Domingo 31 de Julio de 2011

La Herencia Misionera

Su mérito (de Andresito) radica en su alta mira de restauración política, en sus afanes y desvelos en favor de sus desamparados hermanos, en la reincorporación a nuestro patrimonio al departamento de Candelaria, en su propósito de reconquistar los pueblos orientales, en la defensa de la integridad territorial de su provincia durante las invasiones extranjeras y en sus denodados esfuerzos y luchas por dejar los pueblos en el pleno goce de sus derechos, defendiendo así el principio federalista, incorporándolo como condición de vida al régimen institucional del país”

Aníbal Cambas

Genaro Perugorría

Nació en Corrientes en 1792. Incorporado como capitán a las fuerzas de Artigas, regresa a su ciudad natal como representante de éste. El 4 de septiembre de 1814, conjuntamente con el Cabildo y el Congreso, se pronuncia a favor del Directorio y en contra del caudillo oriental. Encargado de la Comandancia General de Armas, se enfrentará a las fuerzas artiguistas, siendo finalmente derrotado y hecho prisionero el 24 de diciembre. Considerado traidor, fue fusilado el 17 de enero de 1815.

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El Congreso de Oriente
Llamado también de Arroyo de la China (Concepción del Uruguay), por el lugar en que se realizó. Convocado por Artigas, inició sus deliberaciones el 29 de junio de 1815. Concurrieron diputados de los pueblos que componían la Liga de los Pueblos Libres, lamentablemente, los de Misiones no llegaron a tiempo.

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... incluyo a usted 
para que se entretenga, un cuadernillo descripción de las fiestas mayas en Montevideo. Igualmente remito a usted esa obra de la revolución de Norte América. Por ella verá usted cuanto trabajaron hasta realizar el sistema que defendemos...”
Artigas a Andresito, 20 de junio de 1816 -Uno de los tantos testimonios de la instrucción “nada común” del jefe guaraní.

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Guayabos
(Arroyuelo afluente del Arerunguá en la Banda Oriental). Decisivo combate entre las tropas directoriales comandadas por Dorrego y las artiguistas al mando de Rivera y Bauza. Las primeras, tras la derrota, abandonan la Banda Oriental.

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... por el conducto del Gobernador de Corrientes, puse a usted, hace tres días, las circulares para que mande cada pueblo su diputado indio al Arroyo de la China. Usted dejará a los pueblos en plena libertad para elegirlos a sus satisfacción, pero cuidando que sean hombres de bién y de alguna capacidad para resolver lo conveniente.”

José Artigas a Andresito, 13 de marzo de 1815


Andrés Guacurarí y Artigas, con uniforme de Capitán de Blandengue. Dibujo a pluma de Lucas Braulio Areco.

Andres Guacurarí aparece como producto de acontecimientos remotos que repercutieron hondamente en la vida sentimental de los habitantes de estas comarcas. Él no llega como expresión de un hecho aislado, sino como un reflejo de procesos históricos que generaron su aparición y su encumbramiento, en un momento preciso, como consecuencia lógica de causas determinadas de hechos anteriores”

Felipe Navajas


Fray José Leonardo Acevedo

Franciscano, nació el 5 de mayo de 1787 en Villa del Rosario, Córdoba. De 1812 a 1814 fue cura de Mandisoví. Enrolado en la causa artiguista, acompañó desde 1815 a Andresito, sirviéndolo como capellán de sus tropas y secretario. Cura gaucho, más de una vez dejó la Biblia para empuñar las armas, su actuación más destacada en tal sentido, fue comandar el asalto a Candelaria. Fue consejero y compañero del jefe guaraní, siguiéndolo en 1819 cuando, ambos prisioneros, fueron remitidos a Río de Janeiro. Liberado a mediados de 1821, retornó a Entre Ríos donde se radicó. Fue propuesto por Urquiza para ocupar el cargo de obispo de Paraná. Falleció el 18 de febrero de 1858.

