Domingo 31 de Julio de 2011

La Herencia Misionera

"Andres Artigas era algo más que el Comandante General de Misiones. De raza guaraní, disciplinado por la cultura del espíritu, respetuoso de las formas y valiente como ninguno, encarnó el sentimiento reaccionario de su pueblo, al que guió a los combates y comprometió en las más grandes empresas.”

Hernán F. Gómez

Sello de Corrientes, usado durante el período artiguista.


San Carlos

“Prisioneros 323 hombres, 290 mujeres y niños, muriendo en el combate 300 personas de ambos sexos, una heridas por nuestras armas, otras en el incendio de la Iglesia.”

Manuel Joaquin 
Almeida Coelho

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Debo prevenir a V.E. que antes de efectuar esta grande obra abrí negociaciones con el Portugues (...) Por si la división de Sotelo y los restos de Andrés Artigas cargasen sobre esta provincia tengo también concluidas las negociaciones con el Paraguay; de manera que a mi consideración nada hay que temer por estos puntos interiores.”

Vedoya a Pueyrredón, Corrientes, 19 de junio de 1818

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Tranquera de Loreto 
Antiguo zanjón hecho en tiempo de los jesuitas que unía la laguna del Iberá con el Paraná donde hoy está emplazada la localidad correntina de Ituzaingó. Servía para contener el paso de ganado.

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Andresito
“... a distancia de una legua emprendió su marcha a pié y sin sable; precedido de su escuadrón de caballería, con los dos cañones que perdió Vedoya y de retaguardia un batallón de infantería y un piquete de caballería, llevando en el centro las dos banderas de su ejercito.”

Memorias de Pampín

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Melchora Caburú
“La esposa de Andrés era una mujercita muy modesta y afable, y más bien bonita”.

Jane y Ana Postlewaite

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Fermín Félix Pampín
Autor de unas “Memorias” que sirvieron al historiador correntino Manuel Florencio Mantilla como fuente informativa de los sucesos de 1818-19.

Tropas misioneras 
marchando hacia Corrientes con la bandera tricolor.


Pedro Campbell
De orígen irlandés abrazó la causa del Protector de los Pueblos Libres. Andresito en 1818 lo convirtió en su comandante de Marina. Con su flotilla llegó a Santa Fé derrotando y obligando a retirarse a la escuadrilla porteña. En 1820 entablada la lucha entre Ramírez y Artigas, a fines de julio es vencido en el río Corrientes por la escuadrilla de Monteverde. Hecho prisionero, fue remitido al Paraguay donde falleció años después.

Campana de la antigua reducción 
de San Nicolás (Misiones Orientales), actualmente en la ciudad de Paysandú (R.O. del Uruguay)


Los Guaraníes Llegan a Corrientes 
Eran, para Mantilla (historiador correntino) “un conjunto aterrador y repugnante: una indiada poco menos que desnuda, sucia y fea, y de aspecto feroz”, que sumió a Corrientes en la “barbarie”. En cambio para las inglesas hermanas Postlethwaite -testigas de su permanencia en Corrientes- eran “una raza de hombres inofencivos, amables y de índole benigna. En su mayoría sabían leer y escribir y tocaban algún instrumento”.


Acabo de saber que ese ilustre Cabildo Gobernador no tiene bandera tricolor... Este descuido yo atribuyo a inadvertencia... el Sr. Comandante (Andrés Artigas) tal vez no lo conceptuará así...”

Pedro Campbell al Cabildo de Corrientes, 18 de agosto de 1818


Un Gobierno Sabio Desde su Campamento Volante, en las lomas de Caá Catí, el 14 de julio, Andresito se dirigía con un Bando al Cabildo de Corrientes, en el que exigía la instalación de “un gobierno sabio, justo y prudente, que a más de consultar vuestros derechos (del vecindario) en común y pública felicidad, cuidará también de vuestra seguridad individual, y particulares intereses queden suficientemente garantidos.”

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De Andrés Artigas, coronel y Comandante que fue nombrado por el Jefe Principal de la Banda Oriental Don José Artigas, de los quince pueblos de Misiones (...) Preciso volverme a mi país natal, y recogerme al abrigo de los míos, ocurro lleno de verdadera necesidad al paternal corazón de V.E. para que se digne proporcionarme algún auxilio que pueda cubrir mi desnudez, y emprender dicho viaje, pues de lo contrario me será imposible sin recibir auxilio del que siempre llamé Padre, Don José Artigas a quien debo mi educación, pues como tal me ha criado.”

