Domingo 31 de Julio de 2011

La Herencia Misionera

"... He puesto mi ejército delante del portugués, sin recelo alguno, fundado en primer lugar, en que Dios favorecerá mis sanos pensamientos, y en las brillantes armas auxiliares y libertadoras, sólo con el fin de dejar a los pueblos en el pleno goce de sus derechos, ésto es para que cada Pueblo se gobierne por sí, sin que ningún otro español, portugués o cualquiera otra provincia se atreva a gobernar... Yo vengo a ampararos, vengo a buscaros. Porque sois mis semejantes y mis hermanos, vengo a romper las cadenas de la tiranía portuguesa, vengo, en fin, a que logréis vuestros trabajos y daros lo que los portugueses os han quitado en el año 1801...”

Andresito a los Pueblos de las Misiones Orientales

"... estos territorios 
son de los naturales misioneros, a quienes corresponde el derecho de gobernarlos, siendo tan libres como las demás naciones."

Andresito a Chagas, 25 de septiembre de 1816


Para Ubicarse

Paso de Itaquí: paso en el río Uruguay, entre la actual ciudad brasileña del mismo nombre y la argentina Alvear.
Los 7 Pueblos: San Borja, San Nicolás, San Luis, San Lorenzo, San Juan, San Miguel y Santo Angelo

Según el plan que anteriormente expuse a usted, Miño con su guarnición debe guarnecer Concepción y la costa del Uruguay arriba. Usted en el centro de Santo Tomé, y Sotelo el departamento Yapeyú. Puestos en esta forma, y arreglada toda la gente, no hemos precisamente aguardar que ellos nos ataquen, debemos penetrarnos a su territorio para asegurar un golpe …”

Artigas a Andresito,
3 de julio de 1816


Brigadier Francisco das Chagas Santos
Comandante militar y Administrador General de las Misiones Orientales, desde mayo de 1809 hasta fines de 1820. Llegó a ser presidente de la provincia de Rio Grande del Sur en 1837. Nació en Río de Janeiro el 17 de septiembre de 1763 y falleció en 1840.
.

15 de octubre de 1817: Nuestro destacamento de San Fernando, en el río Uruguay (Misiones), comandado por José Jardín, es atacado y vencido por los partidarios de Artigas. El destacamento se componía de 45 hombres; quedaron muertos o heridos y prisioneros, 31”

Barón de Río Branco, Efemérides brasileñas


... Yo jamás he desconfiado de mis hermanos aun cuando hayan hecho rejunta de gente, porque me parece que las armas se obtienen no para los propios sino para los enemigos.”
Andresito al gobernador de Corrientes, 
15 de abril de 1816

u

Me quitarán la vida por justiciero y perseguidor de la iniquidad, pero no por traicionero.”
Andresito a José Artigas, 24 de abril de 1816

u

En ningún tiempo mejor que ahora debemos todos los hijos de la patria hacer mayor esfuerzo en obsequio de nuestro País y si así no lo verificacmos, se perderá todo lo trabajado...”

Andresito al Comandante de Curuzú Cuatiá,
23 de enero de 1817


Carga de caballería, detalle del cuadro de Hugo Viera.