El derecho: ese ídolo y objeto de los hombres libres por quién se ven empapados en su propia sangre, me ha obligado, solicitando ellos nuestra protección á molestar á usted el que se venga á nosotros ó deje ese departamento al goce de sus derechos, repasando usted el Paraná con toda su guarnición, sin el armamento, esto hago por verdadero americano y hermanos que somos, (para) evitar todo derramamiento de sangre entre nosotros, (…) el departamento de Candelaria nadie ha reconocido por frontera de la República, y mucho menos después que sus habitantes desengañados buscan nuestro amparo; el otro lado del Paraná es la frontera de la provincia republicana, desde donde debemos conservar una verdadera armonia y quietud entre provincias hermanas”

Andrés Artigas a José Isasi,
San Carlos, 
11 de septiembre de 1815

Monumento de Andresito en Garupá, el caudillo guaraní mirando hacia el recuperado territorio misionero.


No heche usted en olvido los músicos que le tengo pedidos, ellos deberán venir con sus instrumentos. Así podremos celebrar los triunfos de la patria…”
José Artigas a Andresito, 
23 de septiembre de 1815

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“Compañeros de Armas”
“Vuestro entusiasmo por la libertad de nuestro patrio suelo se ha hecho glorioso en el primer encuentro. El 12 del corriente os cubristeis de gloria (...) Hoy felizmente el cuidado de vuestros pueblos está fiado a vosotros mismos. Estais con las armas en las manos para sostener vuestros derechos, y os haréis dignos de la memoria de vuestros hijos si llenáis este deber.”
Proclama de José Artigas a sus tropas misioneras, 23 de septiembre de 1815

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Celebro haya usted recibido cuanto le llevó la carretilla, y también el sable y la bandera, y cuando ella sea enarbolada que sea para no bajarla con deshonra de los orientales. Viva la Patria y mueran los tiranos”

José Artigas a Andresito, 22 de noviembre de 1815


Bandera de Artigas:
Arerunguá, enero de 1815.


Bandera roja, usada en Apóstoles en 1817 (significando que la lucha será total, sin cuartel).


Bandera de Entre Ríos, Santa Fe y Montevideo (1816).


Bandera de Corrientes, Misiones y Montevideo (1815)

Andrés Artigas
Comandante General de
Misiones

La derrota de Perugorría por las tropas de Blás Basualdo, el 24 de diciembre de 1814, en la Provincia de Corrientes, más la posterior victoria de Rivera sobre las fuerzas directoriales en Guayabos, el 10 de enero de 1815 en la Banda Oriental, determinarán y consolidarán la llamada Liga de los Pueblos Libres.
Esta institución de hecho –ya que no hubo pacto que le diera caracter jurídico–, de la que participarán la Banda Oriental, las provincias del Litoral: Entre Ríos, Santa Fe, Corrientes y Misiones, y momentáneamente Córdoba, reconocerá al caudillo oriental José Artigas como su Protector. Basada en un sistema confederal de gobierno, no implicó de ninguna manera un intento de secesión de las otras provincias del Río de la Plata, pero sí desconocimiento y enfrentamiento por más de un lustro con las autoridades del Directorio.
Desengañado Artigas por la actitud neutralista del Paraguay y por la situación en que habían quedado los pueblos misioneros luego de los turbulentos sucesos del año 14, creyó oportuno nombrar Comandante General de Misiones a una persona capaz, de su entera confianza, que compenetrado de su ideario pacificase los pueblos, restableciese los derechos de los naturales y tratase de recuperar la integridad perdida, para que Misiones –como una Provincia más de la Liga–, contribuyese junto con sus hermanas a afianzar el sistema. Para ello, como diría Martín de Moussy, tenía “un instrumento maravillosamente idóneo para ese papel”: el tape misionero, Andrés Guacurarí, su hijo adoptivo, a quien como tal había criado y educado, permitiéndole incluso usar su apellido.
Originario de San Borja, Andresito nació un 30 de noviembre, de 1778 según algunos autores, cerca de 1783, conforme a otros. Joven se agregó al entorno de José Artigas quien, posteriormente, lo adoptará como su hijo, alrededor de 1796, cuando el caudillo oriental recorría el “lejano norte” de la banda oriental. Sabía leer y escribir correctamente y su instrucción nada común para la época se completará cuando, siguiendo a su padre adoptivo, se incorpore al Cuerpo de Blandengues, donde adquirirá la experiencia necesaria para un día, impensadamente, volver a su provincia natal a gobernarla.
En marzo de 1815, Andresito –como cariñosamente se lo recuerda–, con un corto número de tropa, acompañado de su secretario y capellán, el franciscano Fray José Acevedo, sin contratiempos y con el beneplácito de sus connaturales, se instalará en Santo Tomé. Al poco tiempo, en abril, tendrá ya recuperados los pueblos del departamento de Concepción, que habían quedado ocupados por los paraguayos desde su invasión a fines de 1814. Dispuso, en los mismos, la realización de asambleas electorales, en las cuales, por mayoría de votos fueran elegidos los diputados a ser enviados al Congreso de Oriente o Arroyo de la China, convocado por Artigas.
Se inicia de esta manera el llamado periodo artiguista en la historia misionera, en la cual la figura de Teniente Gobernador es reemplazada por la de Comandante General, más apropiada para un pueblo en armas y en la que sus gobernantes serán sus naturales guaraníes. Desaparecerán las figuras de los subdelegados departamentales y serán revalorizados los caudillos que, con los Corregidores-Comandantes, jugarán un importante papel en esta etapa.

