Domingo 31 de Julio de 2011

La Herencia Misionera

"...Es conocido el interés de los portugueses...para hacerse dueños del Uruguay...(por ello) debemos mantener este punto en el mejor estado de defensa...."

José Artigas al Tte. de Gobernador de Corrientes, 14 de noviembre de 1811.

Carlota Joaquina De la familia francesa de Borbón. Hija mayor del rey español Carlos IV. Nació en 1775. Muy joven, contrajo enlace con el infante de Portugal, Juan, quien luego reinaría como Juan VI, desde Rio de Janeiro, donde fue trasladada la Corte Portuguesa por la invasión napoleónica a la Península Ibérica. Influyó decididamente en la vida política del Plata, en épocas de la Revolución de Mayo. En 1820 regresó a Portugal. Allí lideró una fuerte ofensiva contra su esposo, Juan VI, apoyando a su hijo Miguel para que ocupase el trono. Falleció en 1830, recluida en un convento por orden del rey.


El Carlotismo en el Plata Se denominó así a la política que planteaba como depositaria de los derechos españoles en el Rio de la Plata a la Infanta Carlota Joaquina por ser hermana de Fernando VII. Esta política tuvo mucho predicamento entre ilustres hombres, como el mismo Belgrano, quien consideraba que la independencia sólo se lograría con su apoyo.

Las Misiones del Sur Las invasiones luso-brasileñas a la Mesopotamia en 1811 y 1812 han sido escasamente tratadas por la historiografía regional. Sin embargo, constituyeron un episodio trascendente que gravitó enormemente en una zona que se encontraba en franco desarrollo económico. Esa región –el sudeste de Corrientes y nordeste de Entre Ríos– fue sistemáticamente depredada por los lusitanos, que utilizaron una política de “tierra arrasada”. El objetivo era el de proteger las operaciones en la Banda Oriental y dislocar el sistema de comunicaciones entre las Misiones y el gobierno revolucionario de Buenos Aires. Esa pujante región invadida en 1811, era habitada por unas 2000 personas, dedicadas a la actividad ganadera. En 1812 se instalaron allí, durante nueve meses, las familias del Éxodo Oriental, que siguieron a Artigas en su retirada de Montevideo. Durante este tiempo el área fue ocupada por unas 16.000 personas que se abastecieron del ganado existente en las estancias del lugar. Los Luso-brasileños en Curuzú Cuatiá Las “razzias” brasileñas hicieron sentir su vandalismo en una amplia región del sur correntino y norte entrerriano. Cuatro tropas veteranas, incorporadas al sitio de Montevideo, constituían la mayor fuerza experimentada de la provincia. El 19 de septiembre de 1811 una columna portuguesa enfrentó y atacó Curuzú Cuatiá, defendida por 500 milicianos, mal entrenados y con pocas municiones. Sus enemigos no eran más de un centenar. Pero la veteranía de las mismas obligó a las fuerzas curuzucuateñas a retirarse tras el río Corriente. La adea fue recuperada a principios de octubre.

Como consecuencia de la presencia portuguesa en Montevideo, José Artigas junto con la mayoría de la población rural de la Banda Oriental inició el famoso Éxodo hacia Salto Chico, actual ciudad de Concordia. Los orientales abandonaron sus casas, sus estancias y con sus pocos muebles apilados en carretas tiradas por bueyes confiaron su libertad en aquel líder.

Elío, un Virrey sin Poder Nacido en Navarra en 1766, Francisco Javier de Elío, fue enviado en 1806 a Montevideo como Comandante de Campaña, para liberar la zona del dominio británico, en las invasiones de ese año al Rio de la Plata. Su gran desempeño en la Defensa de Buenos Aires, en julio de 1807, le valió el cargo de gobernador de Montevideo. En enero de 1811 fue nombrado Virrey del Rio de la Plata, autoridad que no pudo ejercer por la resistencia de los territorios emancipados en 1810. En 1812 volvió a España donde fue ajusticiado en 1822 por su lucha en contra de las reformas liberales de la península.


Glosario

Razzias: saqueo, robo, correría. Utilizado como estrategia bélica para disimular las verdaderas intenciones de conquista.

