La Carrera de Sortija
La competencia conocida como “carrera de sortija”, en la que el jinete muestra toda su destreza y habilidad cuando a todo galope logra ensartar el palillo en la sortija que a la distancia pende de un delgado hilo, constituye una auténtica práctica procedente de las reducciones jesuíticas. La “carrera de sortija” era infaltable en la festividad en que se conmemoraba el día del Santo Patrono del pueblo. Era una buena oportunidad para la diversión y las emociones fuertes en la que los más diestros jinetes hacían gala de sus potros. Esta práctica persistió en la región misionera y llegó hasta nuestros días.


Imagen de la Virgen María venerada en una capilla ubicada en las ruinas de Santa María la Mayor. Se trata de una talla en madera hallada a mediados del siglo XIX en las mismas ruinas por los primitivos pobladores de la zona, los que además acondicionaron una de las habitaciones de las ruinas de la residencia como ìcapillaî para la talla. En la actualidad sigue siendo un ámbito que atrae a peregrinos y ìpromeserosî de los más diversos sitios de la región.


El Chamamé

Calificada por el investigador Antonio Piñeyro como “música tradicional de Corrientes”, halla sus raíces históricas según el mismo estudioso en las expresiones musicales de las reducciones guaraníes. En este sentido el chamamé se constituye en un ritmo típico de la región misionera. Su origen se halla sin lugar a dudas en el proceso de mestizaje acaecido en la región a partir de la desintegración del mundo reduccional. La nueva música, el chamamé, surgió junto al nuevo tipo de hombre habitante de la región, pero profundamente nutrido desde el pasado jesuítico- guaraní.

La Virgen del Carmen
Luego de que los pueblos misioneros ubicados entre el Paraná y el Uruguay fueran destruidos por las invasiones brasileñas y paraguayas durante el período transcurrido entre los años1817 y 1818, se produjeron movimientos migratorios de la población guaraní, la cual buscaba refugio y seguridad. Uno de aquellos grupos se estableció a orillas del río Aguapey, en el sitio denominado Caá Caraí. Llevaba entre sus pertenencias una talla de la Virgen del Carmen, la que fue instalada en una capillita que existía en el lugar. Allí estuvo hasta el año 1823, momento en que una nueva invasión paraguaya obligó a los pobladores de Caá Caraí a una nueva migración. De ese modo llegaron hasta Itatí con su venerada Virgen del Carmen. Cuando el Gobernador de Corrientes Don Pedro Ferré fundó el poblado de Bella Vista, la Virgen del Carmen fue declarada Patrona de dicho pueblo un 2l de abril de 1826, construyéndose un templo bajo su advocación.


Nuestra Señora del Rosario
En la provincia de Corrientes, en la ciudad de Alvear, se encuentra una talla de “Nuestra Señora del Rosario”. Fue Don Pedro Ferré quien en el año 1820 la habría rescatado de entre las ruinas de uno de los pueblos del alto Uruguay, llevándola en el regreso a su provincia. Desde aquél año recibió la devoción de multitud de creyentes, quienes contribuyeron a difundir su fama milagrosa. La factura de la talla permite ubicarla sin lugar a dudas en la tradición artística misionero guaraní del período reduccional.

La herencia secular


 El gaucho: emergente social de las misiones meridionales, habitante
 de las provincias de Corrientes y Entre Ríos, del Estado de Rio
 Grande do Sul y de la República Oriental del Uruguay, un hábil jinete
 y experimentado en las tareas del campo.

Estas parcialidades, jamás reducidas durante la época jesuítica, se vieron obligadas a permanecer recluidas en determinadas zonas, generalmente selváticas y marginales respecto al área misionera, donde prosperaron manteniendo su estilo de vida primigenio. El contacto esporádico que mantuvieron algunas de estas agrupaciones con las misiones jesuíticas, tal el caso de los mbyá, implicó la adopción por parte de éstos de algunas pautas y productos culturales típicamente misioneros, como ser conceptos propios del cristianismo, algunos instrumentos musicales y una cultura hortícola incipiente.


 Un rancho de tapia (Loreto, provincia de Corrientes). Las paredes
 muestran con toda fidelidad una técnica constructiva que en las
 misiones estuvo vigente desde el siglo XVII. La presencia de este tipo
 de edificaciones en Loreto no es casual, recordemos que fue uno de
 los tantos pueblos fundados por los guaraníes emigrados de los luego
 de las guerras del período 1815-1819.

 


 Arroyo Garupá (Igarupá en el período reduccional). Uno de los tantos
 ejemplos de la pervivencia de la toponimia guaraní en la geografía
 misionera.

