Domingo 31 de Julio de 2011

La Herencia Misionera

"...cristiano viejo, limpio de toda mala raza ... de muy honrada y limpia familia ... no tuvo ni ejerció oficios viles, sino aquellos correspondientes a su distinguido nacimiento..."

Los Tramos
del Río Uruguay

Posee dos tramos bien diferenciados. Navegables ambos, se separan por un curso medio que interrumpe la libre vinculación entre ellos. 
El Alto Uruguay, entre los saltos del Moconá y la actual ciudad de Monte Caseros, constituyó el eje principal del comercio entre las reducciones erigidas en sus riberas. Al sur de aquel pueblo, existe una ruptura de pendiente sobre basalto, que produce un descenso del río de 35 metros en 175 kilómetros. Allí se producen las correderas de Salto Grande y Salto Chico. Desde allí, el río vuelve a ser navegable. La fuerza que produce este fenómeno geográfico fue aprovechada para construír la represa que lleva el nombre de Salto Grande.

Inmaculada de la Concordia
Talla de origen jesuítico. Fue enviada desde Yapeyú por don Juan de San Martín para entronizar la capilla erigida en Mandisoví (actual ciudad de Federación). Preside la Iglesia principal en esta ciudad y, por decisión de Juan Pablo II se la ha nombrado como Patrona de la Diócesis de Concordia.


La Honestidad Administrativa de Don Juan

En toda la historia de los pueblos misioneros postjesuíticos, pocos funcionarios hubo como don Juan de San Martín que no se enredaran en cuentas ni fueran burlados. Cientos de ejemplos avalan su prolija administración. Vaya el siguiente caso como ejemplo. El cura de La Cruz, que se hallaba en el departamento de Yapeyú, de donde dependía administrativamente se había retirado sin hacer el obligatorio inventario de los bienes de la comunidad. Don Juan reclamó ante el Obispo. El religioso debió regresar, hacer detallada entrega inventariada y recién entonces San Martín se sintió satisfecho y agradeció sus servicios. Tenía el padre del Libertador muy en claro como autoridad, la separación de los bienes propios y los que pertenecían a la comunidad que le tocaba en suerte gobernar. Después de administrar rentas cuantiosas y vigilar millonarios capitales, Juan de San Martín regresó a su España natal con el grado de Capitán, llevando en sus alforjas la suma de $1500 oro, producto de los ahorros logrados después de 38 años de servicios continuados en las fuerzas armadas y en la administración pública. Con ese dinero apenas le alcanzó para adquirir una casa en Málaga.

Urna funeraria que contiene los restos de Juan de San Martín y Gregoria Matorras. Los restos del matrimonio San Martín, que descansaron hasta 1947 en la Iglesia de Santiago en España, fueron trasladados ese año al cementerio de la Recoleta en Buenos Aires. Por decisión presidencial, desde el año último, 1998, las urnas están depositadas en el Templete que honra la memoria del Libertador, en Yapeyú.

Los Indómitos Charrúas y Minuanes
Una de las principales tareas de don Juan de San Martín durante su administración en Yapeyú, fue la de defender sus estancias de las tropelías de los charrúas y minuanes. Estos aborígenes habitaban una amplia zona que comprendía al sur de los ríos Ibicuí y Jacuí, el actual territorio de la Banda Oriental y la provincia de Entre Ríos. Nómades por excelencia, los jesuitas fracasaron en su intento por evangelizarlos. Eternos rivales de los guaraníes, tenían la ventaja del uso del caballo lo que los hacía expertos jinetes. Muchos de ellos se aliaron a los luso-brasileños en sus luchas contra las fuerzas españolas.

Lápida de la tumba de Juan de San Martín en Málaga. Llegó al país junto con los restos de éste y de su esposa en 1947.

La Viruela en Yapeyú

Uno de los más graves flagelos de los pueblos guaraníticos fueron las epidemias, fundamentalmente la viruela. En Yapeyú, en 1770 morían diariamente 50 indios en el mes de febrero, entre 80 y 90 entre marzo y abril, llegando meses mas adelante a contabilizarse hasta 350 muertes, según una “Relación” obrante en el Archivo General de la Nación, enviada al gobernador Bucarelli desde ese pueblo.