Andres Artigas al Conde de Casa Flores, Río de Janeiro 4 de mayo de 1821


Andrés Artigas, por Hugo Viera (prop. J.F.M.).

... su estatura más baja de lo regular. Rehecho como verdadero tape; su vista perspicaz, con viso de taimada; su edad como de 35 años; su instrucción nada común para un indio misionero sin estudios; sabía leer y escribir muy bien y tenía un regular dictado, y mucho mejor que el de el ignorante de su secretario. Este heroe guaraní cuando apenas contaba de 13 a 14 abriles, hizo fuga del pueblo de su naturaleza, e integrándose a la inmensa campaña de Montevideo, se agregó a Don José Artigas...”

Andrés Artigas, según Fermín Felix Pampín en sus Memorias

Con la prisión de este Jefe del Partido Insurgente (Andresito), el cual por dos veces había invadido esta provincia, dejándola totalmente asolada puedo asegurar a V.E. que ahora considero esta frontera libre de ser inquietada, por la prisión y muerte de los principales jefes enemigos.”
Conde de Figueira, San Borja, 26 de agosto de 1819

Andrés Artigas y sus campañas

A menos de un año de haber sido rechazado en Apóstoles, Francisco das Chagas Santos, en conocimiento de que se estaban concentrando tropas para marchar en ayuda de Artigas, resuelve –por tercera vez–, invadir territorio misionero. El 18 de marzo salía de San Borja con una fuerza superior a la de su anterior fracasada campaña: 800 hombres y dos piezas de artillería. El 29 llegaba a la Capilla de San Alonso, donde pernoctaría. El 30 lo tendremos ya frente a San Carlos, donde las fuerzas correntinas al mando de Serapio Rodríguez y las misioneras de Andresito, habían decidido esperarlo. El 31, sin mayor resistencia, ocupará el pueblo y la plaza mientras los defensores se fortifican y atrincheran en la iglesia y el colegio, en espera de refuerzos. Al otro día un primer intento de ocupar el colegio, es rechazado. El 2 de abril la situación se volverá en contra de los sitiados, ya que Chagas tendrá su primer éxito al rechazar y vencer a la columna de correntinos que, al mando del capitán Aranda, había venido en auxilio de la población; encontrando este último, la muerte en la acción. El 3, favorecido por los focos de incendio que se habían producido y el estallido del polvorín que ocasionara numerosos muertos y heridos, se realiza el asalto final. El trance de morir quemados obligará a muchos a rendirse, mientras otros, en un recurso de riesgo extremo, intentan una salida buscando romper las líneas enemigas. Entre ellos, posiblemente, el propio Andrés Artigas que, según Martín de Moussy, logra escapar con sus mejores tropas.
Cuatro días duró este combate, considerado uno de los más violentos y reñidos entablados entre misioneros y portugueses, en el que los guaraníes demostraron su tenacidad y valor, pudiendo decirse otro tanto de los correntinos que los acompañaron en la ocasión. 
Después de remitir a San Borja a los prisioneros y destruir todo lo quedaba en San Carlos, Chagas hará otro tanto en Apóstoles, cuando por allí pase, el día 7, de regreso a su cuartel general, adonde llegará recién el día 20.
El 5 de abril, Vicente Tiraparé informaba a Andresito “haber avanzado” a ciento cincuenta paraguayos armados, a los que puso en fuga, obligándolos a abandonar las familias que intentaban pasarlas al otro lado del Paraná. Como vemos, aprovechando la presencia portuguesa, los paraguayos repetían la acción del año anterior pero, como entonces, nuevamente serán expulsados y Candelaria liberada.
Andresito, instalado en la Tranquera de Loreto, se aproximará a la capilla de Santo Tomás tratando de persuadir y reunir a los distintos grupos de naturales, dispersos en los montes, mientras se rehacía de 400 caballos pedidos a Caá-Catí, para montar a sus vanguardias que estaban en el paso de Concepción y en el de Santa María.
El comandante guaraní planeaba nuevamente incursionar en territorio portugués, buscando vengar los anteriores agravios. Para ello había pedido al gobernador Méndez 600 hombres armados, y éste dispuso que Francisco Vedoya, que se encontraba con una fuerza de observación en la zona de Itatí, se le uniera. Vedoya no sólo dilató la orden, sino que tampoco la cumplió, pronunciándose contra Méndez y destituyéndolo. El que no titubeó fue Pantaleón Sotelo, que desde Asunción del Cambay llegó con su división para sumarse a Andresito.
Anoticiados de los sucesos de Corrientes, el 4 de junio, tras una junta de guerra, los misioneros resuelven seguir el proyecto inicial de marchar contra los portugueses. Llegarán el 19 al Paso de Santa María y esa misma noche la división de Sotelo comienza a pasar el Uruguay. El 20, a la madrugada, son advertidos por la fuerte guardia enemiga, iniciándose un combate que dura más de 8 horas, con un saldo de varios muertos y heridos. La llegada de refuerzos enviados apresuradamente por Chagas, los obligan a replegarse.