Luso-brasileños: portugueses nacidos en Brasil. Simones: carretas con cargas de yerba o tabaco

Rocamora, Fundador de Pueblos Don Tomás de Rocamora, militar de origen nicaragüense, de brillante desempeño administrativo en el Plata, fue gobernador de Misiones a partir de 1809. Pero a ese cargo llegó precedido de notables tareas previas, como la fundación de las primeras tres villas entrerrianas. Enviado por el virrey Vértiz, quien realizó una gran obra urbanizadora en la región fronteriza con Portugal, a la “Rinconada Grande del Paraná y el Uruguay”, (a la que denominó Provincia de Entre Ríos), en agosto de 1782, Rocamora realizó un minucioso informe acerca de la realidad socio-económica de esta región. Como resultado, propuso la creación de cinco villas. Aprobado este plan de poblamiento, en 1783, Rocamora fundó inicialmente tres de ellas: Gualeguay, Concepción del Uruguay y Gualeguaychú. De acuerdo al armisticio del 20 de octubre de 1811 esos pueblos quedaron bajo el gobierno del virrey Elío, lo que provocó la reacción de sus habitantes.

La Revolución se internacionaliza

Hacia 1810, el área meridional de Misiones se constituía como la más pujante de todo el conjunto. Además, había sido la menos afectada por el caos generalizado en el que habían caído los pueblos a partir de la expulsión de los jesuitas. Sus fértiles praderas posibilitaban una base económica agro-ganadera que permitía la subsistencia de esa región. Desde la última década del siglo XVIII se fueron asentando en el sudeste de la actual provincia de Corrientes y el nordeste de la de Entre Ríos, importantes hacendados criollos que se sumaron a los ya existentes de raza guaraní. Esa región, desde las épocas de Juan de San Martín, había adquirido importancia por constituirse en el tráfico comercial de los productos misioneros a Buenos Aires. El contacto en límites poco claros con hacendados curuzucuateños que paulatinamente iban ocupando efectivamente el espacio del sur de Corrientes, provocó enojosos conflictos jurisdiccionales que intentó dirimir Belgrano a su paso en la Expedición al Paraguay. Pero la economía de esa región, en paulatino crecimiento, quedó profundamente quebrada hacia finales del decenio de 1810. Las razzias portuguesas de 1811 La presencia de Belgrano en el Paraguay, motivó el acercamiento del gobernador de ese país, Bernardo de Velasco, –rebelado a la Revolución de Mayo– con el comandante de las Misiones Orientales en poder brasileño, Francisco das Chagas Santos. El gobierno paraguayo había alertado a Chagas acerca de la invasión de las fuerzas revolucionarias. Este contacto, de algún modo implicaba un pedido de auxilio frente a eventuales políticas agresivas de Buenos Aires contra el Paraguay. Desde 1807 la Corona portuguesa se había instalado en Rio de Janeiro. Su presencia en tierras sudamericanas dio nuevo impulso al plan de ampliación de las fronteras con las posesiones españolas, que tantos vaivenes habían sufrido desde el Tratado de Madrid de 1750. Y una razón política excusaba estos propósitos. Apresado Fernando VII y toda la familia borbónica española, la única integrante de la Casa de Borbón que permanecía libre del poderío napoleónico era Carlota Joaquina, esposa del Príncipe de Portugal, don Juan de Braganza y hermana de Fernando VII. La Corona portuguesa argumentaba que mientras Fernando estuviese preso, le correspondía a ella el gobierno de las posesiones españolas en América. Esta propaganda lusitana tuvo eco en muchos patriotas argentinos, aunque la verdadera intención haya sido la de la expansión del territorio brasileño sobre territorios platinos. La expedición de Belgrano al Paraguay motivó el despliegue de fuerzas militares portuguesas sobre la Banda Oriental y la mesopotamia argentina. Rocamora, preocupado, alertaba a Belgrano en enero de 1811 sobre el nucleamiento de esas fuerzas en Sao Borja, sede del Comando de Misiones. Ese mismo mes, llegaba a Montevideo con el título de Virrey del Rio de la Plata, don Francisco Javier de Elío, con el propósito de recuperar para España el territorio independizado en mayo de 1810. Pero la población rural de la Banda Oriental, muy diferente de la clase comercial de Montevideo, ligada a los intereses británicos en aquel puerto, rechazó la autoridad del nuevo virrey en febrero de 1811 en el suceso conocido en la historia como “el grito de Asencio”. Este hecho significó un virtual apoyo al movimiento independentista de Buenos Aires. Pocos meses después, el 11 de mayo de 1811, el caudillo oriental José Artigas derrotaba en el pasaje Las Piedras, al jefe realista, José Posadas, completando la reacción del campesinado