Andrés Guacurarí y Artigas
y el intento de recuperación de los siete pueblos

Desde que los siete pueblos de las Misiones Orientales fueron ocupados por los portugueses en 1801, muchos fueron los proyectos que se elaboraron para su recuperación; mas ninguno llegó a ser llevado a la práctica. Producida la Revolución de Mayo de 1810, esta idea seguirá latente, no sólo en el plan militar elaborado por José Artigas y elevado al Triunvirato en febrero de 1812, sino también en sus conocidas “Instrucciones del año XIII”.
En 1816, como una forma de contrarrestar la invasión portuguesa a la Banda Oriental, luego de haber organizado a los pueblos de su protección para su defensa, Artigas concibirá un novedoso plan. El mismo consistirá en una contrainvasión al territorio enemigo, en el cual el Comandante General de Misiones tendrá un importante papel que cumplir.
Ya a principios de año, Andresito se retiraba de Candelaria y se situaba en Santo Tomé, cubriendo desde allí, La Cruz y Yapeyú. En observación de los paraguayos y cuidando la frontera del Paraná, quedaba el Capitán Miño. Hasta mediados de año, Andresito permanecerá vigilante, aumentando y armando sus fuerzas, las que se verán incrementadas con la posterior llegada de Miño y sus hombres, que se instalarán en Concepción, y de Pantaleón Sotelo, enviado por Artigas para reunir la gente del departamento de Yapeyú a cuidar la costa abajo del Uruguay. Entre las interesantes medidas adoptadas, tenemos que contabilizar la instalación de un taller de reparación de armas en San Carlos y una fábrica de pólvora en Concepción.
El 12 de septiembre, Andresito traspone el Uruguay por el paso de Itaqui, produciéndose el primer enfrentamiento con las guardias portuguesas que intentan impedir el cruce. Al día siguiente logra la victoria de San Juan Velho y, el 16, la de Rincón de la Cruz, triunfos que jalonan la marcha a San Borja, cuartel general del brigadier Francisco das Chagas Santos, de ahora en más su eterno rival. El 21 llega a dicha población, iniciando su sitio mientras espera refuerzos para su asalto final.
Las tropas misioneras se componían de 1.500 a 2.000 hombres, la mayoría armados únicamente con lanzas y contando solamente con dos bocas de fuego. La defensa de San Borja estuvo a cargo de 200 efectivos portugueses, casi la mitad pertenecientes al Regimiento de Santa Catalina, armados con bayonetas, 14 cañones y varias compañías de milicianos guaraníes, a excepción de la compañía de Vicente Tiraparé, que al comienzo de las hostilidades se plegó a la causa de Andresito.
Ese mismo 21, Sotelo trata de cruzar el Uruguay desde Yapeyú, siendo impedido por la oportuna llegada del teniente coronel José de Abreu. Éste, con una respetable fuerza, había venido en socorro de Chagas buscando impedir la reunión de las fuerzas misioneras, las que, luego de la pretendida toma de San Borja, debían tratar de unirse con las de Artigas. Recién el 24 pudo, más al norte, realizar el cruce, retardándose de esta manera los auxilios esperados. Abreu, el 26, logra pasar el Ibicuy y, en distintos encuentros, consigue desbaratar partidas de Sotelo, llegando el 3 de octubre a San Borja, día elegido para dar el asalto final a la plaza. La llegada sorpresiva de Abreu, con 650 hombres de tropas veteranas y dos cañones, fue providencial para los sitiados portugueses, que ya se encontraban a punto de rendirse. 
La batalla que se entabla adquiere dramáticas características; se lucha denodadamente y, no obstante el heroico desempeño de las fuerzas guaraníes, éstas se ven obligadas a levantar el sitio y repasar el Uruguay, dejando tras de sí –como testimonio de la intensidad con que se combatió–, pocos prisioneros y centenares de muertos.
Esta primera campaña del Comandante General de Misiones, no debe ser vista exclusivamente como una contrainvasión destinada a impedir la que estaban realizando los portugueses a la Banda Oriental, sino también como la oportunidad de los guaraníes misioneros de recuperar parte del solar nativo que les fuera usurpado en 1801.


 Destruídos y saqueados los siete pueblos de la margen occidental del
 Uruguay y saqueados únicamente los pueblos de Apóstoles, San
 José y San Carlos, dejando hostilizada y arrasada toda la campaña
 adyacente a los mismos pueblos por espacio de cincuenta leguas...”
 Informe de Chagas, 31 de marzo de 1817.

 Por las partes que V.S. me adjunta advierto que no era mayor la
 distancia en que se hallaba el Comandante Esquivel y pudo haber
 auxiliado los esfuerzos de Mbaybé y no dejarlo solo en su empeño y
 retirada.”
 Artigas al Cabildo de Corrientes, 18 de febrero de 1817.