La campaña de Corrientes
El golpe de estado que derribó a Juan Bautista Méndez del gobierno de Corrientes, se concretó el 24 de mayo de 1818. No fue un hecho aislado; respondía a una maniobra dirigida desde el Directorio para sustraer a la provincia de la influencia artiguista. Si bien el golpe lo debía producir Elías Galván, José Francisco Vedoya, que con sus fuerzas de observación se encontraba en la frontera norte, se adelantó a los acontecimientos y es él el que ocupa Corrientes deponiendo a Méndez y haciéndose nombrar gobernador.
Dispuesto a ayudar a Méndez, ya a principios de julio el Comandante General de Misiones, con sus tropas, se hallaba en territorio correntino. Ante las noticias de su avance, Vedoya sale de Corrientes y se instala en Saladas, desde donde hace avanzar contra el jefe guaraní, al sargento mayor Francisco Casado.
El 14 de julio éste tendrá un primer encuentro en las lomas de Caa Catí con los misioneros quienes, en un permanente movimiento de montoneras, dejan a su contrincante con las municiones agotadas, confundido y equivocado, en cuanto al resultado de la acción.
La llegada de las fuerzas misioneras guaraníes sorprendió a los habitantes de Corrientes. El capitán Escobar, enemigo de Vedoya, intentará un acuerdo con el Cabildo para reponer a Méndez. Todos procuraban evitar la intervención de tropas extrañas en la provincia, por lo que se convocó para el 23 de julio un congreso para elegir gobernador. Éste nombró gobernador propietario a José Francisco Vedoya y encargó la redacción de un Reglamento Provisorio Constitucional. Escobar, vencido por Vedoya, debió refugiarse en Curuzú Cuatiá. No faltaron actos de represalia contra quienes se habían resistido a tomar las armas contra los artiguistas y habían ayudado a Escobar. Los indios de Las Garzas fueron masacrados y el pequeño pueblo fue incendiado y destruido totalmente.
Casado retornará a Saladas, mientras Andresito, a quien se le había unido la división de Sotelo, ocupaba Caá-Caty. A fin de mes ya lo tendremos en las cercanías de Saladas. El 2 de agosto se produce el definitorio encuentro en que las fuerzas de Casado y Vedoya son derrotadas completamente por las llamadas “Fuerzas Libres Occidentales Guaraníes”. Las mismas tenían comandando el ala derecha o vanguardia a José López, alias Lópes Chico; en el centro al propio comandante general Andrés Artigas, y a la izquierda a Pantaleón Sotelo.
Los jefes derrotados huyen hacia Corrientes y, acompañados por Elías Galván y otros elementos del patriciado correntino, se embarcan rumbo a Buenos Aires. Autodisuelto el Congreso Provincial, el Cabildo dispondrá el envío de una diputación, de la cual formará parte el ex-gobernador Méndez, para interceder ante Andresito, por la población que se encontraba presa de pánico ante las desfiguradas versiones que circulaban.
El 16 de agosto, el reciente nombrado comandante de Marina Pedro Campbell, conjuntamente con Pedro Sánchez Negrete, al frente de 100 naturales, entrará a Corrientes para organizar la recepción de Andresito. Viendo que el Cabildo no disponía de pabellón artiguista, llamará la atención al mismo.
El 21 de agosto Andresito, ordenadamente, hacía su entrada a Corrientes, a pie y desarmado, precedido y seguido por sus tropas y enarbolando banderas tricolores. Es recibido por el Cabildo. Luego, al arribar a la capilla de la Cruz de los Milagros, descansará escuchando himnos religiosos. En medio de música, salvas y repiques, llegará a la Iglesia Matriz, donde será recibido por el vicario con la clerecía, comunidades religiosas y la población, asistiendo a un solemne Tedéum, cantado por el capellán de su ejército, fray Tomás Félix Hernández. Concluido el acto religioso, seguido de su séquito, dará vuelta a la plaza, posesionándose de la ciudad y acuartelando después a sus tropas.
Es indudable que la entrada a Corrientes de Andresito fue un espectáculo pintoresco y colorido que, sin lugar a dudas, llamó la atención de quienes la presenciaron. Pero, desde entonces, la conducta del jefe misionero y de sus hombres será juzgada bajo dos ópticas distintas, producto de dos formas diferentes de encarar la realidad social, que representaba la irrupción de las masas guaraníes en una patriarcal sociedad. 
Andrés Artigas se convirtió, por obra de las circunstancias, en Comandante General de Misiones y de Corrientes. Como tal ejerció el poder político y militar que la función implicaba. Entre sus primeras disposiciones, tenemos la del 10 de agosto ordenando la requisitoria de armas y luego la del 22 que disponía la apertura de las casas de comercio. El 28 dispondrá la devolución de los indios misioneros traídos por Vedoya y que habían sido repartidos para el servicio doméstico; también, en la misma fecha, el cierre de los puertos para los buques que no pertenecían a la confederación. El 5 de septiembre ofrecía un indulto general.
A fines de septiembre reponía con el cargo de Coronel, a Juan Bautista Méndez como Gobernador Intendente, siguiendo instrucciones de Artigas. El 26 de octubre procedía a reorganizar el Cabildo y la administración correntina, renovando las autoridades de la campaña. Controló las actividades de la Tesorería de Rentas y organizó la llamada “Tienda del Ejército Guaraní”.
En lo específicamente militar, debemos destacar el rechazo al ataque paraguayo a la ciudad de Corrientes, efectuado los días 10 y 11 de octubre. El envío, en ayuda a Santa Fe, de la escuadrilla comandada por Campbell y el fuerte contingente misionero a las órdenes de Francisco Javier Sití. En la capital santafesina, el comandante de Marina artiguista, se enfrentará a la escuadra porteña comandada por Ángel Hubac, obligándolo, tras un encarnizado combate, a levantar el bloqueo a la ciudad y retirarse.