oriental en contra del gobierno de Elío. A partir de allí, un ejército compuesto por misioneros y orientales puso sitio a Montevideo, mientras la flota bloqueaba los ríos, cercana al delta del Paraná. Esta situación determinó la intervención lusitana en los asuntos del Plata. Los asaltos luso-brasileños a las Misiones En una actitud contradictoria, mientras el comandante de la frontera de Portugal, Diego de Souza se ofrecía como mediador del conflicto entre Montevideo y Buenos Aires, bandas luso-brasileñas, lideradas por jefes milicianos riograndenses saqueaban y tomaban los pueblos meridionales de Misiones. La metodología utilizada por los salteadores y los precedentes de sus líderes se asemejaban mucho a los sucesos de 1801 que derivaron en el apoderamiento portugués de los Siete Pueblos. Incluso uno de ellos, Manuel dos Santos Pedroso, alias “Maneco”, había participado en aquel golpe de mano. El 9 de junio de 1811, el alcalde de Mandisoví, Pablo Areguatí, oriundo de San Miguel y futuro comandante militar de las Islas Malvinas en tiempos de Rivadavia, comunicaba preocupado a Belgrano que desde San Borja había partido “(...) un gran ejército de entre 4.000 y 5.000 hombres, por la cuchilla Grande hacia Montevideo”. Seguramente era el mismo cuerpo del que había sido advertido Belgrano por Rocamora. Un mes después, el 13 de julio, Pablo Areguatí informaba que los portugueses habían hecho un “saqueo general (...) hasta no perdonar la ropa de uso”. Esa banda ya había pasado por Yapeyú y apresado al comandante de aquel lugar. El comandante de Entre Ríos, don Miguel Díaz Vélez, minimizando el hecho sólo ordenó la instalación de un centenar de hombres en la frontera para pacificar la región. Consideraba Díaz Vélez que esas razzias no eran más que “andanzas de salteadores”. Para entonces, 1811, Portugal ya había extendido sus fronteras hasta el Cuareim. El asalto a las localidades de Belén y su vecina Mandisoví podía ser parte de una estrategia de expansión de las fronteras, aprovechando el caos político reinante. El ataque a la población de Belén estuvo comandado por Manuel dos Santos Pedroso. Desde allí, en julio de 1811, esas pequeñas fuerzas luso-brasileñas avanzaron sobre Salto Chico, apoderándose también de ese puerto. Afianzados en Mandisoví, las bandas se internaron hacia el centro de Corrientes, ocupando en septiembre la localidad de Curuzú Cuatiá, único pueblo fundado por el gobierno de esa provincia al sur de su jurisdicción y legalizado por Belgrano. Al mando de Antonio dos Santos, hermano de “Maneco”, estos grupos se conformaban en su mayoría por guaraní parlantes. Prácticamente todos eran gaúchos, habilísimos jinetes, excelentes ganaderos y con costumbres semejantes a la de los habitantes de la región que iban conquistando. Mientras ésto ocurría en la mesopotamia centro-oriental, el ejército pacificador de Diego de Souza llegaba a Maldonado amenazando a las fuerzas que sitiaban Montevideo. Frente a la presencia del ejército portugués, muy superior en número a los grupos que sitiaban Montevideo, entre los que estaban los 400 guaraníes que había llevado Belgrano desde Yapeyú (incluído Andresito Artigas), se firmó el Armisticio del 20 de octubre de 1811. Elío quedaba como autoridad absoluta de la Banda Oriental y de las villas entrerrianas fundadas por Rocamora y Buenos Aires se comprometía a retirar sus fuerzas de Montevideo. Esto dio lugar al famoso Éxodo Oriental, comandado por José Artigas¸hacia un punto neutral, Salto Chico, perteneciente a las Misiones. Mientras los pueblos del sur misionero sufrían los embates de los lusitanos, las incursiones portuguesas también se hacían sentir en las localidades septentrionales. La Cruz fue atacada el 13 de octubre, San José el 19 del mismo mes y Santo Tomé, el 2 de noviembre, varios días después de firmado el Armisticio. El subdelegado de Concepción, don Celedonio del Castillo se apresuró en defender los pueblos misioneros frente a la invasión lusitana, concentrando sus fuerzas en San Carlos y Mártires. La “cuestión Candelaria” aún no estaba resuelta, por lo que, frente a un pedido de ayuda de Del Castillo al subdelegado de Itapúa, don Vicente Matiauda, éste contestó que: “Ud. queda independiente de esta provincia, y por eso mismo debe suspender toda espectación que hasta el presente huviera tenido aquí”. Evidentemente el Paraguay no tenía intenciones de mezclarse en los asuntos entre lusitanos y rioplatenses. Estaba madurando su propia independencia. Los pueblos fronterizos de Yapeyú, La Cruz y Santo Tomé, ante los reiterados anuncios de una gran invasión luso-brasileña a su territorio, emigraron hacia