La “custodia” paraguaya de Candelaria
El nombramiento de Andrés Artigas como Comandante General de Misiones no estuvo limitado únicamente a los 10 pueblos de los departamentos de Yapeyú y Concepción, que hasta ese momento habían estado sujetos a las autoridades de Buenos Aires, sino también a los pueblos del departamento de Candelaria que, desde 1811, estaban bajo “custodia” del gobierno de Asunción. Ya a fines de mayo de 1815, el Comandante de las Misiones Orientales, en poder de los portugueses desde 1801, informaba tal circunstancia a sus superiores, oficiando que Andresito había sido enviado como “Tenente Governador ou Comandante Geral do territorios e Povos Guaraníes entre o Uruguay e Paraná”. Es por ello que la orden enviada por el Protector de los Pueblos Libres al comandante guaraní el 16 de julio “apure usted al Paraguay a ver si dejan libre al pueblo de Candelaria y ellos repasan el Paraná que es la línea de su demarcación”, no era una situación circunstancial motivada por el reciente rompimiento con esa provincia, sino que se apoyaba en una realidad geopolítica heredada del tratado del 12 de octubre de 1811.
Luego de su fracasada expedición, desde el punto de vista militar, y tras el estallido revolucionario en el Paraguay, Belgrano firmó un tratado por el cual, en su artículo 4º, se otorgaba a Asunción la “custodia” del departamento de Candelaria, hasta que el Congreso resolviera la demarcación definitiva. Si bien es cierto que el Triunvirato aprobó esa convención, observó el referido artículo “si su verdadero sentido es conceder al Paraguay todo el departamento de Candelaria”.
Ya en septiembre de 1812, Manuel de Sarratea, desde Salto Chico, en un informe reservado al gobierno de Buenos Aires, consciente que la “posesión” de los paraguayos de Candelaria era “solamente precaria y no les confieren las convenciones de los tratados títulos de legitimidad”, consideraba que lo más conveniente era ordenar al Teniente Gobernador de Misiones, que con fuerzas de su mando se posesionase de dicho punto, dando “las gracias al gobierno del Paraguay por el servicio que ha hecho”, es decir, por la custodia.
En 1813, el gobierno porteño enviará a Asunción la llamada misión Herrera, la que tendrá entre sus instrucciones “reclamar enérgicamente sobre la restitución de Candelaria, trayendo a la vista los motivos y términos de la retención pactada provisoriamente en la convención celebrada”; como sabemos, esta misión fracasó y el reclamo ni siquiera pudo ser presentado. 
Posteriormente, al dictarse el 10 de septiembre de 1814 el llamado decreto Posadas, en relación a la nueva Provincia a crearse con “la ciudad de Corrientes y los pueblos de Misiones con sus jurisdicciones respectivas”, es interesante notar que se fijará como límites “al Norte y el Oeste el Río Paraná, desde la línea divisoria con los dominios portugueses”, y determinaba que en “tiempos de guerra” el gobernador intendente residiría en Candelaria.
Artigas, sin lugar a dudas, estaba en conocimiento de los derechos misioneros sobre Candelaria y de los antecedentes del convenio celebrado; de ahí que la orden dada de obligar a los paraguayos de repasar el Paraná no debe verse como un intento de invasión, sino como el de una legítima recuperación de áreas usurpadas.