El Bergantín de Yapeyú

Con el objeto de facilitar el comercio entre las Misiones y Buenos Aires, de acuerdo a las Ordenanzas del gobernador Francisco de Bucarelli, que propendían a la monetización de los excedentes de los pueblos, embarcaciones de quilla suplantaron a las balsas que se utilizaban para ese tráfico fluvial en la época jesuítica.
La “ruta al Salto” (desde Yapeyú hasta Salto Chico), existente ya en tiempos jesuíticos, se robusteció después de la expulsión de la Compañía. Yapeyú, además de ser el único pueblo que tuvo beneficios ante la Administración General de Buenos Aires, poseyó una flotilla propia para el transporte fluvial. El barco que más se destacaba era un bergantín con 12 tripulantes que llegó a navegar hasta Rio de Janeiro en 1782: el “Santos Reyes”. Para su mantenimiento el pueblo había contratado un carpintero de ribera. Era don Cristian Federik, a quien en el convenio se le exigía la enseñanza de su oficio a los naturales del pueblo.

Cédula Real firmada por Carlos III y refrendada por el virrey José de Vértiz, designando a Juan de San Martín como capitán de infantería y ayudante mayor de la Asamblea de Infantería de Buenos Aires.

El Yapeyú de don Juan de San Martín

La fama de Yapeyú se debe sin dudas al hecho de haber sido la cuna del gran Libertador de América. Sin embargo, ello ha eclipsado la historia propia de la comunidad guaranítica de Yapeyú, que llegó a ser uno de los pueblos más importantes del conjunto jesuítico y, por otro lado ha olvidado la gran obra del padre del Libertador, don Juan de San Martín, teniente de gobernador del departamento de Yapeyú.
Juan de San Martín arribó a aquella comunidad guaranítica en 1775 con el cargo de Ayudante Mayor de la Asamblea de Infantería de Buenos Aires. Lo acompañaban doña Gregoria Matorras y sus tres hijos: María Elena, Manuel Tadeo y Juan Fermín, nacidos en la Banda Oriental, donde don Juan ejerciera la administración de la estancia de Las Vacas, cerca de Colonia, que había pertenecido a la Compañía de Jesús. 
La ceremonia de su arribo a Yapeyú está muy claramente descripta en un informe del cabildo yapeyuano, encargado de recibir al nuevo Teniente de Gobernador. Dice allí que acompañados San Martín y su familia por los capitulares yapeyuanos, traspusieron las “treintinueve hileras de casas” hasta la Plaza Mayor donde lo esperaba con su uniforme de gala encarnado, azul y blanco, el Corregidor don Benito Tañuirá. Ante el Cabildo presentó don Juan sus despachos oficiales que acreditaban su mando y recibió la bienvenida por parte de los asistentes, en riguroso orden de jerarquía.
Yapeyú era la llave de ingreso a las Misiones. Era el pueblo más meridional del conjunto de los treinta pueblos. Poseía una excelente posición estratégica y una gran riqueza económica por la producción de ganado en sus fértiles tierras. Era el pueblo más prolífico en estancias y en número de semovientes. Sus extensas unidades de producción llegaban hasta bien entrado el Rio Grande y el centro de la Banda Oriental. Había sido uno de los pueblos más pujantes en la época jesuítica. 
Las propiedades de este pueblo limitaban con los ríos Ibicuy, Ibirapitá, Tacuarembó, Negro y Uruguay. No había población estable allí. Sólo los puestos de estancias, encargados de vigilar la hacienda cimarrona. Surtía Yapeyú al resto de los pueblos jesuíticos de las reses necesarias. Cerca de estas estancias, vivían los infieles minuanes y charrúas, que hostilizaban permanentemente las estancias jesuíticas, en alianza con los vecinos portugueses, con quienes mantenían estrechas relaciones. Estos aborígenes poseían el caballo como principal elemento para sus pillerías y, a pesar del intento de los jesuitas, se negaron a la cristianización, continuando durante todo el período de trabajo misional de la Compañía, fieles a sus costumbres ancestrales de nomadismo.