La destrucción de las Misiones Occidentales 
Favorecido por las derrotas que en otros frentes de batalla –Arapey el 3 de enero de 1817 y en Catalán el 4–, sufrieran las fuerzas del General Artigas en la Banda Oriental, Francisco das Chagas Santos pasará a la ofensiva. Cumplirá órdenes recibidas anteriormente de “atacar en viva forza os povos dos insurgentes, arruinarlos e queimarlos”, así como de proceder al extrañamiento de sus habitantes, privando de esta manera al caudillo oriental de los recursos que la Provincia de Misiones podría facilitar.
El 14 de enero se pone en marcha desde San Borja con 11 canoas, 9 carretas, 5 piezas de artillería y 550 hombres, con la finalidad de atacar a Andrés Artigas, que se encontraba en La Cruz.
El 19 cruzará el Uruguay por el paso de Itaqui. Su vanguardia al mando del teniente Carvalho, detenida por fuego de artillería es obligada a trabarse en combate por el escuadrón al mando del capitán Vicente Tiraparé. La misma sorteará el inconveniente gracias a la oportuna llegada de refuerzos.
Andresito, que en un primer momento trató de contrarrestar la invasión “hechando más partidas”, ante la superioridad de las fuerzas enemigas se retira a Yapeyú y, desde allí, no sólo con su tropa sino también con la población que logra salvar, al Paso del Rosario, en el Miriñay, en los límites con Corrientes. El 20 Chagas ocupa La Cruz sin oposición, enviando a Yapeyú al mayor José María da Gama Lobo, con 330 hombres de caballería, los que encuentran la población desierta y la ocupan el día 21. Partidas enviadas en persecución del jefe guaraní, regresan sin haber alcanzado mayor éxito que el arreo de caballos y la destrucción de chacras en la campiña.


 Apóstoles, sitio donde el 2 de julio de 1817, los misioneros guaraníes
 rechazan a Chagas y lo obligan a retirarse.

La oportuna retirada de Andresito, perfectamente explicable y comprensible, –ya que no hacía más que obedecer las órdenes recibidas reiteradamente del General Artigas, de no arriesgar nunca una operación si no se estaba seguro del resultado–, no sólo le permitió salvar su tropa, sino también gran parte de la población, aunque no los pueblos.
Verificada su retirada al Miriñay, poco a poco irá reuniendo las diversas partidas y grupos humanos que logran escapar del vandalismo practicado por quien posteriormente será recordado como el “Atila del Uruguay”, no sólo quemando y destruyendo las poblaciones misioneras, sino trasladando al otro lado del río sus bienes y habitantes. No obstante ello, en los primeros días de febrero, el Comandante General de Misiones podrá anunciar tener ya reunidos “más de 1.000 hombres”.
Al mismo tiempo que Chagas iniciaba su invasión al sur misionero, el comandante de San Nicolás Elías Antonio de Oliveira, con 200 milicianos, cruzaba el Uruguay por el Paso de San Isidro el 17 de enero y, luego de derrotar el pequeño destacamento de San Fernando, continuará hasta el pueblo de Concepción, el que es saqueado y reducido a cenizas el día 19.
Destruidos La Cruz y Yapeyú, el jefe portugués remontará el Uruguay, llegando a Santo Tomé el día 31. En esta población abandonada por sus habitantes encontrará únicamente a su viejo corregidor acompañado de cuatro indios. Desde allí se destacará al ayudante Manuel José de Mello para proceder a la destrucción de Santa María, San Javier y Mártires.
El 1º de febrero se reunirá con Chagas la partida del teniente Luis de Carvalho, con 600 animales, entre caballos, mulas y vacunos, producto del saqueo realizado en la campaña. Al otro día, Carvalho, con hombres escogidos y armados, será enviado a atacar y destruir lo que quedaba, exceptuando los pueblos de la costa del Paraná, reclamados por el Paraguay, a los que no se debía infrigir el menor daño.
El comandante de Candelaria Ignacio Mbaybé, al no poder intentar reunirse con su gente, con Andresito en su cuartel del Miriñay por tener los caminos del sur ocupados por los invasores, resuelve correrse a los límites occidentales de Misiones con Corrientes, estableciendo su cuartel en Ibiritingay en espera de ayuda por parte de los correntinos. El teniente Carvalho, luego de una escaramuza en la Tranquera de Loreto, el 9 de febrero, donde sorprende a 20 hombres que trataban de reunirse con Mbaybé, al proseguir su marcha, tiene un encuentro con éste, quien con unos 100 hombres había salido a enfrentarlo. Tras media hora de lucha, el jefe guaraní se repliega a Ibiritingay donde sus fuerzas –estimadas por los portugueses en 270 hombres–, son derrotadas y obligadas a ponerse en fuga con pérdida de 72 efectivos, lo que nos habla de la magnitud del hecho.
Producida, el 10 de febrero, la derrota y dispersión de la gente de Mbaybé, algunos buscarán refugiarse en la zona de las antiguas estancias misioneras, situadas entre los esteros del Santa Lucía y la laguna del Iberá; mientras que él con otro grupo que lo acompañaba, apremiado por las circunstancias, buscará refugio en la zona de Itatí. La ayuda militar esperada de los correntinos no llegó a efectivizarse, ya que los comandantes fronterizos se encontraban en una especie de entendimiento con los portugueses, destinado a facilitar un golpe que sustrajera a la provincia de Corrientes de la Liga de los Pueblos Libres y de la influencia de Artigas. A mediados de 1818 veremos repetirse esta intentona.