Desaparecidos los pueblos misioneros, integrada su población a la emergente sociedad mestiza, aquellas parcialidades guaraníes siguieron con su existencia en zonas geográficamente marginales y excluidas de los procesos históricos vividos en la región hasta fines del siglo XIX. Fue precisamente a partir de las últimas décadas del siglo pasado, momento en que se consolidan los estados nacionales de Paraguay, Argentina y Brasil, además de iniciarse una etapa de sostenido desarrollo económico y poblacional como producto de los programas de colonización, que aquellos grupos guaraníes comienzan a entrar en contacto directo con el hombre “blanco”. De ese modo los últimos reductos indígenas del este del Paraguay, de la provincia argentina de Misiones y del Estado de Río Grande del Sur, en Brasil, ingresan al siglo XX sorprendidos por un frente de poblamiento que avanzó sobre sus tierras, cercándolos cada vez en espacios más reducidos y marginales.

El saldo de tres siglos de aislamiento
El mundo reduccional jesuítico intentó integrarlos y no lo logró. Hoy parte de nuestra sociedad intenta integrarlos y tampoco lo logra.
Aunque se resistieron a formar parte de los guaraníes reducidos, trabajaron para ellos y adoptaron de ellos usos y costumbres. Aunque se resisten a formar parte de esta sociedad presente, trabajan para ella y adoptan de ella usos y costumbres.
Resulta asombrosa la persistencia durante siglos de una conducta de aislamiento en resguardo de la cultura, pero al mismo tiempo de acercamiento y exploración.
Del mismo modo que la sociedad guaraní-misionera avanzó sobre sus territorios, expulsándolos hacia las regiones periféricas, la sociedad presente también los expulsa a territorios cada vez más reducidos. Y la respuesta a través de los siglos por parte de estos grupos de guaraníes “libres” es la misma: mantener la identidad cultural e intentar resguardar áreas geográficas específicas como propias frente al avance del no-guaraní.
Una tenaz resistencia de tres siglos los encuentra hoy en una situación ineludiblemente dramática. Frente a esa realidad los descendientes de los guaraníes de las reducciones hoy se hallan plenamente integrados a través del mestizaje, con una carga cultural decisiva en la conformación de la identidad cultural de la región.
El saldo para aquellas parcialidades que históricamente se negaron a la opción de la reducción como alternativa frente a la colonización hispano-portuguesa, prefiriendo el aislamiento en el monte o la selva, es hoy de una resolución impostergable. El drama que en tres siglos no logró un epílogo, puede hoy, ante el globalizador y arrollador avance tecnológico y cultural llevar al peor de los desenlaces: el de la extinción.

¿Cuántos son y dónde viven hoy los guaraníes? 
El Paraguay, la provincia argentina de Misiones y los estados brasileños de Río Grande del Sur, San Pablo, Santa Catalina y Paraná, conservan hoy los últimos reductos de guaraníes. En su mayoría habitan en comunidades aisladas y celosas de su cultura. Algunas practican traslados esporádicos sin que los límites políticos entre los países posean algún significado. Estas características hacen difícil una cuantificación y una localización exacta de los asentamientos, salvo algunos casos excepcionales. En la década del 70 el Paraguay manifestaba que en su territorio existían 13.700 guaraníes, el Brasil reconocía la existencia de un número que oscilaba entre los 6.500 y los 8.500, mientras que en la provincia argentina de Misiones las cifras oficiales daban el número de 512 guaraníes distribuidos en 18 asentamientos, cifra esta última que desde relevamientos no oficiales se hacía elevar a más de un millar y los asentamientos a por lo menos 28.
El censo indígena realizado en la provincia de Misiones durante los años 1978 y 1979 arrojó la cifra de 1.672 aborígenes distribuidos en 116 aldeas. Datos que tampoco reflejan fielmente la realidad, pues un gran número de guaraníes se hallaban y aún hoy se hallan vinculados a los trabajos agropecuarios como peones asalariados.
En el año 1992 los asentamientos eran 42, con una población aproximada de 3.000 indígenas mbyá, distribuidos en el territorio de la provincia de Misiones, en los departamentos General San Martín, Monte Carlo, Eldorado, Guaraní, General Manuel Belgrano, San Ignacio, San Pedro y Apóstoles. En la República del Paraguay se estima actualmente en 20.000 los guaraníes que integran diversas parcialidades, distribuidas en unas 150 aldeas o comunidades.
Las diversas comunidades aborígenes se organizan en forma autónoma, dirigidas por caciques. Desde el ámbito gubernamental en la provincia argentina de Misiones actúa la Dirección de Asuntos Guaraníes, una repartición que orienta sus proyectos hacia la promoción del aborigen. Las diversas aldeas se encuentran en el presente en una situación de crisis frente al avance arrollador de la sociedad “blanca”. 
Al tratarse de comunidades que históricamente dependieron de una estrecha relación con el ecosistema, al ser éste sustancialmente modificado e interferido por el desarrollo económico productivo, se generan un conjunto de situaciones problemáticas prácticamente irreversibles. La fundamental es la pérdida del territorio y la indisponibilidad de un ambiente selvático capaz de sustentar material y espiritualmente al aborigen y su cultura. Sin un suelo seguro en el que habitar, sin animales para cazar, sin el monte que brinde frutos, sin peces en los arroyos, la cultura y el pueblo mbyá de Misiones se desintegra. Las opciones no son muchas, y todas son disolventes: la venta de canastos a turistas o coleccionistas, o el conchavo en las tareas rurales. Dos opciones que originan pobreza y marginalidad.