Antecedentes biográficos y administrativos 
Juan de San Martín había nacido en Cervatos de la Cueza, Palencia, España. Era hijo de Andrés de San Martín e Isidora Gómez, familia de clase media campesina. A los 18 años se enroló en el ejército español, en 1746, participando en acciones militares en el norte de África. Su primer foja de servicios lo define como un “...hombre de estatura baja, cabello castaño claro y ojos garzos...”, es decir azulados.
Estuvo en Melilla, África durante 17 años, en épocas pacíficas. No obstante, por sus méritos fue incorporado a la planta oficial, cosa poco frecuente en aquellos tiempos. Había sido previamente Cabo, Sargento y Sargento 1º. Inmediatamente después de esa designación, fue destinado a Buenos Aires como instructor de milicias durante la administación de don Pedro de Cevallos, en difíciles momentos en las relaciones hispano-portuguesas. Había finalizado recientemente la Guerra de los Siete Años, pero se descontaba la continuidad del conflicto en la región rioplatense.
Al momento de la expulsión de los jesuitas se lo envió, como se ha dicho, como administrador de una gran estancia de la Compañía de Jesús en la Banda Oriental, la estancia de Las Vacas o estancia de Las Huérfanas. Ocupando ese cargo conoció, en uno de sus tantos viajes a Buenos Aires, a una joven, Gregoria Matorras, que había llegado con la comitiva del nuevo gobernador de Tucumán, Jerónimo Luis de Matorras, familiar de ésta. Se casaron el 1° de octubre de 1770, siendo representado el novio en la ceremonia por estar cumpliendo sus funciones de administrador.
En Las Vacas nacieron los tres primeros hijos de Juan y Gregoria. Sobre su actuación, existe un documento del Obispo de Buenos Aires, Monseñor de la Torre, quien en 1770, decía: “perseveran los hornos de cal y ladrillo en la dicha estancia de Las Vacas, mediante la especial económica aplicación de un don Juan de San Martín, oficial de la Asamblea... de quien se dice haber excedido a los Padres Jesuitas en la economía”.
El Síndico encargado de revisar las cuentas de la mencionada estancia, en tanto, informaba que “... se reconoce la pureza, celo y desinterés con que la ha administrado, dándole unos aumentos y beneficios considerables, que sólo podían esperarse de un oficial como éste, que no ha perdonado fatiga, ni trabajo… para llenar mejor el exacto cumplimiento de la comisión que se le había conferido...”.


 La ruta al Salto, fundada en 1769 para el comercio entre las Misiones
 y Buenos Aires, fue revitalizada mediante la acción de don Juan de
 San Martín, a partir de 1777, siendo éste Teniente de Gobernador de
 Yapeyú. Para ello fundó cuatro grandes establecimientos pecuarios
 comunitarios, que sirvieron como postas en la ruta comercial. Con el
 tiempo se fueron asentando productores guaraníes y criollos.

En los siete años que había estado al frente de la Estancia y Calera de Las Vacas, había producido una renta bruta de 197.000 pesos plata, que era una suma enorme para la época. El excedente de todos los pueblos misioneros entre 1768 y 1772 –a modo de comparación– fue de 102.500 pesos plata. Ello valida la eficiente conducción de un hombre honesto como lo era don Juan de San Martín.
De modo que la designación hecha por el virrey Vértiz estaba sentada en los intachables antecedentes de este oficial español.

Miseria y desconsuelo en Yapeyú
Al momento de llegado San Martín, la comunidad se hallaba sumida en una grave epidemia de viruela, que había afectado sensiblemente el número de habitantes. Entre 1770 y 1772, de tener 8000 habitantes pasó a poseer sólo 3322 en 1775, cuando don Juan se hizo cargo de la administración de Yapeyú.
Yapeyú era el nexo obligado entre las misiones y Buenos Aires. Era, además, la segunda línea defensiva de la frontera entre España y Portugal en momentos de graves y tensas relaciones entre ambas Coronas.
Por todo ello, el cargo delegado a San Martín había sido muy bien meditado por las autoridades virreinales.
El departamento de Yapeyú comprendía cuatro pueblos. Su capital, La Cruz, Santo Tomé y San Francisco de Borja. La población total del departamento era de 11.172 habitantes en 1775. Esta cifra era sensiblemente menor a la de la época jesuítica, por la ya mencionada epidemia de viruela. 
Al poco tiempo de cumplir funciones en Yapeyú, se inició un conflicto hispano-portugués en la frontera oriental del departamento de San Miguel, la cual era hostilizada por los portugueses, en afán expansionista, aliados con charrúas y minuanes. Don Juan debió trasladarse a San Borja para organizar la defensa, aunque esas acciones nunca pasaron de simples escaramuzas en la región fronteriza. Allí permaneció casi todo el año 1777. A fines de diciembre regresa a Yapeyú, donde nace poco tiempo después, en febrero, José Francisco, su cuarto hijo.
En el año que estuvo en San Borja, instruyó con notable éxito a los soldados guaraníes en la infantería. Eficientes soldados y oficiales yapeyuanos, muchos de ellos entrenados militarmente por don Juan, participaron en decisivas batallas contra los ingleses en Montevideo, en 1807, donde estuvo Andresito y fue conocido por Artigas. Incluso, probablemente muchos oficiales de las campañas de José de San Martín hayan recibido instrucción militar por parte de don Juan.