Recuperación de Candelaria
Si bien entre los naturales misioneros existía conciencia de que el Tebicuarí era la antigua frontera con el Paraguay, ya sea porque así se había convenido en 1811, o bien porque no se quería repetir la triste experiencia militar de Belgrano, al disponerse el avance y ocupación de Candelaria, no se buscará traspasar el Paraná, el cual de esta manera quedará fijado como límite.
Previo al inicio de la campaña, con éxito se había desarrollado una “guerra de papeles”, por la que se había logrado atraer a muchos a la causa pregonada por Artigas, prometiendo que en los pueblos a ser recuperados, se iba a guardar el mismo orden institucional que en los demás, es decir, permitiendo que los naturales se gobernasen por sí mismos, desterrando a los administradores y comerciantes que por años se habían aprovechando de su miseria.
El 25 de agosto, las vanguardias de las tropas misioneras ya habían alcanzado Santo Tomás; en ese punto y en el cercano pueblo de San Carlos, poco a poco se irán concentrando alrededor del medio millar de hombres, comandados por prestigiosos oficiales, que bajo las órdenes de Andrés Artigas, tendrán posteriormente destacada actuación, como Julián Baruyé, Ignacio Mbaybé, Manuel Cayré y Manuel Miño, entre otros.
Ya a principios de agosto, el dictador de Paraguay, Francia, que seguía atentamente los sucesos de la frontera sur, disponía el envío de tropas para reforzarla. A mediados del mes nombraron al capitán José María Isasi como subdelegado de Candelaria, en reemplazo de Francisco Antonio González que había pedido su retiro. Este último, mientras esperaba su relevo, informaba al dictador que a Santo Tomé habían llegado más de cuatrocientos hombres, que habían sido del “difunto Blasito” (Blás Basualdo) y que Andresito pensaba atacar a la mayor brevedad; posteriormente también informará sobre la “ninguna confianza” que se podía tener a los naturales, ya que “éstos eran adictos a Artigas”.
Concentradas las tropas, el 11 de septiembre, desde San Carlos donde se encontraba postrado enfermo, Andrés Artigas, en un último intento de resolver pacíficamente la situación y sin derramamiento de sangre, oficiará al recientemente nombrado comandante de Candelaria José Isasi, invitándole que se le una o deje el departamento, repasando el Paraná con toda su guarnición, pero sin armamento, que ello lo hacía “como verdadero americano y hermanos que somos”, reiterándole que “al otro lado del Paraná es la frontera de la provincia republicana”.
El día 12, el caudillo guaraní enviará a Candelaria doscientos cincuenta hombres entre infantería y caballería, al mando del capitán Manuel Miño, con su compañero el padre Fray José Acevedo, “para que éste le dirigiese en todo, y lo que él dispusiese se hiciera”.
En respuesta al oficio que le habían enviado, el comandante de Candelaria solicitó parlamentar; el padre Acevedo accedió a ello, pero como Isasi pretendía repasar el Paraná “con todo su armamento”, ante esa exigencia y otras de carácter dilatorio, luego de formarse junta de guerra se determinó atacar. Tres horas de encarnizado fuego duró la batalla y luego de un nuevo parlamento, fue aceptada la rendición de la guarnición que había estado defendida por 300 hombres, con todo su armamento y pertrechos de guerra.
Recuperada la antigua capital de Misiones, no solamente serán ocupados –ya sin contratiempos–, los restantes pueblos de la margen oriental del Paraná: Santa Ana, Loreto, San Ignacio y Corpus, sino también el vasto espacio que se extendía hasta los límites con Corrientes, en el Santa Lucía, ocupado por los paraguayos desde 1811.
La reacción de Francia no se hará esperar: concentrará tropas en la frontera e intentará pasar a la ofensiva mediante acciones fluviales en el Paraná. A mediados de noviembre la flotilla paraguaya se hallaba frente a Candelaria, pero no obstante el constante hostigamiento que por dos meses mantuvo alerta a las tropas misioneras, así como a las correntinas con las que Andresito había establecido contacto, los paraguayos no pudieron efectuar ningún desembarco, siendo rechazados en los pocos intentos realizados, obligados incluso a abandonar el paso de Trinidad, frente a Corpus.
Es de lamentar que la recuperación de Candelaria, no obstante la prudencia conque se desarrollaron las acciones, precedidas por diplomáticas gestiones, destinadas a evitar el derramamiento de sangre y por ende, a dejar siempre abierto el camino para que la entonces provincia del Paraguay pudiera integrarse al sistema federal preconizado por Artigas, endureció más la postura aislacionista del Dictador Francia quien, ante la ocupación, hablara de sorpresa, traición, iniquidad del jefe fronterizo, seguiría desconfiando de sus vecinos, creyendo que su neutralismo, respecto a los sucesos del Plata, era lo que más convenía a su pueblo. Posiblemente esto haya sido acertado para el Paraguay, aunque no para la causa americana.
En enero de 1816, convencido José Artigas de que el Paraguay lo único que intentaba era incomodarlo y que no iría a repasar el Paraná, ante el movimiento de las tropas portuguesas ordenaba a Andresito que se retirara de Candelaria, dejando en dicho punto al Capitán Miño con alguna tropa de observación, y se situase en Santo Tomé para cubrir desde allí La Cruz y Yapeyú. Como vemos, para el Comandante General de Misiones una campaña había terminado: la recuperación y defensa de la frontera del Paraná, de la que se retira victorioso; ahora iba a empezar otra, mucho más prolongada, más sangrienta: la lucha con los portugueses, la lucha contra Chagas.