La actitud del Paraguay
Francisco das Chagas Santos, cumpliendo precisas órdenes de sus superiores, se cuidará de no emprender ninguna acción con respecto a los pueblos de la banda oriental del Paraná, que los paraguayos reclamaban como de su pertenencia. Según oficios remitidos al comandante de frontera Rudezindo Castro y al propio Dictador Supremo Francia, ello era “em obsequio da boa harmonia e amizade que subsite entre os governos portuguezes e do Paraguay”.
Ante estas seguridades y anoticiado de la derrota de Mbaybé en Ibiritingay, el comandante Castro pasa tranquilamente el Paraná con dos compañías de milicias y se acuartela en Candelaria, que había sido abandonada, ocupando posteriormente los demás pueblos: Santa Ana, Loreto, San Ignacio y Corpus.
Los paraguayos permanecerán muy poco tiempo en Candelaria, posiblemente hasta mayo cuando, preocupados por el avance desde el sur de Andresito que venía a recuperar los territorios invadidos, vuelven a trasponer el Paraná, no sin antes completar la obra de los portugueses, es decir destruyendo los pueblos y llevándose la población, que luego será distribuida en su territorio.

La retirada de los luso-brasileños 
El 26 de febrero regresó el teniente Carvalho conduciendo tres carretas con yerba, 740 caballos, 130 mulas y 308 reses vacunas, entretanto Chagas ya había repasado el Uruguay el día 13, dejando en la otra margen patrullas de observación. Del territorio misionero, se saquearon y fueron extraídas más de 65 arrobas de plata, muchos y ricos ornamentos, muchas y buenas campanas, 3.000 caballos y más o menos igual cantidad de yeguas, aparte del dinero producto del remate de los animales traídos. Un considerable número de correntinos emigró a raíz de la invasión, a la par que los moradores españoles y guaraníes de la costa occidental del Uruguay, en número de 1.800 almas, con sus pertenencias y se vieron obligados a pasar a territorio portugués.
La población que logra salvarse buscará refugio en los límites con Corrientes, donde nacerán nuevas poblaciones misioneras: Yatebú (Loreto) y San Miguel en el norte, San Roquito y Asunción del Cambay en el sur. Si bien el Comandante General de Misiones al poco tiempo recuperará el espacio invadido, las poblaciones no llegarán a reconstruirse ni repoblarse, y posteriores acciones destruirán lo poco que se había salvado.
Se suele consignar equivocadamente la cifra de 3.190 muertos y 360 prisioneros, como saldo de la invasión realizada a Misiones. La realidad es que estas cifras corresponden a la totalidad de las pérdidas sufridas por Artigas y sus lugartenientes en todas las operaciones de guerra de 1816 y principios de 1817. De acuerdo con los partes portugueses, las pérdidas misioneras no pasan de 200 personas, lo que no invalida el triste resultado: una diáspora y desintegración de las comunidades guaraníes emplazadas entre el Paraná y el Uruguay, además de la destrucción de sus hogares y pueblos.