 Ruinas de San Carlos (Corrientes). Restos de la población destruida
 por Chagas luego de la batalla del mismo nombre que se desarrolló
 del 30 de marzo al 3 de abril de 1818.
 

La derrota de Andresito en Itacurubí
En marzo de 1819, Andresito, por disposición de Artigas organizará nuevamente su ejército con el fin de iniciar un nuevo intento ofensivo sobre las Misiones Orientales.
El 23 abandona Corrientes, poniéndose al frente de las divisiones misioneras de Tiraparé, Mbaibé, Uré y Sotelo, su segundo. Con estas divisiones, más las correntinas al mando de Sánchez Negrete, marchará por la parte norte del Iberá y los destruidos pueblos misioneros, buscando el cruce del Uruguay. No irán con él todas las tropas guaraníes; parte de ellas, con Abiaró, quedan para sostener al repuesto gobernador correntino Méndez, y otras, con Sití, ayudando en Santa Fe.
Entre tanto, en Asunción del Cambay, Manuel Cayré aprontaba una división para, desde el sur y por la zona de La Cruz, tratar de cruzar el Uruguay, buscando la unión de sus fuerzas con las de Andresito, para marchar sobre Santa María en conjunción con los movimientos que por el sur realizaría Artigas, según el plan acordado.


 Vista del puerto de Corrientes a mediados del siglo XIX. Grabado de
 Page.

Con el espíritu no quebrantado a pesar de los años de lucha, con el ardor y valor de siempre, Andresito cruza a fines de abril el río Uruguay con 1.600 a 2.000 hombres, tomando y fortificándose en el pueblo de San Nicolás el 29 de abril. Un sorprendido Chagas, su eterno enemigo, trata el 9 de mayo de recuperar la plaza. Es rechazado y derrotado, sucumbiendo asimismo en la acción el jefe de infantería portuguesa, el teniente coronel Diego Arauche.
Mas, había llegado el ocaso para los guaraníes. No sólo vendrán a socorrer a Chagas y detener esta segunda invasión el coronel José de Abreu, con 800 hombres, sino también el propio capitán general de Río Grande, el Conde de Figueiras. Andresito, que peligrosamente había dividido sus fuerzas, sin poder establecer contacto con Cayré ni con Artigas, es sorprendido y derrotado por Abreu, el 6 de junio en Itacurubí; revés en el que cae prisionero Sánchez Negrete. El 11 de junio, las tropas que había dejado en San Nicolás, se ven obligadas a dejar la plaza ante el avance del Conde de Figueiras. Parte de ellas son alcanzadas en el Paso de San Isidro. A su vez, Vicente Tiraparé tiene un encuentro con los portugueses en Santo Cristo, perdiendo la vida en la acción. El remanente de las tropas misioneras correntinas, trata de repasar al Uruguay por distintos puntos y es así que el 24 de junio, en el paso de San Lucas, Andresito fortuitamente es sorprendido por una partida que lo toma prisionero.