San José. Después del armisticio de octubre de 1811, los luso-brasileños fueron expulsados por la fuerza del territorio correntino-misionero. Curuzú Cuatiá fue recuperada por las fuerzas correntinas de José Ignacio Añasco. Mandisoví, en tanto, recuperó su libertad el 29 de noviembre de 1811 por las mismas fuerzas. Con esto se terminaba el plan lusitano que consistía en proteger el flanco derecho de la columna principal que comandaba Diego de Souza. Además franqueaba el camino y la segura comunicación en el tramo navegable del río Uruguay, desde Mandisoví al sur. En definitiva, la operación invasora portuguesa de 1811 consistió en un programado acto de beligerancia contra el litoral argentino y la Banda Oriental. Una lucha en común contra los portugueses Las incursiones lusitanas al territorio mesopotámico en 1811 y 1812, si bien tienen una secuencia cronológica, difieren en sus causas. Las primeras significaron una franca hostilidad contra el régimen creado en Buenos Aires, las otras tuvieron como objetivo la oposición a Artigas y su Confederación Oriental del Paraná. Al momento de ser designado José Artigas como Comandante general de Misiones, esta provincia se regía por la autoridad de dos subdelegados, Celedonio del Castillo, quien, con sede en San José ejercía el gobierno sobre el departamento Concepción que abarcaba los pueblos de Concepción, Santa María, Apóstoles, Mártires, San Carlos y San José, y Bernardo Pérez Planes, quien, como subdelegado del departamento Yapeyú gobernaba La Cruz, Santo Tomé y otras capillas menores. Además, el punto de reunión de los orientales del Éxodo, Salto Chico, junto con Mandisoví, dependían también del departamento de Yapeyú, según lo estipulado por Belgrano. Esa era la realidad encontrada por Artigas al hacerse cargo de Misiones. Su plan de gobierno se centró, por ello, en dos cuestiones básicas: el ordenamiento político-institucional del territorio y la defensa del mismo frente a las nuevas invasiones portuguesas. Este último propósito tenía un alcance aún mayor: la recuperación de las misiones orientales. Para el logro del primer objetivo, Artigas se reservó las facultades políticas del gobierno, creando el cargo de comandante militar que recayó en Blas Basualdo primero y en Andrés Artigas, luego. Tanto uno como otro eran líderes guaraníes muy respetados por sus congéneres, lo que evitaba toda posible insurrección de los gobernados a su autoridad. El Protectorado de Artigas fue la causa que motivó la segunda invasión portuguesa. La actitud del Paraguay en esa oportunidad varió radicalmente. Su realidad, a principios de 1812, era diametralmente opuesta a la del año anterior. Por un lado necesitaba aunar esfuerzos para la defensa de Candelaria, punto que, situado en la frontera con los dominios portugueses era fácilmente vulnerable. Por otro lado, su actitud revolucionaria ubicaba al Paraguay en la misma posición que su par de Buenos Aires. Por ello, en este caso, el problema portugués también incumbía a aquel gobierno. Uno y otro motivo impulsaron al Paraguay a combatir junto con Corrientes y Misiones en contra de la invasión lusitana. A mediados de diciembre de 1811, desde el Daymán, en territorio oriental, Artigas pedía al gobierno paraguayo colaboración en su empresa, pues “estas operaciones (de los portugueses) se toman como una alteración del tratado por parte del Portugués. Es fácil de comprehender la utilidad recíproca que resultaría de un Plan combinado de operaciones entre este ejercito (6.000 hombres y 3.000 fusiles) y las tropas del Paraguay que podrían obrar unidas asegurando una acción completa (...) los vecinos orientales se consideran unos con los Paraguayos en todas sus relaciones”. El 9 de enero de 1812, la Junta paraguaya aprobaba el plan de Artigas detallando en la misma comunicación la situación de sus fronteras. La nota indicaba que, “esta Provincia se halla circunvalada de Portugueses: hacia el Norte tiene esta potencia los Fuertes de Coimbra y Miranda junto a nuestra poblacion de Concepción. Ahora poco después de la revolucion se han introducido a fixar un pequeño fortín en las inmediaciones del nuestro de San Carlos en el río Apa (...) por ello ha entrado no menos en nuestro plan deliberativo sostenernos por el Punto del Paraná y Uruguay (...) El Paraguay con los ilustres invencibles Guerreros de la Banda Oriental, levantarán Padrón sobre el firmamento que haga inmortal la memoria de ambos pueblos (...) En prueba de nuestra alianza, despachamos al Capitan Graduado Don Francisco Bartolomé Laguardia con el pronto socorro de cincuenta simones de Yerva mate y otros tantos de tavaco. Este