 San Antonio del Salto Chico, actual ciudad de Concordia. Fue
 edificado en 1757 como un fuerte, por el gobernador Pedro de
 Cevallos como apoyo logístico para aprovisionar al ejército instalado
 en las Misiones Orientales, durante la Guerra Guaranítica.
 Abandonado con el fin de esa guerra, se restauró como puerto en
 1768. Fue punto de embarque y desembarco, de la ruta oriental de la
 yerba –por ser éste el principal producto de comercio– que dio a
 Yapeyú una notable pujanza y convirtió a Salto Chico en el primer
 núcleo urbano de la región entrerriana del Uruguay. Las
 embarcaciones de quilla reemplazaron a las balsas y carretas de
 gran porte abrieron nuevos caminos hacia la capital del Plata.

La reapertura del comercio desde Yapeyú 
La obra más perdurable de don Juan de San Martín como Teniente de Gobernador de Yapeyú fue la colonización de los baldíos campos ubicados entre los ríos Miriñay, hasta entonces límite meridional de las Misiones y el Yeruá, un poco al sur de la actual ciudad de Concordia. La “ruta al Salto”, como se denominaba a este trayecto, había sido fundada como resultado de las Ordenanzas de Bucarelli, que habían dispuesto, en el aspecto comercial, la monetización de los excedentes de producción de los pueblos guaraníticos. El producto más importante era la yerba mate y en menor medida el algodón, tabaco, grasas y cueros.
En 1769 desde Buenos Aires se decidió adoptar la ruta del Uruguay, por ser más cómoda y directa, para el envío de los productos de Misiones. El Paraná, quedaba para uso exclusivo de los pueblos ubicados en el Paraguay.
En este nuevo esquema de apertura del comercio misionero, los productos debían enviarse por tierra o por agua hasta Yapeyú. Allí se los almacenaba para enviarlos al pequeño puerto de Salto Chico, en las cercanías de la actual ciudad de Concordia. 
Pero el entusiasmo inicial se apagó debido a la grave epidemia de viruela, que diezmó la población yapeyuana y, en menor medida la de otros pueblos. Quedó así interrumpido este tráfico comercial hasta la llegada de Juan de San Martín.
A principios de 1776, don Juan decidió inspeccionar el estado en que habían quedado las estancias yapeyuanas en territorio oriental, después de la peste. Los puestos se hallaban casi totalmente abandonados y el ganado cimarrón se había arrinconado en las márgenes de los ríos Negro y Yí, siendo ilegalmente explotado por estancieros particulares montevideanos.
En aquella inspección llegó don Juan hasta Paysandú, pequeño caserío ya existente, pero al que más tarde San Martín haría florecer como importante puerto comercial. En febrero de 1776, frente a una disputa por las estancias yapeyuanas de la Banda Oriental con un particular –Martínez de Haedo– que se había apropiado ilegalmente de tierras de la comunidad guaranítica, don Juan legalizó la existencia de Paysandú, dentro de la jurisdicción de Misiones. El pequeño pueblo quedó bajo el amparo de una empalizada de palo a pique, con bastiones y cañones. Se edificaron allí pulpería, almacenes y una capilla modestamente ornamentada.
En el viaje pudo apreciar el abandono en que había caído la “ruta al Salto”.
Con la autorización de la Administración Central en Buenos Aires, Juan de San Martín fundó cuatro grandes estancias comunitarias para crianza de ganado de rodeo. La Merced (hoy Monte Caseros), San Gregorio (cerca de Mocoretá), Concepción de Mandisoví (Federación) y Jesús del Yeruá (un poco al sur de Concordia), fueron pobladas por animales comprados a un importante criador del sur de Entre Ríos. Los inventarios de 1780 demuestran que la más importante fue la de Mandisoví donde se contabilizaron 18.339 cabezas de ganado vacuno, 4764 terneros, 100 yeguas de cría y otros animales. Tenía además la estancia una capilla donde se veneraba una imagen de Nuestra Señora de la Inmaculada Concepción. Es la misma a la que hoy se rinde culto en Federación y que por decisión pontificia se ha constituido en la Patrona de la Diócesis de Concordia.