 Fortaleza de Santa Cruz (Rio de Janeiro). Celdas donde estuvieron
 prisioneros Manuel Artigas, Fernando Otorguez, Fray José Acevedo
 y posiblemente Andresito, antes de ser trasladado a la fortaleza de la
 Lage, donde permaneció incomunicado durante un año y cuatro
 meses.

El fín de Andresito
Cuando el 24 de junio de 1819 cae prisionero de los portugueses el Comandante General de Misiones, luego de su última y fracasada invasión, se cierra una etapa crucial de la lucha que por más de cuatro años sostenían los guaraníes misioneros, tratando de mantener la integridad territorial e institucional de los quince pueblos entre el Paraná y el Uruguay, y recuperar los siete orientales.
Enviado a Porto Alegre, al poco tiempo –el 30 de septiembre–, será embarcado a bordo de la zumaca “Catharina”, conjuntamente con su consejero y compañero, el franciscano fray Acevedo –quien había caído prisionero el 5 de junio cerca del pueblo de Rocha–, para ser remitidos a Río de Janeiro y confinados en esa plaza, tal como ocurriera anteriormente con otros prestigiosos jefes artiguistas: Lavalleja, Otorgues, Manuel Artigas, entre otros.
Llegado a fines de 1819, debe haber sido destinado junto con fray Acevedo a la Fortaleza de Santa Cruz, donde ya se encontraban Manuel Artigas y Otorgues; pero al poco tiempo es trasladado al Fuerte de la Lague, inhóspito islote rocoso enclavado en la entrada de la Bahía de Guanabara, donde permaneció un año y cuatro meses en prisión incomunicado. Es evidente que la natural rebeldía del caudillo guaraní habrá contribuido a que, con respecto a él, se tomaran providencias más estrictas que con los demás prisioneros.
A principios de 1821, consolidado en la Banda Oriental el triunfo de las fuerzas lusitanas que habían comandado Lecor, Curado y Viana, a más de haber desaparecido del escenario político-militar el caudillo oriental José Artigas, cautivo de los paraguayos desde el año anterior, las condiciones a las que estaban sometidos los prisioneros fue cambiando poco a poco, y paulatinamente fueron liberados y pudieron regresar a sus hogares.
Esa liberación fue merced tanto a la intervención de los funcionarios portugueses interesados en obtener su concurso, tal el caso de Lavalleja, como así también por gestiones realizadas por el ministro español ante la Corte de Río de Janeiro, el Conde de Casa Flores, tratando de ganarse para la causa española a Otorgues, Fray Acevedo y el propio Andrés Artigas, entre los más conocidos.
Lamentablemente, Andresito no pudo cumplir con su sueño de regresar al terruño natal. Días antes del 17 de junio, fecha en la que debía embarcarse con el padre Fray José Acevedo y otros oficiales y soldados liberados, con destino a Arroyo de la China, a raíz de una riña mantenida con soldados ingleses, es nuevamente encarcelado. El Conde de Casa Flores realizará nuevamente gestiones para obtener su libertad, pero esta vez sin mayor entusiasmo, ya que se daba cuenta que los artiguistas, por más que habían jurado la constitución española, lo habían hecho únicamente para lograr ser liberados. Si bien la autoridad portuguesa se comprometió a considerar el pedido, no hay constancia de los resultados, y la tradición nos indica que el caudillo guaraní falleció tiempo después, en el lugar de su último confinamiento: la Isla de Cobras.
Triste final para quien, por casi un lustro, supo defender sin claudicar la integridad territorial de su provincia, buscando que sus connaturales gozaran de los mismos derechos y libertades que los demás americanos. Qué coincidencia histórica la de su muerte, que lo mismo que las circunstancias de su nacimiento, son interrogantes que todavía faltan desentrañar.

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Misiones, la ruta comercial del Paraguay
La dispersión final
Corrientes ocupa los territorios de las misiones meridionales
Los guaraníes misioneros, un destino de integración social
La herencia secular
Bibliografía
Fuentes documentales

Los Autores
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