oficial debera oir de voca de V.S. el plan que se haya de concertar y poner en execucion contra los Portugueses”. En abril del mismo año también el Paraguay formalizó una alianza defensiva con Corrientes, “en obsequio de la causa común que nos hemos propuesto”. En síntesis, las invasiones portuguesas de 1812 encontraron un territorio unido en pro de una causa común. Correntinos, paraguayos, misioneros y orientales, bajo el liderazgo de Artigas, a partir de mayo de aquel año, frenaron el propósito portugués apenas iniciado el mismo. Cuatro frentes geográficamente distantes debieron proteger los aliados. Desde el Daymán, Artigas ordenaba la defensa del nordeste oriental frenando la arremetida portuguesa en Itabebuy, a principios de mayo. En Yapeyú, un ejército de 400 hombres al mando de Bernardo Pérez Planes defendía esa frontera. Por su parte, en Santo Tomé, una pequeña fuerza era comandada por el antiguo gobernador de Misiones, don Elías Galván. Ambos puntos fueron salvados exitosamente el 4 de mayo. El gobierno paraguayo, en tanto, fortaleció los dos puntos meridionales de su frontera. En el sudeste, en Candelaria, concentró cerca de 600 hombres, construyendo allí un precario fortín para concentrar esos efectivos. En el otro extremo, en las orillas del río Paraguay, instaló dos baterías en las inmediaciones de Humaitá con el objeto de frenar el avance de buques de Montevideo que pretendían sitiar Asunción. Este plan, dado a conocer a Artigas, indicaba también que “(...) no sólo debemos concretar nuestra atencion a dichos puntos sino tambien a Corrientes, con las tropas armadas que les hemos ofrecido y preparado para defender por tierra y por el río su Ciudad y su territorio”. Firmado el armisticio entre el Triunvirato y el general Rademaker el 24 de mayo de 1812, las fuerzas portuguesas evacuaron el territorio oriental, dejando de presionar al mismo tiempo el área fronteriza de Misiones. El Paraguay aprovechó estas circunstancias para efectivizar el poblamiento militar en Candelaria, lo que incidió en su posterior actitud frente a la misión Herrera. Artigas, en tanto, vadeó el Uruguay y consolidó su campamento en el Salto Chico, desde donde comenzó a proyectar un ordenamiento del estado misionero que desde entonces debía comenzar a gobernar. Consecuencias de las invasiones portuguesas Las invasiones de los luso-brasileños, que protegieron el sitio de Montevideo en las fronteras argentinas, se desarrollaron en un área que abarcaba desde Curuzú Cuatiá, en el centro correntino, hasta Arroyo de la China (actual Concepción del Uruguay), de norte a sur, y desde Caballú Cuatiá (La Paz) hasta Mandisoví, desde el Paraná hasta el Uruguay. Esa región había empezado a prosperar económicamente a partir de la liberación del régimen comunitario en los pueblos misioneros. Especialmente aquellos que habían sido fundados por Juan de San Martín, donde hacendados particulares, blancos y guaraníes explotaban las ricas praderas que habitaban. Contratos de arrendamiento otorgados por el cabildo de Yapeyú legalizaban la presencia de terratenientes y comerciantes españoles en la región. Pero la gran extensión de tierras fértiles y la presencia de ganado en las rinconadas de los arroyos, atraían grupos de guaraníes hambrientos de la región septentrional. Junto con ellos convivían, sin autoridad ni leyes que normatizaran sus actividades, gaúchos emigrados de la Banda Oriental, perseguidos por los efectivos de blandengues de aquel territorio. Estos grupos fueron fácilmente atraídos por los invasores luso-brasileños, colaborando con aquellas fuerzas irregulares en la causa. Las fuerzas riograndenses pretendían repetir la acción llevada a cabo diez años atrás en oportunidad de la reconquista de los Siete Pueblos, utilizando similar metodología. Pero el temor que despertaron esas razzias en la población, impidió un sometimiento definitivo ante los invasores, a pesar de haberse radicado aquellos gran parte del año 1811 en los pueblos mesopotámicos. No obstante, en lo estrictamente militar, esas operaciones significaron un éxito para los luso-brasileños, porque impidieron todo intento de defensa de los invadidos y perturbaron las comunicaciones entre las provincias litoraleñas. Por otra parte evitaron el apoyo logístico al ejército sitiador de Montevideo. Pero el sentimiento antiportugués se había arraigado fuertemente en los pobladores de la mesopotamia centro-oriental. Ello explica la historia que acontecerá en la región a partir de entonces.

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Bibliografía
Fuentes documentales

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