Bautismo de título

Domingo 22 de abril de 2018
Mateando con Mando a orillas del Paraná. El lector podrá titular esta obra como le guste; yo lo llamo así porque es como si de verdad mateara a la distancia con Mandové. Incluso él mismo lo habrá llamado de otro modo a la hora de concebirlo (bajo otras circunstancias o como una profecía) pero se sabe, las cosas van cambiando en estos paisajes y en cada cambio le vamos ajustando el bautismo.
Ahí está, posando como el paisano que vemos, y que habrá nacido en ese rancho ribereño, que aún de viejo sigue manteniendo su solitaria costumbre de matear a orillas del río apenas acompañado de un cuzquito que de tan manso, ya no asusta a las gallinas.
No digo la banqueta, pero los troncos que marcan el sendero al rancho deben andar por la quinta inundación, y de la última han quedado esos yuyos vistosos recostándose sobre el agua que llega, les canta una serenata, y se va.
Quizá sean sus hijos aquellos dos pescadores del botecito anclado que buscan la presa de fondo con tensa línea y plomada.
A lo lejos, otro mundo en cuyas orillas espejadas un veterano andará por la misma ruta del tiempo.
Al nuestro, hombre tinta china y pava negra al pie, por lo pronto le ha gustado la yerba, porque, o no nos vio, o no convida. No nos vio. Mandové no era descortés, debajo del sombrero, entre arruga y bigote puede intuirse un álbum de recuerdos en su mirada náufraga; algunos de la infancia y la chipa, otros de la juventud y el monte, estos de la guaina y la soledad. La mirada de este hombre se parece al río.  Mandové nos dejó estas historias. Aparecían acá mismo, la última hace once años: en febrero del 2007 nació el mito. "Extrañamiento" podría ser otro título apropiado.

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