Batalla de Apóstoles, el triunfo de los misioneros
En marzo, para establecer mejor comunicación con Artigas, el Comandante General de Misiones trasladará su campamento general más al sur, cerca de la barra del Miriñay, donde luego se erigirá la nueva capital misionera Asunción del Cambay. El 12, partidas suyas reconquistan La Cruz, tomando prisionera la guardia dejada por Chagas. Poco a poco, desde el sur, irá recuperando el territorio invadido en coordinación con el desplazamiento del capitán Aranda, enviado con su gente desde Corrientes a cubrir la frontera norte del Paraná. Los paraguayos, ante estos avances, abandonan Candelaria y los pueblos de la costa oriental del Paraná. A principios de mayo casi todo el territorio estaba recuperado, a excepción de algunas guardias sobre los pasos del Uruguay. 
La actividad desarrollada por Andrés Artigas y sus partidas, apoyadas por las milicias correntinas comandadas por Aranda, será intensa durante los meses de mayo y junio; no solamente hostilizando a los portugueses, sino también buscando la reunificación de sus fuerzas, motivo por el cual que lo veremos desplazarse continuamente, instalando su cuartel general ya sea en San Carlos, San José o Apóstoles, que habían sido las poblaciones que menos daño sufrieron.
Informado Francisco das Chagas de esta situación inicia a mediados de 1817 su segunda invasión a Misiones, con una fuerza similar a la empleada a principios de año, creyendo poder repetir su anterior actuación de “llegar, ver y vencer”, lo que esta vez no sucederá, ya que los guaraníes misioneros, habiendo jurado vengar la destrucción de sus pueblos, hogares y expatriación de sus familias, le ofrecerán heroica resistencia y solamente lo dejarán “llegar, ver y volver”.
Chagas llegará a Apóstoles el 2 de julio. Los misioneros, con gran algazara, saldrán a su encuentro enarbolando bandera encarnada, simbolizando que la contienda será total. La lucha que se entabla en las afueras del pueblo es cruenta y encarnizada; la superioridad de las fuerzas portuguesas obligará a los misioneros a replegarse en la plaza del pueblo, buscando luego refugio en el patio del Colegio y en la Iglesia donde, atrincherados vigorosamente, repelen los continuos ataques, entablándose un prolongado fuego de fusilería por ambas partes, con su consiguiente saldo de muertos y heridos.
A primeras horas de la tarde es avistado un cuerpo de caballería que venía al galope desde San José. Era el Comandante General de Misiones resuelto a socorrer a Apóstoles. Le sale al encuentro, con un escuadrón de caballería, al mando de José María Gama, quien –si bien los contiene por unos momentos–, regresa a sus filas y posteriormente todas las fuerzas abandonan el sitio. Es indudable que la heroica resistencia al asalto hizo factible la llegada a tiempo de Andrés Artigas que se encontraba en San José, pudiendo así auxiliar a los sitiados y posibilitar el triunfo de los guaraníes misioneros.
Consolidada la posición de Andresito luego del triunfo de Apóstoles, el 15 de octubre recuperará la guardia de San Fernando y, como lo consignarán Martín de Moussy y el padre Gay, Andresito volvía a ser dueño y señor de las Misiones.

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Bibliografía
Fuentes documentales

Los Autores
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