La bandera de Misiones
Tras su victoria en Guayabos, José Artigas, en su cuartel general el 13 de enero de 1815, enarboló e hizo jurar por sus soldados una bandera tricolor, disponiendo que la misma se levante en los demás Pueblos Libres. Ello le será trasmitido al gobernador de Corrientes, José Silva, por su lugarteniente Blás Basualdo. Silva, el día 30, le informaba a Basualdo haber quedado enterado de la voluntad del jefe oriental de que “se fije la bandera tricolor, blanca, azul y colorada”.
Artigas, viendo que sus disposiciones eran interpretadas de distintas maneras, el 4 de febrero al dirigirse a Silva, le señalaba que la misma debía “ser uniforme a la nuestra”, es decir “blanca en medio, azul en los dos extremos y en medio unos listones colorados”. No existe constancia que se haya enarbolado una bandera de estas características en las provincias de la Liga; lo que sí se sabe es que el 26 de marzo, en Montevideo, Fernando Otorgues izaba una con la misma disposición de los colores que la enarbolada en Corrientes. Es dable suponer que Andresito, a su llegada a Misiones a principios de marzo, levantara otra igual.
Recién en 1816, en Montevideo, se usará la azul y blanca cruzada diagonalmente por una franja roja, como las que se izaron en Entre Ríos y Santa Fe. Respecto a Misiones, la tradición señala que se siguió usando la de franjas horizontales, no existiendo dudas que sus colores siguieron siendo los originales artiguistas: blanco, azul y rojo. Entre los numerosos testimonios sobre el particular, tenemos el de la entrada de Andresito a Corrientes en agosto de 1818, “con dos banderas de su ejército” y la observación que días antes Pedro Campbell hiciera al Cabildo de esa ciudad al enterarse que no tenía “bandera tricolor”, señalando que ese descuido no sería bien visto por el Comandante General ciudadano Andrés Artigas”.
Respecto al significado de los colores de estas banderas federales llamadas “de la libertad”, mientras que a la creada por Belgrano se la seguía llamando “de la Patria”, el mismo Artigas nos lo trasmitirá: el blanco signo “de nuestra distinción y grandeza”, el azul “de nuestra decisión por la República”, el colorado “por la sangre derramada para sostener nuestra libertad e independencia”.


 La bandera de Misiones constituye, lo mismo que la vocación
 federalista, un legado que perduró en el tiempo; de ahí que haya sido
 reconocida por la oficial de la Provincia, merced al Decreto 326/92, del
 13 de febrero de 1992 y la posterior sanción de la ley provincial 3102.

 

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Bibliografía
Fuentes documentales

Los Autores
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