Escritores enfrentados III

Sábado 14 de julio de 2018
Cuando Fulano señala a Mengano, no lo está condenando. Aún cabe esperar una respuesta suya, un descargo.
Pero Mengano hiberna en estado de reposo, su silencio no representa ni sí ni no, ni para Fulano ni para nadie y como el ñandú, no ha ganado tiempo. El dedo que señala no prescribe, así pasen 40 años.
Mengano sólo ha generado incertidumbre, que con el correr de los días muta a Declaratoria de estado de rebeldía y termina metamorfoseándose elocuentemente en Aceptación de los cargos formulados.
No sucede en las novelas, sí en la vida real: si pido un préstamo al banco y me lo niegan (me señalan) porque mi nombre aparece sin causa en el Veraz. Me dicen: “vaya, límpielo y vuelva”. Entonces voy, conmino al supuesto acreedor que aclare bien el fato, quedo libre de culpa y cargo, me limpian el Veraz. Y listo el pollo.
Si en el “Veraz” de Informantes Civiles del Batallón 601 figura mi nombre y yo no tuve nada que ver con los dictadores, voy, le exijo fehacientemente a Dios y a María Santísima que lo borren. No es moco e´ pavo esa Lista: no son aquellas juveniles amonestaciones de la secundaria, ni préstamo bancario, ni las tarjetas amarillas por raspones del potrero; entre 1976 y 1983 hubo torturados y desaparecidos. No existe mayor impugnación de indulto en Argentina que el haber colaborado con la dictadura y ningún ex-informante tiene fueros por ser poeta; sus versos dejan de ser genuinos hasta que “limpie su Veraz”.
La poesía no se mancha. Cada día que pasa importa menos que Marcelo Moreyra devuelva el premio Andresito porque una Asamblea se lo exija; es una nimiedad. Importan antes la verdad, y que la Cámara de Representantes de Misiones (adherente del evento) aclare públicamente su participación en este affaire, y que lo haga la Unión Cultural del Libro (coorganizador).
La Sadem (organizador), está visto, ya fijó su posición indolente.     

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