 La veneración a la Virgen María halla su máxima expresión como
 manifestación de fe popular en la correntina localidad de Itatí. Una
 manifestación de fe y una talla que indudablemente proceden del
 período reduccional misionero son los elementos convocantes para
 una multitud de feligreses que anualmente se congregan en el lugar.
 Es en este escenario religioso donde con más ardor se evidencias
 los tres componentes fundamentales de la religiosidad popular
 proveniente de las misiones guaraníticas: la oración, la “promesa” y
 el milagro.

Dos aldeas, en la provincia de Misiones, se constituyen en experiencias inéditas. Son las comunidades de Fracrán y Perutí. En el año 1978 los caciques de dos comunidades, Antonio Martínez y Cansio Benítez comenzaron una etapa de diálogo y tratativas con el Obispado de la ciudad de Posadas, con la finalidad de generar un proyecto de promoción socioeconómica y educativa tendiente a mejorar la difícil situación por la que atravesaban sus respectivos grupos. Surgen así años más tarde las mencionadas comunidades. Se trata de un emprendimiento en el que intervienen las comunidades aborígenes, la Iglesia, el estado y diversas entidades internacionales que brindaron apoyo técnico y financiero hasta el año 1989. Ambas comunidades constituyen un modelo de integración que salvaguarda los componentes culturales básicos de los guaraníes, permitiendo al mismo tiempo una integración un mejoramiento de las condiciones de vida de los componentes de ambas comunidades. Sin embargo la actitud de los guaraníes del presente sigue siendo diametralmente opuesta a la que tuvieron los guaraníes de las reducciones misioneras. Mientras los guaraníes de las misiones se fundieron con la población a través del mestizaje, los grupos guaraníes de hoy mantienen la misma actitud de hace tres siglos, nada mejor expresada que en las palabras del dirigente mbyá Isabelino Paredes: “Pero nadie quiere perder su identidad. Nosotros los mbyá no queremos mestizarnos y fundirnos con el resto de la población...”.

El hombre primitivo misionero
Los Avá y su modo de vida
América en la visión de los europeos
La ocupación de la región misionera
Hacia las fronteras
Mbororé, gloria de los misioneros y escarmiento de los bandeirantes
Sociedad, producción y consumo en las reducciones
El amabmaé y el tupambaé, dos modos de trabajar y producir
Gobierno y administración de los pueblos jesuíticos
Vivir en una reducción
La Guerra guaranítica
La rebelión guaraní
La expresión de la cultura en las reducciones
El urbanismo jesuítico-guaraní
La edificación de una reducción
Los caminos recorridos por el guaraní
El fin de la obra misional: la expulsión
La decadencia de los pueblos guaraníes posjesuíticos
El Yapeyú de Don Juan de San Martín
De los pueblos misioneros a centros productivos
Se quiebra la unidad
La revolución en las misiones
El reglamento de Belgrano
La revolución se internacionaliza –El avance e luso-brasileño sobre las misiones occidenales-
José Artigas –Teniente Gobernador-
Andrés Artigas, Comandante General de Misiones
Andrés Guaucurí, Artigas, y el intento de recuperación de los siete pueblos
Andrés Artigas, sus últimas campañas
Los sucesores de Andresito en Misiones
Misiones bajo el dominio paraguayo
Misiones, la ruta comercial del Paraguay
La dispersión final
Corrientes ocupa los territorios de las misiones meridionales
Los guaraníes misioneros, un destino de integración social
La herencia secular
Bibliografía
Fuentes documentales

Los Autores
Agradecimientos
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