 Yapeyú, según una original vista aérea realizada por Vicente Nadal
 Mora. La casa que se le asignó a la familia del Tte. de Gobernador
 San Martín es la señalada, de acuerdo con la documentación
 existente.

Estas estancias comunitarias, sirvieron además como postas en el “camino real” de Yapeyú a San Antonio del Salto Chico, como pasó a denominarse el puerto. Alrededor de esas grandes estancias comunitarias se fundaron pequeñas unidades productivas de particulares guaraníes. El abambaé, propiciado por las autoridades virreinales para sacar a los guaraníes del régimen comuntario. Las mismas también muy pronto atrajeron a estancieros españoles que poblaron estancias cercanas a aquellas.
Al mismo tiempo, San Antonio del Salto Chico posibilitó la instalación de una carrera regular de navegación hasta el Riachuelo, en Buenos Aires. Para ello contaban con tres embarcaciones de propiedad yapeyuana, con patrón español y tripulantes guaraníes. Dos goletas, “Nuestra Señora de Dolores” y “San Juan Bautista” y un bergantín, de mayor porte, “Nuestra Señora de los Santos Reyes” navegaban el Uruguay conectando las Misiones con Buenos Aires. Muchas veces esas embarcaciones recalaban en Paysandú, que también comenzó a tener cierta relevancia.
En pocos años, apenas un lustro, entre 1778 y 1782, esa región quedó efectivamente poblada. Juan de San Martín fue un verdadero impulsor del desarrollo de esa región.
A partir de la fundación de estas estancias, capillas y puertos se intensificó el intercambio comercial de los excedentes de los productos misioneros con Buenos Aires. Esos productos eran monetizados allí, con lo que se compraban las cosas necesarias para la subsistencia de los pueblos. La región sudeste de Corrientes y nordeste de Entre Ríos fue así efectivamente poblada y urbanizada a partir de la acción de don Juan de San Martín. La frontera misionera, en tanto, se trasladó desde el Miriñay hasta el Yeruá.
Después de cinco años, don Juan de San Martín entregó el mando de Yapeyú en el teniente don Francisco de Ulibarri. Había cumplido una labor que ningún otro gobernante desarrolló jamás en ese departamento. Esta comunidad había recuperado su opulencia. Eran grandes sus créditos en la Administración Central. Las estancias de la comunidad se hallaban bien pobladas y progresaban notablemente las tierras particulares de los guaraníes, como así la ruta comercial al Salto Chico. A la corriente pobladora guaraní se le sumó otra proveniente del sur. Españoles y criollos empezaron a formar establecimientos de verdadera significación económica en el nordeste entrerriano mientras ganaderos correntinos poblaban el sur de esa provincia, en tierras cercanas a las de los naturales guaraníes, lo que provocó con el tiempo conflictos de jurisdicción entre Misiones y Corrientes.

Existencias de Yapeyú hacia 1784
Una cabal demostración de la recuperación de Yapeyú bajo la administración de Don Juan lo constituye un inventario que, hacia 1784, realizaba el Cabildo de esa localidad en cuanto a sus existencias económicas. Indica allí:

“18 estancias y 25 puestos: aquellos con sus respectivas Capillas; todos con sus ranchos para el reparo de la gente que reside en ellos, encargada de las haciendas que tenemos de su cuidado.
Un bergantín y dos barcos, destinados al transporte de las haciendas que por esta vía remiten algunos Pueblos del Uruguay a la Administración General, como para conducir del Puesto del Salto los efectos.
Dos champanes (pequeñas embarcaciones para la navegación fluvial) y dos botes dedicados para el tráfico del Pueblo.
Cuarenta carretas y dos carretones para transportar las haciendas que se consignan en la Administración General, al Puerto del Salto.
…pagamos con el subsidio que nos producen estos bienes, los Reales Tributos de S.M., y compramos algodón, tabaco, yerba, miel, azúcar, maderas y otros menesteres para nuestra subsistencia…”

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Bibliografía
Fuentes documentales

Los Autores
Agradecimientos
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